Un mes después de la firma en Davos, Suiza, de la Carta de la Junta de la Paz , Donald Trump ha invitado a todos sus miembros a la reunión inaugural en Washington D. C.
Se espera que la agenda del jueves, 19 de febrero de 2026, se centre en el futuro de la Franja de Gaza más allá del frágil alto al fuego actual entre Hamás e Israel.
Un punto clave es la recaudación de fondos para la reconstrucción de Gaza y la prestación de ayuda humanitaria. Trump ya anunció que los miembros de la Junta prometieron 5.000 millones de dólares.
De los al menos 60 países invitados a la Junta, 27 han aceptado hasta ahora la invitación. Bulgaria, Hungría, Albania y Kosovo son los únicos países europeos adheridos. Italia, Chipre, Grecia y Rumania, así como la Unión Europea, decidieron unirse como observadores, sin participar en la toma de decisiones.
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, fue invitada, pero enviará a Dubravka Šuica, comisaria europea para el Mediterráneo. Según un portavoz, la UE tiene varias preguntas sobre algunas partes del estatuto de la Junta. Muchos países han rechazado la invitación por cuestiones parecidas.
Francia ha expresado preocupación por que la Junta de Paz exceda la autoridad de Naciones Unidas. El organismo fue aprobado en noviembre de 2025 por el Consejo de Seguridad de la ONU, con el único mandato de promover la paz en Gaza.
“Creo que muchos miembros de la ONU estaban horrorizados por la guerra en Gaza y querían detenerla por cualquier medio”, dice a DW Max Rodenbeck, director de proyectos sobre Israel y Palestina en Crisis Group. Estados Unidos prometía eficacia por sus estrechos vínculos con Israel.
A posteriori, Trump no ha dicho que quiera que la Junta trascienda competencias de la ONU, pero sí que su objetivo es impulsar la “paz mundial”, que es, precisamente, según la Carta de Naciones Unidas, la misión de su Consejo de Seguridad.
La carta fundacional de la Junta de Paz de Trump no menciona Gaza en absoluto, sino que enfatiza su ambición global de resolver conflictos.
Jason Isaacson, del Comité Judío Americano, comenta a DW que apoya las ambiciones de la Junta más allá de Gaza, siempre que conduzcan a una reducción de los conflictos: “Tal vez se lograría un éxito mayor del que hemos visto en otros modelos de resolución de conflictos en los que hemos confiado y con los que a veces nos hemos sentido decepcionados por años”.
La ONU se fundó tras la Segunda Guerra Mundial. Sus críticos argumentan que la estructura de su Consejo de Seguridad, con Estados Unidos, China, Rusia, Francia y Reino Unido como miembros permanentes, ya no refleja la distribución global del poder y limita la representación equitativa de los países miembros.
Sin embargo, reemplazarlo no parece una opción en este momento. Rodenbeck duda que Trump y la Junta aborden conflictos en los que no tienen intereses personales, como el de Ucrania.
Otra preocupación entre los Estados invitados es la estructura de la Junta. Trump es su único presidente y él representa a su país. Por debajo de su autoridad, la Junta está compuesta por Estados miembros, que deciden el presupuesto y negocian decisiones conjuntas.
Luego está el Directorio Ejecutivo, integrado por siete personas seleccionadas por Trump: el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio; el presidente del Banco Mundial, Ajay Banga; su yerno, Jared Kushner; y su enviado especial para el Medio Oriente, Steve Witkoff. Su función es implementar las decisiones de la Junta
El Directorio Ejecutivo para Gaza dirige el trabajo relacionado con Gaza y supervisa al Comité Nacional para la Administración de Gaza (NCAG), que se encargará de la administración del territorio.
Como presidente, Trump tiene el derecho exclusivo de invitar a otros a unirse a la Junta, vetar decisiones y crear, modificar o disolver entidades subsidiarias, según los estatutos. Trump solo puede ser reemplazado por renuncia voluntaria o por incapacidad.
“Trump podría retirarse de la presidencia de Estados Unidos y seguir al frente de la Junta de Paz e incluso designar a su propio sucesor”, observa Rodenbeck. Además, considera que una estructura dominada por Estados Unidos “no es la forma de una organización internacional que tenga legitimidad democrática”, si bien podría funcionar para el conflicto en Gaza.
El alto al fuego en Gaza mediado por EE. UU. desde octubre de 2025 sigue siendo frágil. Ataques y enfrentamientos han seguido causando víctimas civiles.
Israel insiste en estrictas condiciones de seguridad y quiere que el grupo militante palestino Hamás se desarme antes de cualquier acuerdo de paz a largo plazo, al mismo tiempo que mantiene controles militares y fronterizos que estima necesarios para prevenir ataques.
Hamás y otros grupos armados palestinos han exigido el fin permanente de las hostilidades, el retiro de la presencia militar israelí, el levantamiento del bloqueo y garantías para la reconstrucción y el acceso humanitario como condiciones previas para una paz duradera.
El futuro de la Junta de Paz de Trump estará determinado en gran medida por sus próximos pasos: lo que suceda en la reunión del jueves, su abordaje de los complejos desafíos en Gaza y si puede lograr un progreso tangible.
Fuente: Deutsche Welle
