La India amplió este viernes (20.02.2026) un día más su Cumbre Impacto IA 2026, con la ambición de sumar un respaldo récord de líderes internacionales a la ‘Declaración de Delhi’ sobre inteligencia artificial (IA), que ya cuenta con el apoyo de 70 países.
“Creemos que, para cuando cerremos mañana, superaremos los 80. Todos los países importantes ya han firmado”, dijo en una declaración a la prensa el ministro de Tecnología indio, Ashwini Vaishnaw.
El documento busca establecer un marco ético global ante una tecnología que avanza exponencialmente. Sam Altman, director ejecutivo de OpenAI, advirtió ayer, por ejemplo, que el mundo está a “solo un par de años” de las primeras formas de “superinteligencia”, un avance que, según declaró, obliga a descentralizar el desarrollo para evitar regímenes totalitarios. El mundo necesita “urgentemente” regular la IA, dijo.
Por su parte, el presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, alertó de que, “sin una acción colectiva, la inteligencia artificial agravará las desigualdades históricas”. “Los algoritmos no son solo aplicaciones de códigos matemáticos que sustentan el mundo digital, son parte de una compleja estructura de poder”, añadió el mandatario, al señalar que cuando “unos pocos” los controlan “no estamos hablando de innovación, sino de dominación”.
Pese al consenso mayoritario, la cumbre vivió una aparente fractura con Estados Unidos, después de que hoy el jefe de la delegación estadounidense, Michael Kratsios, calificara la regulación global de “cosmética” y defendiera que la verdadera autonomía estratégica nace de poseer la tecnología, no de limitarla. “Rechazamos totalmente la gobernanza global de la IA”, sentenció.
Unas horas antes, el secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, había confirmado la constitución de una comisión científica destinada a “convertir el control humano en una realidad técnica” para la inteligencia artificial. “Nos estamos adentrando en lo desconocido”, dijo Guterres. “El mensaje es simple: menos exageración, menos miedo. Más hechos y evidencia”.
Y los hechos empiezan a evidenciar el impacto de la IA. Un informe reciente del Financial Times hace una lectura positiva de la tasa de desempleo en Estados Unidos, una de las mayores en cinco años, aunque los últimos datos presentan cierta mejoría. “Mi propio análisis actualizado sugiere un aumento de la productividad estadounidense de aproximadamente el 2,7 por ciento para 2025”, afirma el autor, Erik Brynjolfsson, director del Laboratorio de Economía Digital de la Universidad de Stanford. “Esto representa casi el doble del lento promedio anual del 1,4 por ciento que caracterizó la última década”, añade.
Para él, la IA está empezando a dar sus frutos después de una fase de grandes inversiones y reorganización de procesos. “Los datos actualizados de EE. UU. para 2025 sugieren que estamos saliendo de esta fase de inversión y entrando en una fase de cosecha, donde esos esfuerzos iniciales comienzan a manifestarse en resultados mensurables”, afirma, aunque sin explicar por qué achaca todo ese incremento de productividad exclusivamente a la utilización de IA.
Dos investigadoras de Harvard, sin embargo, constatan que los empleados que utilizan IA no solo consiguen los mismos resultados con menos trabajo, sino que, de hecho, en realidad trabajan más. “En nuestra investigación en curso, descubrimos que las herramientas de IA no reducían el trabajo, sino que lo intensificaban constantemente”, afirman Aruna Ranganathan y Xingqi Maggie Ye en un artículo reciente.
Ellas estudiaron, para un trabajo académico todavía no publicado, “cómo la IA generativa cambió los hábitos laborales” en los empleados de una empresa tecnológica estadounidense a lo largo de ocho meses. “Descubrimos que los empleados trabajaban a un ritmo más rápido, asumían una gama más amplia de tareas y prolongaban el trabajo horas más allá de su jornada, a menudo sin que se les pidiera”, adelantan.
“Por iniciativa propia, los trabajadores hacían más porque la IA hacía que ‘hacer más’ pareciera posible, accesible y, en muchos casos, intrínsecamente gratificante”, explican. Sin embargo, alertan de que es un ritmo “insostenible”.
“Una vez que el entusiasmo por experimentar se desvanece, los trabajadores pueden descubrir que su carga de trabajo ha aumentado poco a poco y sentirse sobrecargados”, advierten, constatando que han encontrado “fatiga cognitiva”, agotamiento y una toma de decisiones más “deficiente”.
En definitiva, “el aumento de productividad inicial puede dar paso a un trabajo de menor calidad, rotación de personal y otros problemas”.
Fuente: Deutsche Welle
