Henry Constantin tenía que llegar esta semana primero a Bruselas y luego a Estocolmo a recoger el premio que la organización sueca Civil Rights Defenders otorga a organizaciones defensoras de derechos humanos en todo el mundo; en su caso, se premia la defensa de la libertad de expresión. Pero Henry Constantin no llegó a la capital de Europa ni a la de Suecia. Está “regulado”; no puede salir de Cuba. La Hora de Cuba, el medio online que fundó en 2013, para el Gobierno cuenta como ilegal.
“Henry es el representante de la Sociedad Interamericana de la Prensa en Cuba, pero no puede salir del país desde hace siete años”, cuenta a DW Iris Mariño, subdirectora del medio, que trabaja desde el interior del país, en Camagüey.
“Contamos con colaboradores en Camagüey, en La Habana, en Bayamo y en Holguín. Cubrimos varias regiones del país, y nuestro objetivo principal es llegar al ciudadano cubano, al que vive dentro de la isla. Nuestra principal fuente es Facebook, que es la red más accesible para el cubano. No se usa mucho Instagram porque gasta muchos datos y cada cubano puede comprar solo seis gigabytes al mes”, sigue Iris Mariño.
Por otro lado, dado que La Hora de Cuba no cuenta como un medio para las autoridades de la isla, no tiene acceso a más información, que a la que obtiene por sus propios medios, por Facebook y a la que le proporcionan observatorios y organizaciones de fuera de Cuba. “Nuestro medio existe gracias a mucho sacrificio”, subraya.
El sacrificio diario del que habla Iris Mariño comienza cada mañana detectando en qué zona de la ciudad sí hay conexión a Internet.
“En zonas como la mía hay apagones de 12 o 18 horas. Entonces, conecto el laptop a mi pequeña planta eléctrica con panel solar. Luego hay que tomar las medidas de seguridad necesarias para comunicarse con el equipo”, agrega. ¿Medidas de seguridad por qué? Porque el trabajo que hace este grupo de 20 personas -artistas, fotógrafos, escritores, actores- no está acreditado como “periodismo”.
“Tenemos un solo periodista graduado en comunicación social; a Henry nunca le permitieron graduarse. Desde que fundó La Hora de Cuba, ha sido detenido unas 80 veces por agitador”, cuenta Iris Mariño. Ella misma, actriz de formación, fue expulsada de la Academia de Artes por escribir.
En esta situación, “con este premio pretendemos reconocer, visibilizar y aportar legitimidad a su valiente labor desde dentro de Cuba, un país donde el espacio cívico es muy cerrado. Éste es uno de solo dos medios independientes que aún trabajan desde la isla”, dice a DW Pía Alvira, directora del departamento América Latina de Civil Rights Defenders (CRD). Este año, el premio se otorga también a Netgazeti, un medio de Georgia. Anteriormente, solo una vez el galardón había llegado a América Latina: fue en el 2023, a la organización venezolana Foro Penal.
En general, “el Civil Rights Defenders Award of the Year reconoce la labor excepcional de organizaciones en la defensa de los derechos humanos. Este año se enfoca en la libertad de expresión, un derecho que está siendo atacado de manera general en todo el mundo; un espacio que se está reduciendo aún en países considerados supuestamente democráticos”, afirma Pía Alvira. Su organización integra también un consorcio, financiado por la Unión Europea, que trabaja contra la impunidad en el mundo.
“Durante las manifestaciones de julio del 2021, tanto Henry como Iris estaban detenidos. ¿Cómo iba a postear La Hora de Cuba? ¿Cómo iban a salir las noticias de lo que estaba pasando? Una tercera persona me mandó las cosas por teléfono; durante las manifestaciones cortaron el Internet. Me enviaron la información por pdf y yo la subí desde Estados Unidos”, cuenta a DW Lucila Morales. “Yo soy la llamada de emergencia”, agrega.
Al respecto, “es prácticamente imposible que un medio independiente en Cuba exista sin apoyo del exterior. No hay forma de monetizar”, explica la especialista de CRD. La lógica de crear un medio con suscriptores que paguen todos los meses no existe en la isla. “Nadie puede entregarles dinero a ellos, no están regularizados”, sigue Pía Alvira. ¿Cómo se financian entonces? A través de organizaciones internacionales, proyectos y redes personales. Y con sus otros trabajos.
“Es que, como todo cubano de a pie, Henry e Iris se ven limitados de muchas cosas elementales”, vuelve Lucila Morales. “Ahí entro yo, la llamada de emergencia, para enviar dinero a un colaborador para que pueda pagar un transporte para ir a cubrir algo, por ejemplo. El trabajo que hacen es muy difícil y arriesgado. A veces dejan de comunicarse varios días y temo que algo pasa”, señala Lucila, quien cubrió para La Hora de Cuba las manifestaciones en Washington en 2021 y los representa cuando es necesario.
“Porque el problema no es solo que no te dejen salir; también es posible que si sales no te dejen regresar”, agrega Lucila Morales. Ella, comunicadora social, salió de Cuba en 2012, después de haber sido expulsada de su trabajo como profesora de periodismo en la Universidad de Camagüey y luego de la Academia de las Ciencias.
Como fuere, en este medio independiente pensado para los cubanos dentro de la isla, “esta semana hablamos de que ya van 22 feminicidios en lo que va del año. Hablamos del caos social y humanitario. Desde la fotografía abordamos la situación hospitalaria y la acumulación de residuos. También abordamos la niñez: niños que empiezan a pedir alimentos en las calles”, describe Iris Mariño enfatizando que, aunque el bloqueo energético sí impacta, la crisis humanitaria comenzó en su región hace ya varios años.
En cualquier caso, para Iris Mariño el premio de Civil Rights Defenders es “el reconocimiento a 13 años de un trabajo en condiciones muy duras, a nuestro derecho a ejercer la libertad de expresión. Aunque Henry no puede estar aquí, que nos den este premio significa que estamos en lo correcto contándole al pueblo cubano la verdad”.
Fuente: Deutsche Welle

