La escalada en Irán activa las señales de alerta en Turquía

La escalada en Irán activa las señales de alerta en Turquía

Turquía siempre ha querido posicionarse como mediadora entre Oriente y Occidente, y mantiene relaciones diplomáticas tanto con la UE como con los países de Oriente Medio.

Ankara también ha intentado en varias ocasiones mediar en la disputa entre Estados Unidos e Irán, pero sin éxito. Ni pudo disuadir a Washington de lanzar un ataque ni logró que Teherán cambiara de postura.

En las últimas declaraciones del ministro de Exteriores turco, Hakan Fidan, se percibe cierta frustración tras los esfuerzos diplomáticos de los últimos años: según Fidan, posiblemente lo único que podía haberse hecho era retrasar la guerra. El ministro aludio a una llamada telefónica con Washington que tuvo lugar a finales de enero de 2026: “Me llamaron en mitad de la noche”, dijo Fidan. Supo de inmediato lo delicada que era la situación en ese momento e informó inmediatamente al presidente Recep Tayyip Erdogan. “Fueron momentos muy oscuros. Esperábamos que en cualquier momento estallara la guerra o se produjera un primer ataque”, explicó Fidan.

Ankara teme que la guerra con Irán pueda degenerar rápidamente en un conflicto generalizado que afecte a toda la región. Turquía comparte una frontera de unos 530 kilómetros con Irán y ahora le preocupan las consecuencias humanitarias, económicas y políticas.

Turquía considera que la guerra actual es un conflicto complejo con múltiples riesgos: en el ámbito económico, teme un aumento de la ya elevada inflación, escasez en el suministro energético y pérdidas en el sector turístico. En el ámbito político, le preocupan los inciertos cambios de poder en Oriente Próximo, así como un posible recrudecimiento de los conflictos con los grupos armados kurdos de la región. Además, debido a los ataques con misiles en Irán y en el sur del Líbano, Ankara también debe contar con un nuevo aumento del número de refugiados procedentes de ambos países.

Hasta ahora, Irán no ha atacado ni la base militar de Incirlik, intensamente utilizada por las fuerzas armadas estadounidenses, ni la base de radar de la OTAN en Kürecik, Anatolia.

Es cierto que el miércoles 4 de marzo un sistema de defensa de la OTAN interceptó un misil balístico, pero Irán aseguró que Turquía no era el objetivo del ataque. Fuentes turcas cercanas al Gobierno también dan por hecho que se trataba de un misil que se desvió de su trayectoria.

Según círculos gubernamentales, Ankara ya está trabajando en el desarrollo de una fórmula que permita sentar a las partes beligerantes a la mesa en igualdad de condiciones en algún momento. Ankara se encuentra ante un dilema: el colapso del régimen de Teherán podría provocar un caos incontrolable en la vecindad inmediata. Sin embargo, si el régimen saliera fortalecido de esta crisis, esto también podría dar lugar a más incertidumbre política y conflictos.

Varios medios de comunicación ya han especulado con la posibilidad de que Estados Unidos utilice tropas kurdas como fuerzas terrestres en Irán, lo que también provoca un enorme malestar en Ankara.

Aunque el militante PKK se considera derrotado en su propio país y su organización hermana, el YPG, se considera debilitada en Siria, el armamento de grupos militantes kurdos iraníes desencadenaría una nueva dinámica en la región.

Según la valoración de Ankara, esto también podría poner en peligro el proceso de acercamiento iniciado en Turquía con el PKK y otros kurdos, que se lleva a cabo bajo el lema “Turquía libre de terrorismo”. Por lo tanto, los conflictos étnicos en Irán y sus alrededores se consideran el peor escenario posible.

Fuente: Deutsche Welle

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