La muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, alias El Mencho, el pasado domingo, marca uno de los golpes más significativos contra el crimen organizado en México en las últimas décadas. El líder del Cártel Jalisco Nueva Generación encabezaba una de las organizaciones criminales más poderosas del país, con presencia en gran parte del territorio nacional y proyección internacional.
Para la politóloga Sandra Ley, experta en Seguridad en la Escuela de Ciencias Sociales y Gobierno del Instituto Tecnológico de Monterrey, se trata de “la detención más importante que hemos tenido en décadas por el tamaño del CJNG y su alcance nacional e internacional”. Sin embargo, advierte en entrevista con DW que el impacto estructural del golpe es limitado si no va acompañado de otras medidas.
Los efectos inmediatos no tardaron en sentirse. Bloqueos, incendios de vehículos y ataques en varios estados reflejan la capacidad del CJNG para responder incluso sin su líder histórico. Según Ley, “las decapitaciones de cárteles suelen estar acompañadas de escaladas de violencia”, especialmente cuando no existen acciones paralelas de prevención ni desmantelamiento de redes de protección.
En la misma línea, el politólogo alemán Günther Maihold, experto en Méxicodel Instituto de Estudios Latinoamericanos de la Universidad Libre de Berlín, subraya que la muerte de El Mencho no implica necesariamente el debilitamiento del cartel. “El capo es detenido o abatido y el cartel sigue funcionando; el negocio continúa porque las estructuras no se tocan”, afirma en entrevista con este medio.
Desde el Gobierno de Claudia Sheinbaum, la operación se presenta como una demostración de capacidad del Estado. Para el experto en seguridad Javier Oliva Posada de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, se trata de “una victoria estructural del Estado mexicano” y una señal de que “otros cabecillas también pueden ser llevados ante la justicia”.
Maihold, en cambio, llama a la cautela. A su juicio, el operativo es apenas “el inicio de una tarea mucho más grande”, y existe el riesgo de que se celebre un éxito mediático sin atacar las bases del poder criminal.
Uno de los escenarios más probables es la fragmentación interna del CJNG. Maihold describe tres posibles escenarios: una sucesión ordenada, una ruptura interna violenta o una redistribución territorial entre grupos rivales. “Puede aumentar el grado de confrontación”, advierte, en un contexto donde distintos actores criminales buscarían controlar rutas y mercados.
Ley coincide en que la competencia criminal es hoy “uno de los factores más importantes en el uso de la violencia”, lo que elevaría el riesgo para la población civil en las próximas semanas.
La operación se produjo en un contexto de creciente cooperación con Estados Unidos. Sin embargo, Maihold duda del impacto sobre el consumo de drogas al norte de la frontera. “La muerte de un capo no va a influir en el consumo”, sostiene, y añade que el verdadero desafío sigue siendo romper los vínculos entre crimen organizado, política y justicia, un terreno donde México “ha evitado actuar de fondo”.
Con la vista puesta en la Copa Mundial de Fútbol 2026, la seguridad vuelve al centro del debate. Oliva Posada descarta, por ahora, un riesgo mayor para visitantes y aficionados y asegura que “las condiciones están dadas para garantizar la seguridad” durante el torneo.
Maihold coincide en que la violencia actual responde a una “demostración de fuerza” puntual y no a una estrategia sostenida, aunque reconoce que la percepción de inseguridad sigue imperando entre la población.
Más allá de los titulares, la muerte de El Mencho plantea un escenario complejo: si bien representa una victoria simbólica y táctica, podría abrir un periodo de reacomodos violentos y de retos más profundos para la política de seguridad mexicana. El desafío estructural sigue siendo desarticular las redes que sostienen al crimen organizado y no solo a sus figuras más visibles.
Fuente: Deutsche Welle

