¿Hacia dónde va el mundo tras la era del multilateralismo?

¿Hacia dónde va el mundo tras la era del multilateralismo?

La ONU es la institución central del orden de posguerra —configurado en parte por Estados Unidos tras la Segunda Guerra Mundial— que apuesta por el multilateralismo y la conciliación de intereses.

Fundada en 1945, su objetivo era prevenir las guerras. Más tarde se incorporaron innumerables ámbitos, como la salud pública mundial, el desarrollo y la protección del clima. Sin embargo, se considera que los órganos de la ONU —y muy especialmente el Consejo de Seguridad— necesitan una renovación tanto como la propia sede central, a orillas del East River.

Más allá de las críticas y ataques del presidente estadounidense, Donald Trump, a las Naciones Unidas, divergen las interpretaciones sobre si la ideología de Trump de "Estados Unidos primero", en parte aislacionista, es ante todo un síntoma del deterioro del orden mundial multilateral, o si Trump mismo es un agente de destrucción del multilateralismo.

El presidente finlandés, Alexander Stubb, uno de los pocos jefes de Estado con un doctorado en Relaciones Internacionales, sostiene la tesis de que actualmente existe un vacío de poder del cual surgirá un nuevo orden mundial en los próximos cinco años.

Otros expertos prevén un proceso de reajuste prolongado. "Este momento no es un breve interregno entre un orden liderado por Estados Unidos y otro liderado por China", escribió recientemente Mark Leonard, director del centro de estudios European Council on Foreign Relations, en un artículo para la revista Foreign Affairs. "Durante un tiempo, el mundo se encontrará sin orden alguno". Leonard advirtió sobre la "tentación de utilizar como arma una multitud de puntos de presión geográficos, económicos y tecnológicos".

"El marco del multilateralismo, asociado a la posguerra y a la época dorada de la ONU, ya es historia", opina también Teresa Nogueira Pinto, experta en globalización especializada en África de la Universidade Lusófona de Lisboa. "Ya no funciona. La mayoría de las misiones de paz han fracasado y resulta difícil imaginar cómo podría llevarse a cabo la reforma de la ONU, que es tan necesaria". En entrevista con DW, Pinto cita como ejemplo el Consejo de Seguridad, que ya no refleja el mundo de 2026.

"No comparto la tesis de que esta era haya terminado por completo", afirma, por el contrario, Johannes Thimm, jefe del grupo de investigación sobre América en la Fundación Ciencia y Política (SWP) de Berlín. "El derecho internacional es muy diverso y abarca muchos aspectos que a menudo pasan desapercibidos en las relaciones cotidianas entre Estados, como las costumbres diplomáticas, los tratados, etc… Y ahí sigue habiendo mucho contenido que no se percibe de manera clara precisamente porque no resulta espectacular".

No obstante, no cabe duda, subraya, de que últimamente se producen cada vez más infracciones del derecho internacional, por ejemplo, mediante guerras de agresión como las de Ucrania e Irán. Asimismo, las violaciones del derecho internacional humanitario, como las ocurridas en Gaza, suponen un desafío para el orden multilateral.

Otro factor que le resta estabilidad al multilateralismo es, según Thimm, las retiradas de EE. UU. de decenas de organizaciones y tratados internacionales, entre ellos, de la Organización Mundial de la Salud (OMS), del Acuerdo de París, un tratado internacional sobre el cambio climático, de la Convención Marco de la ONU sobre el Cambio Climático, así como de la organización cultural UNESCO.

Recientemente, el Gobierno de EE. UU. ha endurecido una vez más su postura frente a la Corte Penal Internacional, organismo al que critica. "Cuando actúa así el Estado que sigue siendo el más poderoso", opina Thimm, "eso supone una amenaza para el sistema en su conjunto. Es decir, una amenaza mayor, diría yo, que cuando Rusia, por ejemplo, libra una guerra de agresión".

Trump suele remitirse a la Doctrina Monroe de 1823, que describe el hemisferio occidental como una zona de influencia exclusiva de Washington. Trasladado a la actualidad, esto podría significar que el resto del mundo ya no está dominado por Estados Unidos, sino por otras grandes potencias y potencias medias: un orden mundial multipolar tras la retirada de EE. UU. como potencia rectora.

Para muchos países, este cambio radical también alberga el riesgo de perder influencia; para otros, puede significar incluso un nuevo impulso para reposicionarse y, con sus propias alianzas, asegurarse su lugar en un mundo multipolar que ya no está dominado por Occidente.

No es casualidad que la alianza de los países BRICS haya ganado relevancia y admitido nuevos miembros, que, con conciencia de su importancia, buscan establecer un contrapeso a la arquitectura financiera internacional de corte occidental, el denominado sistema de Bretton Woods.

Teresa Pinto dice que "mucho Estados africanos notan que los antiguos modelos ya no son tan ventajosos para ellos en relación con un crecimiento sostenible, y aprovechan la oportunidad. Y eso va acompañado de una vuelta a la geopolítica. Durante mucho tiempo creímos que la geopolítica había pasado a la historia, pero no es así".

Y es que el mundo también se está reorganizando en términos de política de seguridad. En el seno de la OTAN, existe el riesgo de una mayor retirada de EE. UU. o incluso de una agresión militar interna si Trump persiste en sus pretensiones sobre Groenlandia, territorio administrado por Dinamarca. Tanto en la región del Indo-Pacífico como, sobre todo, en Oriente Próximo, los aliados de Estados Unidos cuestionan la fiabilidad de las promesas de asistencia estadounidenses y buscan nuevas alianzas.

Así, a principios de agosto, Arabia Saudita, Turquía y la potencia nuclear Pakistán pusieron en marcha el Pacto de Defensa de La Meca, que incluye garantías de asistencia similares a las de la OTAN. Al igual que la coalición europea de países dispuestos a apoyar a Ucrania, se considera un ejemplo de los formatos emergentes, más reducidos y ágiles, a los que a veces se denomina "minilateralismo".

"Un mundo sin reglas solo beneficia a los fuertes", subraya Thimm. "Todos los demás —ya sean de fuerza media o débiles— acaban aplastados. Por eso, naturalmente, Europa —a la que yo clasificaría entre las potencias de fuerza media— tiene un gran interés en mantener cierto tipo de orden; es decir, en evitar un mundo sin reglas donde el más fuerte simplemente imponga su voluntad y sus intereses".

Teresa Pinto señala tres factores que pueden influir en la futura distribución de poder en un mundo multipolar: la soberanía, el acceso a los recursos y, no menos importante, la demografía.

La pérdida de relevancia de EE. UU., el ascenso de otros actores como China, el minilateralismo y las alianzas regionales: todavía no es posible determinar con certeza qué orden mundial surgirá de estas piezas del rompecabezas.

Sin embargo, al menos a corto plazo, Johannes Thimm teme lo siguiente: "El mundo se volverá más violento. Habrá más guerras. Las guerras serán más brutales. Resultará más difícil organizar cualquier tipo de cooperación. No sé qué ocurrirá cuando estalle la próxima pandemia. No sé qué pasará cuando se desencadene la próxima crisis financiera mundial".

A esto se suma la crisis climática como desafío central que solo podrá resolverse mediante la cooperación.

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Fuente: Deutsche Welle

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