Guerra en Irán: los Estados del Golfo reevalúan a sus socios

Guerra en Irán: los Estados del Golfo reevalúan a sus socios

En la región del Golfo crece la desilusión con respecto a Estados Unidos. Muchos observadores creen que sus promesas de protección son menos fiables de lo esperado: numerosos misiles lanzados desde Irán contra Estados del Golfo no pudieron ser interceptados ni por sus propias fuerzas armadas ni por Estados Unidos .

Los gobernantes del Golfo han tenido que aprender la amarga lección de que las bases militares estadounidenses en su territorio no garantizan automáticamente la protección, sino que, por el contrario, pueden hacerlos aún más vulnerables a los ataques iraníes. Además, se dice que Estados Unidos desestimó las objeciones de la región antes del inicio de la guerra.

Esto está causando una considerable desilusión, al menos en algunas partes de la región. Según un comentario en árabe publicado en el periódico Al Araby Al-Jadeed, financiado por Qatar, “actualmente resulta evidente que las bases no sirven para proteger a los Estados del Golfo, sino más bien para impedirles defenderse y tomar decisiones independientes”.

Muchos observadores creen que la guerra en el Golfo ha desencadenado un debate estratégico. El Consejo de Oriente Medio sobre Asuntos Globales, un centro con sede en Qatar, habla de una estrategia de “neutralidad cautelosa”, destinada a evitar que el Golfo se convierta en escenario de conflictos extranjeros y ponga en peligro los modelos de desarrollo económico de la región.

Bruno Schmidt-Feuerheerd, politólogo de la Universidad de Oxford, recuerda las reacciones iniciales a los ataques de Irán: “Al principio, se atribuyó la responsabilidad de la escalada a Israel y, en cierta medida, a Estados Unidos”. Sin embargo, al mismo tiempo, los ataques iraníes también se interpretaron como una ruptura con los esfuerzos de acercamiento cauteloso de los últimos años. “En este sentido, la frustración se dirige principalmente a actores externos”, añadió. Los Estados del Golfo han tenido que reconocer que su seguridad depende de terceros.

Pauline Raabe, analista política de la consultora Middle East Minds, con sede en Berlín, añade que “los Estados del Golfo están unidos, ante todo, en su conmoción”.

Desde el principio, el debate se ha centrado principalmente en las bases militares estadounidenses, con cuya presencia Irán justifica sus ataques. Pero los misiles también han alcanzado objetivos civiles como aeropuertos, hoteles y otras infraestructuras, señala Schmidt-Feuerheerd.

De hecho, resulta llamativo que los Emiratos Árabes Unidos se hayan visto afectados desde el inicio. Según Schmidt-Feuerheerd, “podría no solo tratarse de las bases estadounidenses, sino también de ejercer presión sobre modelos exitosos en la región, como Dubái”.

El centro de estudios estadounidense Atlantic Council señala que la estabilidad económica de los Emiratos Árabes Unidos es muy vulnerable. La reputación de Dubái como centro seguro de comercio y turismo es un pilar fundamental de la economía emiratí y, por lo tanto, también un posible punto débil estratégico.

A largo plazo, “es de esperar que haya una revisión después de la guerra”, afirma Schmidt-Feuerheerd. Los Estados tendrían que decidir “si las bases militares estadounidenses representan un beneficio para la seguridad o, por el contrario, un riesgo”. Sin embargo, la integración militar con Estados Unidos es tan profunda que un cambio de rumbo llevaría años.

La experta Pauline Raabe cree que “el acuerdo de décadas de ‘petróleo barato a cambio de garantías de seguridad estadounidenses’ ahora parece una reliquia del pasado para muchos”, y observa que se está produciendo una reorientación estratégica gradual. Arabia Saudita, por ejemplo, ha ampliado sus relaciones con Pakistán y Turquía, mientras que Qatar ha fortalecido sus lazos con Estados europeos como Gran Bretaña y Francia.

Schmidt-Feuerheerd comenta también que, “en los últimos años, los analistas han hablado de una estrategia de diversificación”, que implica construir relaciones con múltiples socios, como China, Turquía o Estados europeos, pero nunca se ha explicado con claridad cómo se supone que este concepto, originado en el ámbito económico, funcionaría en términos de política de seguridad.

Al mismo tiempo, “no se puede dar por sentado que (los Estados del Golfo) actúen como una entidad unificada”, afirma Schmidt-Feuerheerd, porque existen rivalidades políticas y competencia económica entre Arabia Saudita, los Emiratos Árabes Unidos y Qatar.

La analista Pauline Raabe cree que “la estabilidad regional es crucial para los estados del Golfo”, por lo que sus proyectos de transformación económica dependen de un entorno pacífico y una defensa eficaz contra los ataques militares.

Fuente: Deutsche Welle

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