Guerra con Irán: bloqueo en Ormuz desafía a China

Guerra con Irán: bloqueo en Ormuz desafía a China

El bloqueo naval estadounidense del estrecho de Ormuz, anunciado por el presidente Donald Trump poco después de que fracasaran las conversaciones con Irán en Islamabad el fin de semana, entró en vigor el lunes. Estados Unidos dijo que bloqueará la salida y entrada de barcos de los puertos iraníes.

Esta medida, que llega después de que Irán cerrara el estrecho paso marítimo como represalia por los ataques aéreos de Estados Unidos e Israel que empezaron el 28 de febrero, ha puesto en peligro el frágil alto al fuego de dos semanas y ha hecho que los precios del petróleo, que ya estaban por las nubes, suban aún más.

El bloqueo de los barcos y el petróleo iraníes también se notará mucho en China, el mayor comprador de petróleo de Irán.

En una rueda de prensa celebrada el martes 14 de abril, un portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de China calificó la medida de “peligrosa e irresponsable”, y advirtió de que el bloqueo “solo agravaría el enfrentamiento, aumentaría la tensión y socavaría el frágil alto al fuego”.

En declaraciones realizadas el lunes en Pekín durante una reunión con funcionarios de Emiratos Árabes Unidos que se encontraban de visita, el ministro de Asuntos Exteriores chino, Wang Yi, afirmó que bloquear el estrecho de Ormuz “no beneficia a los intereses comunes de la comunidad internacional”.

En entrevista con DW, Zhang Lun, profesor de la Universidad CY Cergy-París, describió el bloqueo estadounidense como “una respuesta con la misma moneda”. Argumentó que la medida de Washington también tiene como objetivo “obligar a China a salir a escena”.

Zhang explica que la Casa Blanca podría encontrar una salida al conflicto —y salvar las apariencias— si Washington consigue presionar a Pekín para que ejerza presión sobre Teherán para que acepte las condiciones de EE.UU.

Dado el estilo transaccional de Trump, Zhang sugirió que si China “le diera esta victoria a Trump”, Pekín ganaría influencia en futuras negociaciones sobre temas como Taiwán.

Sin embargo, Zhang no cree que China vaya a intervenir directamente en la guerra de Oriente Medio. Aunque un bloqueo del estrecho de Ormuz afectaría a los intereses chinos, la prioridad estratégica principal de Pekín es preservar un delicado equilibrio manteniendo relaciones estables con todas las partes implicadas.

Por su parte, los medios estatales chinos han presentado el bloqueo estadounidense como parte de una “lógica hegemónica” que recurre a la fuerza cuando fracasan las negociaciones.

Según esa narrativa, Washington ha estado movilizándose militarmente en Oriente Medio como parte de los preparativos para intensificar la guerra, tanto durante las negociaciones previas al estallido del conflicto como en la reciente ronda de conversaciones mediada por Pakistán.

Los medios chinos retratan a EE.UU. como “ansioso por una salida elegante” del conflicto, llegando incluso a “maquillar la victoria” al afirmar que ha logrado sus objetivos en Irán, incluyendo el cambio de régimen y ataques exitosos contra diversos objetivos.

Pero los medios estatales describen el estrecho de Ormuz como una “vulnerabilidad fatal” para EE.UU. que no se puede maquillar: el fracaso en Irán, junto con la pérdida de control sobre el estrecho, el aumento de los precios del petróleo y la inflación, podría tener consecuencias directas para la administración Trump en las elecciones de mitad de mandato de EE.UU. en noviembre.

La versión oficial de China interpreta el bloqueo del estrecho por parte de Irán como una prueba de que Estados Unidos e Israel han sido “superados estratégicamente” por Teherán. Desde el punto de vista de Irán, el cambio de postura de Washington —que ha pasado de lanzar ultimátums a volver a la mesa de negociaciones— refleja la resistencia iraní y su negativa a ceder ante la presión militar estadounidense.

La decisión de EE. UU. de bloquear los puertos iraníes, por su parte, se ve en China como un intento de compensar la falta de influencia en la mesa de negociaciones tras las acciones militares anteriores que no lograron forzar un cambio de régimen, uno de los objetivos principales de Trump en los primeros días de la guerra.

Zhang dijo a DW que, más allá de responder a las exigencias de Israel, a las tensiones de larga data entre EE.UU. e Irán y a las preocupaciones sobre el programa nuclear iraní, otro factor clave es el objetivo general de Washington de controlar los recursos energéticos mundiales, algo que Trump ha destacado en repetidas ocasiones.

En este contexto, argumentó Zhang, existe una dimensión de “presión estratégica más amplia” sobre China. Estados Unidos ya ha reforzado su control sobre Venezuela; si Irán también quedara bajo la influencia estadounidense, y si Washington se involucrara aún más con Rusia—posiblemente a través de concesiones relacionadas con Ucrania—, podría limitar significativamente el acceso de China a los recursos petroleros.

A pesar del impulso de Pekín hacia la transición energética, el petróleo sigue siendo fundamental para su economía.

Como principal comprador de petróleo de Irán y socio clave, China se habría reunido con funcionarios iraníes durante las conversaciones de alto al fuego de la semana pasada y habría instado a Teherán a aceptar los términos mediados por Pakistán. Sin embargo, sigue sin estar claro si China asumiría públicamente el papel de garante en cualquier acuerdo futuro.

Fuente: Deutsche Welle

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