La situación en el estrecho de Ormuz sigue siendo una de las principales preocupaciones de la comunidad internacional.
Ya antes de la reanudación de las hostilidades, el presidente estadounidense, Donald Trump, ordenó el cese de la operación Proyecto Libertad para escoltar a los buques atrapados en su salida del golfo Pérsico. Entretanto, la Armada alemana acercó un barco cazaminas a la zona, en la que siguen atrapados miles de marineros. No hay constancia de que haya latinoamericanos entre ellos. Aunque DW trató de descartarlo a través de los servicios consulares de varias cancillerías, hasta la publicación de este artículo no hemos obtenido respuesta.
“Actualmente hay unos 20.000 marinos y gente de mar que se encuentran confinados en el golfo Pérsico”, confirma a DW un portavoz de la OMI, la Organización Marítima Internacional, sin aportar datos de sus nacionalidades. “Recientemente, nuestro secretario general tuvo la oportunidad de hablar con un marino que estuvo varado en el golfo Pérsico. Esta persona describió el estrés constante que suponía el riesgo de que los misiles le sobrevolaran, el peligro de que los escombros que caían impactaran contra el buque, la necesidad de racionar los suministros y la dificultad de mantener a su familia al corriente de su situación”, explica.
“Cuanto más se prolongue esta situación en la región, mayor será el riesgo de que se produzcan sucesos e incidentes graves”, dicen a DW desde la OMI. Y recuerdan que “ningún ataque contra gente de mar inocente o buques civiles está justificado”. El Consejo de la OMI ha pedido “un corredor marítimo seguro como medida provisional y urgente” que facilite la salida de los buques. “El plan de evacuación está listo para ponerse en marcha en cuanto sea seguro hacerlo, pero requiere garantías de seguridad de todas las partes”, reclama el portavoz.
Fuentes militares con experiencia en la Operación Atalanta de la UE, una misión contra la piratería marítima, confirman a DW la inviabilidad de sacar a los buques por Ormuz simplemente escoltados por las fuerzas estadounidenses: el riesgo es demasiado alto, ya que quedarían a merced del fuego iraní y, en cualquier caso, el ritmo al que podrían acompañar la salida de los buques sería muy inferior al necesario. Prueba de ello es que los propios Estados Unidos han dado marcha atrás en su denominado Proyecto Libertad.
Este no era el primer intento de Trump –que llegó a pedir en marzo a los buques mercantes que tuvieran “agallas” y cruzaran Ormuz– de restablecer el tráfico marítimo en la zona. Pero, incluso sin minas, el paso está al alcance de la artillería y los drones iraníes. “Desde la OMI se insta a todas las compañías navieras a que actúen con la máxima precaución y, siempre que sea posible, los buques deben evitar transitar por la región afectada hasta que mejoren las condiciones y la situación”, recuerda el portavoz.
Ayer, el presidente estadounidense explicó que había desistido de escoltar a los buques a través de Ormuz, aunque sólo “por un breve período de tiempo”, para ver si se puede “finalizar y firmar” un acuerdo con Irán después de que se hayan logrado “grandes avances” en la negociación. Pero lo cierto es que, sin el beneplácito de Teherán, el estrecho de Ormuz no se puede abrir. “Sin la colaboración de Irán, eso no se va a abrir, estoy convencido de ello”, dice a DW uno de los mayores expertos en desactivación de minas en España.
“Y una vez esté colaborando Irán, si realmente confirma que había minas, rápido no va a ser tampoco… No será cuestión de días; habría que hacer un esfuerzo de desminado grande”, afirma el experto, que prefiere no ser identificado por seguridad. Y ese es un trabajo minucioso que requiere tranquilidad. “No se puede realizar bajo fuego enemigo”, resume, “porque hay que tener en cuenta que los buques cazaminas y los buceadores son unidades altamente sensibles, apenas sí tienen protección”.
“Eso se hace de dos maneras”, explica: “O bien teniendo el dominio completo de la zona, con lo que pueden trabajar los equipos, o haciendo operaciones encubiertas, de noche, a escondidas”. Y, en este último caso, se conseguiría únicamente “abrir una pequeña brecha para algo muy puntual, un canal en concreto para hacer un desembarco muy rápido. E insiste en que serviría sólo para abrir el paso en “áreas muy pequeñas, ni de broma para abrir el estrecho de Ormuz, bajo ningún concepto”.
“Lo que puede ser relativamente sencillo es abrir un canal más o menos rápido, pero hablamos de un canal estrecho, tendría que estar muy delimitado en GPS y avisar de que los barcos no pueden salir ni 100 yardas de ese canal”, explica. “Eso es más factible, pero no hablamos de días ni de semanas, es largo y tedioso”, añade. “Y después hacer un desminado ya más amplio, de toda el área”.
Alemania es uno de los grandes países especializados en desactivación de minas. Cuenta con diez cazaminas, uno de ellos es el ‘Fulda’, que se está acercando a la zona por si tiene que actuar.
Sin embargo, el Gobierno alemán ha dejado claro que lo haría en el caso de que se alcance un acuerdo de paz. “Repito, tiene que ser una zona súper segura, un cazaminas es un blanco perfecto, la zona tiene que estar muy tranquila para que puedan trabajar con calma”, dice este experto, recordando, además, que los cazaminas apenas llevan armamento para defensa, por lo que necesitan ser ellos mismos escoltados.
Las minas son efectivas en mares relativamente poco profundos, por eso Estados Unidos ha dejado estas capacidades en manos de otros socios de la OTAN. España (que cuenta con dos buques cazaminas), Italia, Bélgica o Francia, cita este especialista, son, además de Alemania, los grandes expertos en este tema. “Todo esto por la Segunda Guerra Mundial”, explica. Actualmente, todavía aparecen minas y torpedos de esa época. “Solamente en el mar del Norte, se calcula que quedan cientos de miles de minas todavía dormidas”, refiere. Él ha desactivado alguna de las denominadas de orinque, que flotan a la deriva, aparecida en aguas españolas.
Pero una cosa es desactivar las minas sueltas que se van encontrando en el mar, y otra muy distinta, limpiar una zona minada. “Hay que tener en cuenta que nadie ha desminado nunca desde la Segunda Guerra Mundial, o sea, no hay nadie vivo que que tenga ahora mismo experiencia en desminado de un minado defensivo como el que se habría podido hacer aquí”, recalca. Y explica que es una operación que se hace a través de catas probabilísticas.
Se llevan a cabo misiones “exploratorias con una especie de cata aleatoria, siguiendo determinadas fórmulas según el tiempo de que se disponga”, continúa. “Pongamos que haces diez catas y en ninguna aparece ninguna mina. En ese caso, la probabilidad de que no las haya aumenta muchísimo. Pero si una de las catas sale positiva, entonces ya empiezas a jugar con probabilidades”, explica. “El tema del desminado es un juego de probabilidades, es todo muy matemático, y además, el encontrar una, eso condiciona la siguiente probabilidad”, añade.
“Si se mina una zona, la limpieza es muy complicada”, dice el experto. En el caso de que realmente Irán haya minado el estrecho, probablemente lo haya hecho de manera encubierta, de noche, utilizando, por ejemplo, pesqueros. “Si ellos hubieran lanzado las minas bien, realmente lo habríamos visto”, asegura. Un minado marino en esas condiciones no es muy preciso. Además, hay que tener en cuenta el tipo de minas que hayan utilizado. Las de orinque, por ejemplo, “multiplican el problema”.
“Ellos mismos saben que, si tiran las minas, aunque tengan las posiciones exactas, ya lleva un tiempo hacer el desminado”, afirma. “Otra cosa que creo que es probable también es que sea un órdago y, efectivamente, no haya ninguna mina allí”, explica también este experto en desactivación de explosivos marinos. No obstante, “ante la duda, siempre hay que actuar sobre la hipótesis más probable, que es que no haya minas, pero protegerse de la más peligrosa, que es que las haya”.
Fuente: Deutsche Welle

