Varias semanas o incluso meses en un refugio estrecho en la llamada “zona de muerte”, un tramo de hasta 20 kilómetros, controlado principalmente por drones enemigos. No hay forma de llegar al puesto con un vehículo ni de ser evacuado en caso de herida. El suministro de municiones y provisiones se interrumpe constantemente. Todo esto se ha convertido en algo cotidiano a lo largo de los cuatro años de guerra de agresión de Rusia contra Ucrania en la línea del frente.
Militares ucranianos relatan a DW cómo viven el desarrollo de la guerra.
Los soldados recuerdan los numerosos voluntarios y las largas filas frente a las oficinas de reclutamiento al comienzo de la guerra. Hoy en día, eso es inimaginable. “No me permitieron alistarme en el ejército hasta septiembre de 2022”, cuenta Oleksandr Kashaba, a quien todos llaman “Plasma”. El entonces comandante de 22 años de una sección de artillería antiaérea pasó más tarde al mando de una sección de ametralladoras.
En aquel entonces reinaba el caos en el frente, recuerda Stanislav Kotsherha, comandante adjunto de un batallón de drones. A principios de 2022 había completado su formación como soldado antiaéreo y poco después se había incorporado a la infantería. “Había muchas unidades, pero no había comunicación”, recuerda.
Más tarde, la línea del frente se estabilizó. “Entonces comenzó una verdadera guerra terrestre, en la que la infantería, los tanques, la artillería y las fuerzas aéreas eran los medios más importantes. Una guerra clásica, como las que se describen en los libros”, apunta el soldado.
Ese mismo año, los lanzacohetes extranjeros, entre ellos los del tipo Himars, se convirtieron en un factor decisivo, opina Vladyslav Urubkov, de la fundación “Come Back Alive” (Regresa Vivo), que equipa al ejército ucraniano con vehículos y lanzagranadas y organiza proyectos educativos. “Los Himars tuvieron una gran influencia en el éxito de la contraofensiva en Járkov”, subraya Urubkov, que entretanto ha abandonado el ejército.
Al año siguiente, el ejército comenzó a utilizar masivamente el cuadricóptero chino Mavic. Al principio, para reconocimiento aéreo, pero pronto también como dron de ataque que lanzaba explosivos. Más tarde se añadieron los drones kamikaze.
Desde el verano de 2023, ambos bandos utilizan estos drones de forma masiva. “Tuve la suerte de servir en la infantería antes de que los drones dominaran el campo de batalla”, afirma Oleksandr Kashaba. Debido a esta evolución, casi todo lo que hacía entonces ya no es posible en el campo de batalla actual.
Durante la contraofensiva, Kashaba trabajó a solo un kilómetro y medio de las posiciones rusas con una ametralladora de gran calibre fabricada en Estados Unidos. Además, recorrió grandes distancias en terreno abierto y se encargó de la logística en un vehículo blindado. Transportó municiones y provisiones, relevó al personal y evacuó a personas.
En aquel entonces, los heridos eran transportados en un vehículo blindado a cuatro kilómetros de distancia, donde les esperaba un equipo de evacuación. Desde allí, este equipo los trasladaba a un punto de estabilización más alejado, en el interior del país.
Debido a la ampliación de la zona de muerte, esto ya no es posible hoy en día. “En aquel entonces, los heridos llegaban a nosotros pocas horas después de haber sufrido las lesiones. Ahora se tardan días”, explica la paramédica conocida como “Kashan”, que forma parte de un equipo de evacuación.
En febrero de 2024, los rusos comenzaron a avanzar rápidamente en la región de Donetsk. Fue precisamente en ese momento cuando se hizo patente la falta de soldados en el frente, recuerda Oleksandr Kashaba, que en aquel entonces fue trasladado al cuartel general debido a sus heridas.
Al mismo tiempo, continuó el desarrollo de los drones. El ejército ucraniano fue el primero en utilizar hexacópteros. Estos se emplearon tanto para combatir objetivos y lanzar minas a grandes distancias como para fines logísticos. Paralelamente, se desarrollaron medios para la guerra electrónica.
Según Vladyslav Urubkov, los drones kamikaze cambiaron radicalmente la guerra. “El mayor avance se produjo a finales de 2023 y principios de 2024, cuando se retrasaron los suministros de proyectiles de artillería occidentales”, analiza. En los combates que se libraron entonces por Avdivka, los ucranianos utilizaron drones de pilotaje con visión remota (FPV, según sus siglas en inglés) contra los rusos, que los superaban en artillería.
Para Stanislav Kotsherha, en cambio, el desarrollo de los FPV es consecuencia de la eficiencia y el costo relativamente bajo de los drones kamikaze. Ambas partes habrían utilizado drones de ataque a gran escala al mismo tiempo. “Las unidades en el frente tuvieron que adaptarse, cavar trincheras, camuflarlas y protegerlas de los drones. La tecnología tuvo que retirarse de la línea del frente. Al comienzo de la guerra, un tanque se encontraba a tres kilómetros de la línea, pero desde 2024 debe estar a entre diez y quince kilómetros. El alcance de la munición barata y precisa ha aumentado”, explica.
Como consecuencia, los soldados de infantería deben esconderse bajo tierra y tienen menos visibilidad. En consecuencia, “el enemigo se infiltró en pequeños grupos”, según el soldado.
El verano de 2024 estuvo marcado por el inicio de la ofensiva de Kursk. El ejército ucraniano avanzó rápidamente hacia territorio ruso, pero no pudo mantener sus posiciones. En la primavera de 2025, la operación había terminado. Una de las razones del éxito de la contraofensiva rusa fueron los drones de fibra óptica, que son insensibles a las maniobras de interferencia electrónica.
“Los rusos comenzaron a utilizar estos drones para atacar a cualquier vehículo que se dirigiera hacia Kursk”, dice “Kashan”. “Conducíamos de noche y daba mucho miedo, porque sabíamos que no teníamos forma de defendernos contra esos drones”.
Al mismo tiempo, la paramédica observó que el número de heridos disminuyó. “En 2024, hubo días en la zona de Avdivka en los que nos llegaron hasta doscientos heridos. Más tarde, ese número se redujo considerablemente. El principal problema es la zona de muerte, que en algunos lugares tiene entre 20 y 25 kilómetros de ancho. Se ha ampliado debido al uso de la tecnología. Ahora se puede matar con mayor precisión. Esto dificulta la evacuación de los heridos graves”, explica la mujer.
Actualmente, los médicos militares atienden a los heridos mediante videoconferencia directamente en sus posiciones y les envían medicamentos con drones. De este modo, los soldados con amputaciones y hemorragias pueden sobrevivir incluso cuando no es posible evacuarlos durante semanas. Para evacuar a los heridos también se utilizan ahora robots terrestres. Estos también sirven para realizar entregas en las posiciones y están equipados con ametralladoras.
Una tendencia que el ejército ha observado en 2025 son los intentos de derribar drones de reconocimiento. Para ello, Ucrania está trabajando activamente en el desarrollo de drones interceptores. Al principio, se trataba de una iniciativa voluntaria, pero ahora Ucrania cuenta con toda una infraestructura dedicada a ello, afirma Vladyslav Urubkov, de la fundación “Come Back Alive”.
A juicio de Urubkov, el acontecimiento más importante a principios de 2026 fue la desconexión de las tropas rusas de las terminales de internet satelital Starlink, que utilizaban para coordinar unidades y controlar drones.
“Nuestra ventaja radicaba en el uso de Starlink”, afirma, y señala que, con el tiempo, los rusos también habrían encontrado la manera de utilizar la red de satélites. “Esperemos que los rusos ya no puedan hacer todo lo que nosotros podemos hacer en el frente gracias a Starlink”, dice Urubkov.
Además, espera que el desarrollo tecnológico continúe: “En estas condiciones, las personas que están en primera línea son cada vez más vulnerables. Nos encontramos en una posición defensiva estratégica. Salvo contadas excepciones, esta guerra es una ofensiva estratégica del enemigo, que toma la iniciativa. Nuestro trabajo consiste principalmente en defender. Me gustaría cambiar eso”.
Sin embargo, Oleksandr Kashaba no cree que el desarrollo tecnológico pueda influir en el curso de la guerra: “Creo que todos los cambios tecnológicos importantes ya se han producido y que el curso de la guerra depende ahora de quién se quede primero sin soldados capaces de luchar en condiciones de dominio total de los drones kamikaze”.
Fuente: Deutsche Welle

