“En este momento vemos la batalla entre China y Estados Unidos en todos los planos de nuestra vida y, mucho me temo, que es una batalla que expulsa a los demás”, dijo a DW Ramón Jáuregui, presidente de la Fundación Euroamérica.
En una semana en que, por un lado, Uruguay y Paraguay aceleran la ratificación del Acuerdo UE-Mercosur y, por otro, el sistema de aranceles ha sido otra vez puesto de cabeza por Estados Unidos, el lugar y papel de la UE en América Latina y el Caribe cobra mayor relevancia.
Así, mientras Bruselas afirma que el Acuerdo UE-Mercosur entrará en vigor provisionalmente tan pronto un país latinoamericano lo haya ratificado, el Parlamento Europeo ha dejado en suspenso el acuerdo arancelario con Estados Unidos.
“Hay una constatación: Europa puede quedar marginada en la batalla que están librando, a nivel general, China y Estados Unidos. La influencia es desmedida de Estados Unidos en todos los países latinoamericanos y hay una creciente presencia china desde el punto de vista comercial y de inversiones. Europa corre el riesgo de quedar excluida también de una influencia geopolítica”, responde Ramón Jáuregui.
Como lo demuestran los acontecimientos internacionales, el acceso a la energía, a los combustibles fósiles, a los materiales estratégicos como el litio y las tierras raras marca el orden de los contendores en esta lid. Con China y Estados Unidos a la cabeza, ¿hay espacio para la Unión Europea en América Latina y el Caribe?, se planteaba esta misma semana en un seminario en el Parlamento Europeo.
“Estamos en una encrucijada. Desde la Secretaría General Iberoamericana (SEGIB) impulsamos que demos el salto juntos, porque no queda mucho tiempo”, dijo Andrés Allamand, secretario general de la SEGIB. Su llamado fue “wake up Europe”. Con todo, despertarse no es sinónimo de que la UE haya estado dormida. Pero quizás sí de que ha dormido en sus laureles.
China tiene acuerdos con Perú, Chile y Costa Rica; Estados Unidos, con México, Chile, Colombia, Perú y Panamá. Y la UE tiene acuerdos con todos, exceptuando Bolivia y Venezuela.
Por otro lado, según un reciente informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), la inversión extranjera directa (FDI) de Europa en América Latina ha contribuido no solo a crear puestos de trabajo sino mayores contratos permanentes con mejor salario y mayores oportunidades de formación laboral. También, según la nueva agenda para la transición digital y energética, las inversiones han aportado a diversificar la matriz energética.
En Colombia, las inversiones europeas han incrementado la producción de energía renovable y ampliado el sector digital. En Costa Rica ha incrementado la producción de tecnología médica y farmacéutica; en República Dominicana se ha orientado a la energía renovable y a un turismo con crecimiento inclusivo. ¿Entonces por qué corre el riesgo de quedarse fuera la UE del Nuevo Mundo?
Porque ya no es el primer inversionista en un Brasil que busca un gran acuerdo con India; porque Argentina está cada vez más cerca de un acuerdo con Estados Unidos, porque las grandes obras de infraestructura llevan el sello de Pekín. Y, por si fuera poco, porque los europeos siguen retrasando la ratificación definitiva del acuerdo con los gigantes del sur.
Cabe recordar que en la última cumbre UE-CELAC, en Santa Marta-Colombia, las ausencias europeas fueron estruendosas. La agenda internacional en un momento en que empezaron los ataques estadounidenses en el Caribe la redujeron al mínimo.
Con la actual política de Washington, ¿cómo acabar de convencer a los europeos de lo bueno que sería atar cabos e incrementar presencia en América Latina y el Caribe? “América Latina dispone de los elementos imprescindibles para las dos grandes transiciones del siglo XXI, la ecológica y la digital. Europa necesita esos recursos para evitar depender de otros países en elementos nucleares para la competitividad del futuro”, responde Ramón Jáuregui, expresidente de la Asamblea EuroLatinoamericana (Eurolat).
Además, sigue Jáuregui, “necesitamos la convergencia latinoamericana en un modelo regulatorio digital semejante a los valores e ideas que defendemos. Todo lo que es el modelo regulatorio de derechos digitales, protección del ciudadano y del consumidor, respeto a la verdad y a la democracia, y defensa frente a la manipulación tecnológica o la inteligencia artificial. Esto interesa a América Latina y el Caribe también. Nos permitiría sumar países frente al poderío casi oligopolístico de las grandes plataformas tecnológicas norteamericanas”, añade.
¿Y qué haría a los latinoamericanos y caribeños favorecer las inversiones y el modelo europeo? Cabe recordar que, a los ataques estadounidenses en el Caribe, la respuesta europea fue tímida y la latinoamericana, dividida. “Les abrimos un mercado de 450 millones de personas, con alto valor añadido y, con acuerdos comerciales y regulatorios, que garanticen seguridad jurídica, las inversiones fluirán más fácilmente”, afirma Ramón Jáuregui.
A esto, el político español suma “los altos estándares sociales, laborales, medioambientales y tecnológicos de Europa que se implantan donde invierte. Además, Europa ha aprendido que América Latina no quiere que extraigamos el litio y lo llevemos a procesar a Europa o a China. Quieren producir baterías, con transferencia de tecnología y generación de valor local”, agrega Jáuregui esbozando la visión de futuro.
En cualquier caso, con Paraguay y Uruguay acelerando para que el acuerdo comercial más grande del mundo entre en vigor lo antes posible; con Brasil que ve la ratificación para antes de que comience el verano, y también con un buen balance de inversiones europeas en transición verde y digital, las perspectivas son mejores para las relaciones con un Viejo Continente.
“Europa es una potencia dependiente —en ámbitos vitales como el espacio, el de las telecomunicaciones, la defensa, el comercio—, pero en donde cobra fuerza la idea de que el sometimiento no conduce a ninguna parte”, concluye el presidente de la Fundación Euroamérica.
Fuente: Deutsche Welle

