Escándalos sexuales y de abuso amenazan reelección de Orbán

Escándalos sexuales y de abuso amenazan reelección de Orbán

Hungría no es ajena a las campañas electorales extremadamente polarizadas.

Por décadas, Viktor Orbán, tanto en el gobierno como en la oposición, ha seguido la misma estrategia: meses antes de las elecciones, ha lanzado campañas que sugieren que la supervivencia misma de la nación húngara está en juego.

En estas campañas, se presenta como el único que puede salvar a Hungría y a su pueblo del mal y la amenaza de destrucción a manos de los enemigos del país.

Hungría debe elegir un nuevo parlamento el 12 de abril, y esta vez la campaña es más negativa que nunca.

Orbán, su gobierno y su partido Fidesz no tienen reparos en empapelar el país con miles y miles de carteles antiucranianos, usar el dinero de los contribuyentes para organizar una “petición nacional” contra la Unión Europea (UE) y Ucrania, e inundar las redes sociales con videos falsos sobre la oposición generados por inteligencia artificial.

En esencia, el primer ministro y su equipo afirman que si Orbán pierde las elecciones, el país se enfrentará a la guerra, la movilización en el frente ucraniano, la esclavitud y un empobrecimiento masivo como consecuencia de los aumentos de impuestos obligados por Bruselas.

La razón de esta espiral descendente es sencillamente la posibilidad real de que Orbán pierda el poder por primera vez desde 2010.

Durante meses, Peter Magyar y su partido opositor Tisza han liderado de forma clara y constante las encuestas de opinión.

Al mismo tiempo, el primer ministro y su gobierno lidian con las consecuencias de una serie de escándalos públicos autoinfligidos.

El primero de estos escándalos se relaciona con graves casos de violencia y abuso sexual de menores en un centro de detención juvenil en Budapest. En los últimos meses, han ido saliendo a la luz nuevos aspectos de la historia.

El lugar, que era prácticamente una prisión brutal para jóvenes infractores, fue clausurado.

Al parecer, los representantes del gobierno conocían las condiciones en las instalaciones desde hacía tiempo, pero no hicieron nada, a pesar de que la protección infantil, sumada a la homofobia, es un tema central para el gobierno de Orbán. De hecho, al gobierno le gusta afirmar que protege a los niños húngaros de la “propaganda LGBTI de Bruselas” y los supuestos abusos que esta conllevará.

Orbán y algunos miembros de su gobierno y partido también parecieron sugerir hace unas semanas que las propias víctimas eran responsables, al señalarlas como delincuentes.

A principios de esta semana, Hungría se vio conmocionada por las revelaciones sobre los riesgos ambientales y para la salud en una planta de baterías de Samsung en God, una ciudad al norte de Budapest.

Según una investigación realizada por el sitio web de noticias húngaro Telex.hu, el personal de la fábrica estuvo expuesto por años a partículas tóxicas de metales pesados, que se emitían al aire, al suelo y a las aguas subterráneas. Los documentos muestran que en algunos casos los niveles eran 500 veces superiores a los límites permitidos.

El gobierno húngaro aparentemente estaba al tanto de esto, e que incluso se afirma que la agencia de inteligencia húngara AH le advirtió sobre la catastrófica situación. No obstante, se informa que el ministro de Relaciones Exteriores, Peter Szijjarto, detuvo el cierre de la planta.

La historia es explosiva porque el gobierno de Orbán lleva años impulsando el desarrollo masivo de la producción de baterías en Hungría y lo ve como un pilar de la política económica y tecnológica en el futuro del país.

Y luego está la historia de un supuesto video sexual que involucra a Magyar. Hace unos días, una foto en blanco y negro de una cama destendida en una habitación apareció en un misterioso sitio web que lleva el nombre del vicelíder de Tisza, Mark Radnai, pero que no pertenece a él. La imagen fue tomada desde la perspectiva de lo que parece ser una cámara de seguridad.

Tras días de especulaciones, el propio Magyar publicó un video en Facebook sobre la foto el 12 de febrero. En él, afirmaba haber tenido “relaciones sexuales consentidas” con una exnovia en esa habitación el 3 de agosto de 2024. También afirmó que había drogas en una mesa del apartamento, pero que no las había consumido.

Magyar acusó inicialmente a la mujer en cuestión de haberlo filmado en esta situación en nombre del gobierno de Orbán y de Fidesz, y afirmó que todo era una “campaña al estilo ruso” para desviar la atención de la “fábrica de la muerte” en God.

Poco después, su exnovia declaró a los medios húngaros que no sabía nada del asunto y sugirió a Magyar que si se publicaba el video podrían presentar cargos conjuntamente.

Fuente: Deutsche Welle

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