El envejecimiento es un arma de doble filo en América Latina. Por un lado, representa un logro en las sociedades, ya que han podido reducir la mortalidad infantil y el embarazo adolescente, al tiempo que se ha aumentado la esperanza de vida; por el otro es un desafío para el crecimiento económico, el mercado laboral y la sostenibilidad financiera, cobertura y suficiencia de las políticas sociales.
Datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) destacan que la población está experimentando un “acelerado” proceso de envejecimiento. Se estima que las personas de 65 años y más en América Latina y el Caribe suman alrededor de 65 millones y representan el 9.9% de la población total. Para 2050, se espera que este grupo etario alcanzará los 138 millones de personas y representará el 18.9% de la población regional.
El informe “Impactos económicos del envejecimiento en América Latina y el Caribe” establece que República Dominicana es uno de los 18 países donde se observa que la tasa de pobreza tiende a ser menor entre las personas de 65 años y más en comparación con la población infantil y joven. Esto así, porque ese grupo recibe un mayor acceso relativo a la protección social, cuenta con el apoyo económico de familias en hogares multigeneracionales y en algunos casos tienen un patrimonio acumulado durante la vida.
Acorde con el documento, muchos dominicanos mayores dependen de pensiones para subsistir, no obstante, la cobertura y suficiencia de las pensiones no asegura necesariamente un piso adecuado de bienestar.
De hecho, en 18 países de la región, incluyendo a República Dominicana, en el quintil más bajo los adultos mayores que recibían pensiones insuficientes alcanzaban más del 83%, mientras que en el quintil más alto esta proporción era de 29.5%.
“Aunque las desigualdades entre quintiles de ingreso son predominantes entre las personas mayores que reciben pensiones insuficientes, también se observan brechas de género que afectan de manera sistemática a las mujeres en todos los quintiles”, detalla el informe.
Según el organismo, los cambios demográficos no son independientes del contexto económico en que ocurren. La Cepal añade que todas las variables económicas, como la fuerza de trabajo, el ingreso laboral, el consumo, la capacidad de ahorro y el crecimiento económico, entre otras, se ven impactados por el ciclo de vida y los cambios en la estructura etaria de la población.
En el indicador de años de esperanza de vida saludable —que se refiere a los años de vida libres de enfermedades y discapacidad— República Dominicana supera los 60 años. La tasa de participación de la población de 65 años y más en el país caribeño supera el 30%, por encima de Brasil, Chile, Panamá, México y Colombia.
La Cepal indica que Quisqueya cuenta con uno de los mejores bonos demográficos (período en que la población activa es mayor que la dependiente), de 72 años, el sexto más alto en la región latinoamericana, solo superado por Bolivia, Nicaragua, Paraguay, Honduras, así como Guatemala.
Asimismo, el país caribeño podría sumar, en promedio, un 0.36% anual extra al crecimiento de su producto interno bruto (PIB) per cápita, ubicándose en el quinto lugar en la región, a su vez, superando a 11 Estados de la región.
El documento destaca que República Dominicana aún tiene margen para anticiparse al envejecimiento de su población, sin embargo, convertir ese tiempo en políticas públicas efectivas será determinante para asegurar que los años ganados en esperanza de vida se traduzcan también en bienestar, productividad y estabilidad social.
Fuente: El Dinero
