En tiempos de Donald Trump, Islandia se acerca a la UE

En tiempos de Donald Trump, Islandia se acerca a la UE

Aunque supuestamente se trataba tan solo de una broma, nadie en Islandia quiso reírse. En enero de 2026, Billy Long, el recién nombrado embajador estadounidense en Reikiavik, bromeó ante algunos congresistas diciendo que Islandia pronto podría convertirse en el 52.º estado de EE. UU. y que él mismo iba a ser su gobernador.

La declaración se produjo en un momento en que los socios de la OTAN temían que el presidente Donald Trump pudiera anexarse Groenlandia como el 51.º estado.

La indignación en Islandia no se hizo esperar. El Ministerio de Exteriores islandés pidió una aclaración, en las redes sociales llovieron comentarios en contra, y miles de los apenas 400.000 ciudadanos islandeses firmaron una petición para que se le negara la acreditación a Long. El republicano se vio obligado a retractarse: el comentario “no fue serio: si alguien se sintió ofendido, me disculpo”.

Que los islandeses reaccionen con alarma ante tales declaraciones se debe, en buena parte, al reciente debate entre el presidente Trump y los socios de la OTAN sobre Groenlandia. Aunque Islandia pertenece a Europa, la isla está mucho más cerca de Groenlandia que del continente europeo: apenas 300 kilómetros separan ambos territorios. La preocupación de convertirse también en un peón de las grandes potencias es grande.

Tan grande que en la isla volcánica se están considerando nuevamente unirse a la Unión Europea. En principio, el Gobierno de centroizquierda pro-UE planeaba un referéndum en 2027, pero los acontecimientos recientes han adelantado la votación a agosto de 2026. Las encuestas muestran que las posibilidades de un “Sí” son altas: actualmente, el 45 por ciento de los islandeses apoya la adhesión a la UE y solo el 35 por ciento se opone.

Tradicionalmente, los islandeses se sienten orgullosos de su independencia y autonomía, favorecidas por el aislamiento geográfico. En 1944 la república insular obtuvo su independencia de Dinamarca y, desde entonces, se celebra ampliamente el 17 de junio como fiesta nacional.

Durante décadas, la membresía completa en la UE no ha sido tema relevante. Islandia es miembro de la Asociación Europea de Libre Comercio (EFTA) y del Espacio Económico Europeo (EEE). Disfruta por lo tanto beneficios del mercado único europeo y forma parte del espacio Schengen.

Sin embargo, la adhesión completa ha fracasado principalmente por la política pesquera de la UE. La pesca es el sector más importante de la economía islandesa, y como miembro de la UE Islandia tendría que someterse a la política pesquera común, abrir sus aguas ricas en peces a flotas de otros países de la UE, perder el control nacional sobre las cuotas y enfrentarse al riesgo de sobrepesca.

Islandia es miembro fundador de la OTAN, pero no posee ejército propio, pese a su posición geoestratégica en el Atlántico Norte. Durante décadas, confió en EE. UU. como potencia protectora, pero ahora precisamente este aliado es visto con creciente crítica.

Y no solo por Groenlandia: los aranceles del 15 por ciento impuestos por Trump afectan duramente a un país tan dependiente de la exportación pesquera, generando mayor distanciamiento. Estados Unidos es, tras la UE, el segundo socio comercial más importante de Islandia. Por ello, a pesar de las preocupaciones sobre la industria pesquera, la adhesión a la UE resulta cada vez más atractiva para muchos islandeses.

No es la primera vez que Islandia se acerca a la UE. En 2008, la isla fue duramente golpeada por la crisis financiera global. Los tres bancos más grandes colapsaron, el desempleo pasó de casi cero al 10 por ciento, la corona islandesa perdió valor masivamente y el país solicitó un crédito al FMI por más de dos mil millones de dólares. Islandia estuvo al borde de la quiebra y pidió ingresar a la UE, esperando beneficiarse del rescate del euro.

Sin embargo, en los años siguientes Islandia se recuperó económicamente. En 2013, una coalición escéptica de centro-derecha ganó las elecciones y suspendió las negociaciones de adhesión. El entusiasmo por Europa disminuyó en la población y, en 2015, el país retiró completamente su solicitud.

Ahora, ante el cambio de la situación geopolítica, Islandia parece experimentar un nuevo giro. En Bruselas lo ven con buenos ojos. La comisaria de Ampliación de la UE, Marta Kos, ya ha dicho que Islandia “siempre es bienvenida” a retomar las negociaciones interrumpidas en 2015 y que la UE “mantiene contacto estrecho para abordar los cambios geopolíticos en estos tiempos turbulentos”.

Dado que Islandia ya está fuertemente integrada en estructuras europeas a través del EEE y la EFTA, Bruselas lo considera un socio relativamente sencillo en las negociaciones. Y en la disputa de poder e influencia con EE. UU., una adhesión islandesa enviaría una señal clara de fortaleza hacia Washington.

Fuente: Deutsche Welle

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