Elecciones en Etiopía, al borde de la guerra

Elecciones en Etiopía, al borde de la guerra

Ante las elecciones del 1 de junio de 2026 en Etiopía, las expectativas de muchos etíopes están puestas en mejorar su vida cotidiana. "No estoy satisfecho con la situación económica actual, pero creo que el partido gobernante Prosperity seguirá en el poder", dice a DW un hombre de 50 años en Addis Abeba.

"Si la paz regresa al país, podría producirse un verdadero desarrollo. Eso aliviaría el actual problema de inflación". Otro votante, de 35 años, también deposita sus esperanzas en los comicios: "Espero que traigan paz y estabilidad", comenta a DW.

"Las elecciones siempre son algo positivo", dice a DW un joven de 26 años. "Pero se presta muy poca atención a los problemas de la gente que lucha contra la inflación", lamenta. Como persona joven, le preocupa mucho la emigración de numerosos jóvenes etíopes a otros países debido a la falta de empleo.

Pese a las esperanzas de la población, los expertos creen que la situación seguirá siendo frágil en uno de los países más poblados de África. "Las elecciones en Etiopía serán un asunto puramente formal para otorgar legitimidad al Gobierno. No existe ninguna posibilidad de cambiar o desafiar al Gobierno mediante las elecciones", dice a DW Kjetil Tronvoll, investigador sobre paz y conflictos del Oslo New University College. Para él, los comicios son más un ejercicio simbólico que una verdadera competencia política.

Críticas similares llegan desde los partidos políticos. La Coalición por la Unidad de Etiopía (CEU), una alianza de varios partidos de oposición, ha exigido "poner fin a la guerra, liberar a los presos políticos, ampliar el espacio político y entablar conversaciones con la oposición real y las élites como requisito previo para las elecciones", explica a DW su portavoz, Getnet Worku.

Por su parte, Abraham Getu, presidente de la misma coalición, subraya que las circunstancias de las elecciones determinarán si la coalición continúa en la contienda o se retira. "La decisión dependerá de las condiciones reales".

La Comisión Electoral Nacional de Etiopía (NEBE) ha publicado cifras que, a primera vista, reflejan una democracia funcional: cerca de 2.100 candidatos concurren al Parlamento nacional y más de 8.000 a los parlamentos regionales. Compiten en representación de 47 partidos políticos registrados o como candidatos independientes.

El partido gobernante, Prosperity Party, parte con clara ventaja: actualmente ocupa 457 de los 547 escaños electorales y los expertos coinciden en que esto probablemente seguirá así. De este modo, también el primer ministro, elegido por el nuevo Parlamento, seguiría siendo el mismo: "Los etíopes reelegirán casi con total seguridad al primer ministro Abiy Ahmed el 1 de junio con una mayoría superior al 90 por ciento", confirma a DW el analista político Martin Plaut. "Eso fue lo que pasó la última vez y volverá a conseguirlo ahora".

Plaut también considera las elecciones como una forma de legitimación del Gobierno, algo meramente formal para la mayoría de los etíopes. "No está claro si esto tendrá un impacto real en la vida de la gente común. Y tampoco sabemos si provocará más disturbios y conflictos con la región norteña de Tigray, o si pondrá al primer ministro Abiy en posición de iniciar una guerra con Eritrea o verse envuelto en nuevos conflictos en Sudán".

El primer ministro, Abiy Ahmed, ha dicho que las elecciones son una señal de estabilidad y progreso. Pero el Premio Nobel de la Paz de 2019, reconocido entonces por sus reformas democráticas, encabeza hoy una nación profundamente dividida por diferentes líneas de conflicto.

Mientras el Gobierno, dirigido por el Prosperity Party, se prepara para las elecciones, Etiopía afronta rebeliones generalizadas y el riesgo creciente de una guerra con Eritrea. Según analistas, los esfuerzos del dominante Frente Popular de Liberación de Tigray (TPLF) por recuperar el control total en la región etíope de Tigray podrían desembocar en una nueva guerra con el Gobierno central.

El TPLF gobernó Etiopía durante tres décadas, pero fue prohibido como partido político en 2025. El primer ministro Abiy se enfrenta en Tigray a un frente sólido: presuntamente, Eritrea y el Ejército sudanés apoyan al TPLF. Además, las exigencias de Abiy de obtener acceso propio al mar Rojo aumentan las tensiones con Eritrea.

Al mismo tiempo, las milicias Fano, en la región de Amhara, y el Ejército de Liberación Oromo, en Oromia, combaten contra el Ejército etíope. Las milicias controlan parcialmente ciudades y carreteras importantes en Amhara.

"Las elecciones podrían provocar inestabilidad local en determinadas regiones del país", subraya Tronvoll. Los rebeldes Fano-Amhara y grupos de Oromia se han pronunciado contra la celebración de los comicios. "Por ello, podrían intentar perturbar el proceso electoral en las comunidades donde están presentes o incluso atacar el desarrollo de las elecciones".

Debido a las hostilidades, Tigray no participará en los comicios. Pero ¿cómo pueden celebrarse elecciones "libres y justas" cuando aproximadamente un tercio del país está sometido a algún tipo de estado de excepción, control de milicias étnicas o bloqueo político con una administración interina cuestionada?

"No son elecciones reales y no deben considerarse como tales", subraya Plaut. El experto tampoco cree que el país esté ante un punto de inflexión. Los verdaderos peligros residen en la compleja situación política que persistirá después de las elecciones, especialmente ante las crecientes tensiones entre Etiopía, Eritrea y Sudán.

Fuente: Deutsche Welle

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