El sueño del espacio común académico euro-latinoamericano

El sueño del espacio común académico euro-latinoamericano

“Con la iniciativa Energytran, donde investigadores latinoamericanos trabajan sobre el litio y el hidrógeno verde, consolidamos redes de investigación entre Europa y América Latina, poniendo el foco en transición limpia y sostenible”, explica a DW Ana Capilla, directora general de Educación y Ciencia de la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación y Ciencia (OEI).

El proyecto -donde confluyeron investigadores de Costa Rica, México, Argentina, Chile, Brasil y España- tiene como objetivo modernizar tecnologías y determinar impactos sociales y ambientales de la producción de energías renovables. En un momento en que se reaviva el sueño del espacio académico común entre el Viejo y el Nuevo Continente, Energytran se puso como ejemplo esta semana en Bruselas.

“Este proyecto de Horizon Europe permitió la movilidad de investigadores latinoamericanos hacia Holanda y Alemania. Ahora estamos preparando otra propuesta con universidades polacas, italianas, portuguesas y españolas. Los europeos tienen mucho interés en cooperar con investigadores latinoamericanos”, agrega Ana Capilla.

“Horizon Europe es el programa de la UE para investigación e innovación”, explica a DW un portavoz de la Comisión Europea. “Está abierto al mundo de la cooperación científica. Todos los países de América Latina y el Caribe pueden participar en sus proyectos. Sin embargo, que puedan optar por financiación depende directamente de cómo estén clasificados”, añade. Si son países de renta baja y media, son elegibles directamente. Si se trata de Brasil, México, Chile, Panamá y Uruguay, que reciban fondos dependerá de cuán esencial se considere su participación para el éxito del proyecto.

Como fuere, de la iniciativa Espacio Académico Común entre la Unión Europea y América Latina y el Caribe se habló por primera vez en 1999, cuando se lanzó la idea de la asociación estratégica entre ambos continentes. Entretanto, los hechos concretos no acreditan muchos avances en cuanto al intercambio académico y la movilidad libre para estudiantes e investigadores.

Según datos de la OEI, en la región de América Latina y el Caribe se detecta la menor tasa de movilidad estudiantil, apenas poco menos de medio millón de estudiantes, en comparación al casi 1,5 millón anual de la Unión Europea.

De los estudiantes y especialistas latinoamericanos y caribeños que estudian o investigan en otro país, el 80 por ciento -provenientes de México, Argentina, Brasil, República Dominicana y Costa Rica- lo ha hecho, hasta el momento, en Estados Unidos. Por otro lado, según información europea, Brasil, con 563 becas, y México, con 572, están entre los cinco países del mundo que más becas europeas Erasmus+ recibieron entre el 2021 y 2025. En la lista sigue Colombia, con 411 becas.

Estas cifras, aunque positivas, poniendo al otro lado de la balanza los grandes objetivos de hace más de veinte años y la cantidad de proyectos, saben a poco. ¿Cómo se explican? Por un lado, para América Latina y el Caribe hay pocas plazas financiadas por el gran programa europeo de movilidad.

Por otro lado, “aunque tuviéramos el presupuesto de Erasmus, seguimos con el problema del reconocimiento de estudios y títulos. Y esto depende únicamente de los gobiernos”, sigue Ana Capilla. Si bien hay avances en convenios -en el ámbito del Mercosur, de América Central, de la Comunidad Andina, de la UNESCO- falta un compromiso político que ponga la investigación y el intercambio en educación con Europa alto en la agenda.

En concreto, la especialista habla de diversas “iniciativas dispersas, con mucho esfuerzo individual y poco respaldo institucional”. Según fuentes europeas, cuando se trata de estos proyectos, la cofinanciación desde América Latina y el Caribe se hace esperar. En general, según cifras de la OIE, América Latina y el Caribe destina el 0,6 por ciento de su producto interno bruto (PIB) a investigación. Y los montos difieren mucho de país a país: Brasil destina a ello el 62,4 por ciento del monto total, México y Argentina, el 10 por ciento y Chile y Colombia, el 3 por ciento.

Así las cosas, el Foro Académico Permanente, al que pertenecen renombradas instituciones académicas de la UE y América Latina y el Caribe, ha generado propuestas. Aunque no muchos, hay resultados concretos, como el Sello Sofía para acreditar la calidad de ciertas universidades hermanadas a ambos lados del Atlántico. También el sello Kalos, un certificado de calidad en educación superior en entornos virtuales.

Como fuere, desde la OIE, que trabaja a nivel ministerial con toda Iberoamérica y también con las instituciones de la UE, el enfoque se pone ahora también en aprovechar el impulso de la inversión en transición energética para crear espacios comunes de investigación y educación.

“Proyectos como Energytran, que hemos creado con el Global Gateway, son un buen ejemplo de cómo investigadores latinoamericanos que trabajan sobre el litio y el hidrógeno pueden conectarse con colegas europeos y avanzar más rápido”, afirma Ana Capilla.

El momento geopolítico sería favorable: con Estados Unidos cerrándose hacia la movilidad desde América Latina y el Caribe, Europa, con nuevos programas para atraer investigadores, podría mover un alfil en el tablero. Los países latinoamericanos y caribeños podrían comenzar con homologaciones regionales.

Por otro lado, el recién firmado acuerdo “corredor de talentos” entre la UE y la India podría ser un precursor de un avance de ese tipo con los socios latinoamericanos. En cualquier caso, la línea del horizonte está puesta en noviembre del 2026, en la Cumbre Iberoamericana en España.

Fuente: Deutsche Welle

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