Tras casi un año en la clandestinidad, la líder opositora venezolana y Premio Nobel de la Paz María Corina Machado retornó sorpresivamente a su patria, donde fue recibida por miles de seguidores, que expresaron su apoyo a la coordinadora nacional del partido Vente Venezuela (VV).
Después de la "profunda represión" que se vivió entre 2023 y 2025, "fue realmente conmovedor ver a tanta gente salir a las calles" y movilizarse por razones políticas, comenta Laura Cristina Dib, directora del programa de Venezuela en la Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA, por sus siglas en inglés).
A su juicio, "la llegada de Machado a Venezuela genera presión sobre Washington por la movilización social". "La gente ha demostrado estar comprometida con una ruta democrática, pacífica y electoral", sostiene Dib, y agrega que "quiere una transición genuina y creíble".
Esto incluiría todas las garantías para realizar comicios, la libertad de los presos políticos, reformas legítimas, el levantamiento de las inhabilitaciones políticas, la definición de un cronograma electoral y la renovación del Consejo Nacional Electoral.
"Hay un profundo descontento que puede ser canalizado con el regreso de Machado. Ojalá que Washington escuche esta presión para poder amarrar algunos de esos hitos democráticos que la gente está pidiendo", señala a DW la experta de WOLA.
También José Vicente Carrasquero, profesor titular de la Universidad Simón Bolívar, cree que el retorno de María Corina Machado puede acelerar la transición democrática en el país sudamericano, "porque devuelve capacidad de movilización y organización a un liderazgo con un respaldo popular considerable".
Sin embargo, el académico agrega que "ese potencial dependerá de su capacidad para convertir el entusiasmo del regreso en organización sostenida, acuerdos entre las fuerzas democráticas y exigencias concretas".
Asimismo, "habrá que observar cuánto espacio efectivo le permiten ejercer. Su retorno adquiere verdadero alcance democrático si puede recorrer el país, reunirse con sus seguidores y defender sus propuestas con seguridad y libertad", explica el politólogo.
Laura Cristina Dib tampoco descarta que Washington esté enfrentando presión por parte del sector privado. Como garantías para su inversión en Venezuela, algunos actores económicos estarían exigiendo reglas claras y una mayor predictibilidad del futuro.
Según la abogada venezolana, esta circunstancia podría explicar la entrada de Machado al país el 25 de octubre de 2026, después de siete intentos fallidos.
El regreso de la política exiliada coincide con las negociaciones entre algunos sectores de la oposición y el gobierno interino encabezado por Delcy Rodríguez. ¿Cuál es la relación de poder entre Washington, el chavismo y la oposición?
"Venezuela atraviesa una estabilización bajo tutela estadounidense, cuyo desenlace democrático sigue abierto", opina Carrasquero.
En declaraciones a DW, el profesor de la Universidad Simón Bolívar apunta que "Washington dispone de la mayor capacidad para condicionar el rumbo general: combina poder militar, instrumentos económicos y respaldo político a la administración de Delcy Rodríguez. Su intervención ha sido determinante tanto en la continuidad de esa administración como en la configuración de las negociaciones".
No obstante, el académico venezolano especifica que, dentro del país, el aparato chavista conserva instrumentos decisivos de poder. "Administra las instituciones, mantiene capacidad coercitiva y puede facilitar, retrasar o limitar los cambios. Por eso, describir a sus dirigentes como simples ejecutores de instrucciones estadounidenses subestimaría sus intereses y su capacidad de resistencia".
Asimismo, Carrasquero menciona que "las fuerzas democráticas aportan respaldo ciudadano, organización y una demanda de legitimidad que ningún arreglo puede ignorar indefinidamente". En su opinión, el regreso de Machado podría fortalecer esa capacidad de incidencia.
El politólogo critica "una distribución profundamente desigual del poder: Estados Unidos condiciona el marco estratégico; el chavismo conserva el control operativo del Estado; y las fuerzas democráticas intentan transformar su respaldo social en capacidad efectiva de decisión".
"La cuestión decisiva", puntualiza, "es hacia dónde conduce ese equilibrio. Habrá avances democráticos cuando quienes controlan el Estado acepten garantías que les permitan perder el poder y entregar el gobierno. Hasta entonces, la democratización seguirá siendo una posibilidad en disputa".
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Fuente: Deutsche Welle

