El primer ministro electo de Hungría, Péter Magyar, tiene una notable habilidad para sacar provecho a las situaciones. Este don es escaso en la política y fue determinante para la histórica victoria electoral de su partido, el Tisza, en las votaciones del 12 de abril.
Un momento que ilustra esta cualidad, y que se viralizó en Hungría, tuvo lugar en un mitin de campaña en un pequeño pueblo del sur del país, a comienzos de abril. Magyar vio a periodistas de un medio moscovita cercano al Kremlin, y los saludó espontáneamente. “Les doy la bienvenida a los medios de propaganda rusos. ¡Disfruten de la libertad y del cambio de gobierno!”, lanzó. La multitud aplaudió con entusiasmo y empezó a gritar “¡Rusos, váyanse a casa!”. Fue una reacción relacionada con la divulgación de una conversación telefónica del primer ministro húngaro, Viktor Orbán, con el autócrata ruso Vladimir Putin. En ella, Orbán se mostró particularmente servil.
Magyar, de 45 años, y sus ministros prestarán juramento el sábado 9 de mayo en el Parlamento, donde por primera vez en doce años volverá a flamear la bandera de la Unión Europea. El nuevo primer ministro declaró el acto como una “fiesta del cambio de sistema”.
El gabinete con el que Magyar pretende lograr un cambio sistémico es inusual. La ministra de Asuntos Exteriores, Anita Orbán —sin relación con el saliente primer ministro—, es diplomática y experta en energía, y alguna vez perteneció al ala proeuropea de Fidesz, el partido de Viktor Orbán. Ya en 2008 advirtió sobre la política energética imperialista de Rusia en un libro que recibió muy buenas críticas a nivel internacional.
El ministro de Economía será un ex alto directivo de Shell, y el ministro de Defensa será el ex jefe del Estado Mayor General húngaro, Romulusz Ruszin-Szendi, a quien el gobierno de Orbán declaró enemigo debido a su postura supuestamente demasiado proucraniana.
También existe una figura controvertida: el ministro de Justicia, Marton Mellethei-Barna, es antiguo compañero de estudios de Magyar, está casado con la hermana menor de este y es, por tanto, cuñado del jefe de Gobierno. El parentesco generó críticas. Magyar defendió el nombramiento citando el profesionalismo y la idoneidad de su cuñado.
Como primer ministro, Magyar tiene dos prioridades: a nivel interno, debe desmantelar el sistema diseñado a la medida de Viktor Orbán y reestablecer el Estado de derecho. Entre sus primeras medidas, pretende crear una agencia anticorrupción, y otra para recuperar y devolver al erario público los fondos y contratos estatales distribuidos ilegalmente entre los allegados de Orbán. Además, Magyar anunció planes para cerrar los medios de comunicación leales al saliente primer ministro y establecer un nuevo sistema de medios independientes.
Queda por ver hasta qué punto el nuevo gobierno podrá deshacerse de los “títeres de Orbán”, como los llama Magyar. Pese a la mayoría de dos tercios que ostenta el partido del primer ministro en el Parlamento, el trabajo podría resultar difícil, pues incluye a figuras como el presidente Tamas Sulyok, el fiscal general y altos funcionarios judiciales. Si Sulyok no renuncia, tendría la posibilidad de retrasar significativamente las reformas.
En política exterior, Magyar aspira a recuperar la posición de Hungría como socio fiable de la Unión Europea y la OTAN, mejorar las relaciones con los países vecinos, y asegurar la liberación de los fondos de la UE congelados para Hungría. Esto último es determinante para la supervivencia económica del país, sumido en una crisis cuya magnitud es peor de lo que se temía. El déficit presupuestario se acerca al 6 por ciento gracias a la generosa política de gasto de Orbán.
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Hay un área de la política exterior que podría convertirse en una prueba de democracia y populismo para Magyar: su postura sobre Ucrania. El nuevo primer ministro invitó recientemente al presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, a una “reunión histórica” en la pequeña ciudad ucraniana de Bérejove, que tiene una población predominantemente húngara. Es inusual desde el punto de vista diplomático que un jefe de gobierno se invite a sí mismo y especifique el lugar que debe visitar el presidente del país anfitrión.
Sin embargo, Magyar fue más allá: afirmó que Hungría solo apoyará la adhesión de Ucrania a la UE si el país vecino deja de tratar a su minoría húngara como ciudadanos de segunda clase, lo que es sencillamente falso. Lo notable de esta afirmación es que Magyar la hizo después de reunirse con el alcalde de Berehove, Zoltan Babjak, quien le aseguró que los húngaros no sufren discriminación alguna en Ucrania.
Fuente: Deutsche Welle

