El microcrédito como palanca de dignidad y progreso

El microcrédito como palanca de dignidad y progreso

El mapa económico de República Dominicana no se dibuja únicamente con grandes rascacielos o zonas francas; su verdadera topografía la define el esfuerzo diario del pequeño empresario.

Con un tejido empresarial compuesto en más de un 90 % por micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes), este sector no es solo un componente de la economía: es su columna vertebral. Sin embargo, por décadas, este motor ha operado bajo la sombra de la exclusión financiera.

En este contexto, el microcrédito surge no como una simple transacción bancaria, sino como un acto de justicia económica. Es el puente que permite a miles de dominicanos cruzar del terreno de la subsistencia al de la producción formal.

Sin el acceso a recursos frescos, oportunos y con tasas competitivas, los sueños de emprendimiento de los sectores menos favorecidos quedarían sepultados bajo la burocracia o el agobio de los préstamos informales. Es preciso admitir que ha habido avances.

Es aquí donde la labor de Promipyme adquiere una relevancia estratégica innegable. La institución se ha convertido en el pulmón financiero de quienes, de otro modo, serían invisibles para la banca tradicional. Al ofrecer el respaldo necesario para materializar proyectos que carecen de garantías convencionales, el Estado dominicano, a través de este organismo, no solo inyecta capital, sino esperanza y estabilidad social.

Los datos de los últimos dos años son reveladores. En un escenario global y local marcado por la volatilidad y tasas de interés elevadas, el aporte de Promipyme ha sido un contrapeso vital. La institución publicó un informe que revela que ha puesto en manos de los emprendedores alrededor de RD$14,000 millones.

Estos fondos han llegado a los barrios, a las provincias y a las manos de mujeres y jóvenes que ven en su negocio el único camino hacia el ascenso social.

No obstante, el crédito por sí solo es insuficiente si no va de la mano con el acompañamiento técnico. La educación financiera y el asesoramiento son los que garantizan que el capital se convierta en crecimiento sostenible. Un emprendedor capacitado es un emprendedor con menor riesgo de quiebra y mayor potencial de expansión.

La ruta hacia el desarrollo nacional exige que los recursos sigan fluyendo con mayor intensidad hacia los sectores que más lo necesitan. Democratizar el crédito es democratizar las oportunidades. Es imperativo seguir fortaleciendo los mecanismos de financiamiento.

Fuente: El Dinero

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