Los precios del combustible para aviones se han más que duplicado desde que Estados Unidos e Israel atacaron por primera vez a Irán en febrero. En Europa, la subida ha ido desde los 68,27 euros por barril en febrero hasta los 153,84 euros a finales de abril, según la Asociación Internacional de Transporte Aéreo.
“Si los precios del combustible, que representan entre el 25 y el 50 por ciento de los gastos operativos totales de una aerolínea, se mantienen altos y las compañías no se han protegido contra ello, podrían quebrar”, comenta a DW Marina Efthymiou, profesora de gestión de aviación en la Universidad de la Ciudad de Dublín.
Además de ese aumento vertiginoso, se espera pronto una escasez de combustible para aviones. Hace dos semanas, el jefe de la Agencia Internacional de la Energía advirtió que Europa tiene alrededor de seis semanas de reservas.
Europa consume en promedio unos 1,6 millones de barriles diarios de combustible para aviones y obtiene 1,1 millones de barriles de fuentes internas. Una gran parte del resto —500.000 barriles— solía provenir de Oriente Medio a través del estrecho de Ormuz, que ahora es prácticamente intransitable.
Algunas aerolíneas están trasladando el aumento de precios a los clientes. Según reportes, Air France-KLM ha impuesto un recargo de 100 euros en vuelos de larga distancia, mientras que Lufthansa anunció el 22 de abril que recortará 20.000 vuelos de corta distancia en los próximos seis meses. Scandinavian Airlines cancelará alrededor de mil vuelos.
En cuanto a las tarifas aéreas, han aumentado un 24 por ciento en el último año, según un informe reciente de la consultora Teneo.
Andrew Charlton, director gerente de la consultora Aviation Advocacy, señala que, aunque actualmente el suministro de combustible es suficiente, hay inseguridad por el futuro. “Esa incertidumbre y el costo adicional de mantener los depósitos llenos, encarece los billetes”, dice Charlton a DW. “Cabe esperar que los viajeros encuentren menos asientos y ofertas en el mercado”.
Airlines for Europe (A4E), una asociación de 16 aerolíneas europeas que asegura representar el 80 por ciento del tráfico aéreo europeo, ha pedido a la UE que adopte medidas urgentes para limitar el impacto del conflicto.
A4E ha solicitado a la UE que flexibilice las obligaciones de la legislación contra el “tankering”, que exige que los vuelos carguen el 90 por ciento del combustible necesario dentro del bloque. Estas leyes buscan desalentar que las aerolíneas carguen combustible más barato en países con normas ambientales más laxas.
También ha pedido suspender temporalmente el Sistema de Comercio de Emisiones de la UE, que obliga a las aerolíneas que operan en el bloque a pagar por sus emisiones de carbono.
“Son medidas temporales para superar la situación actual, junto con una planificación a largo plazo para prepararnos para el futuro”, dijo Ourania Georgoutsakou, directora general de A4E.
El Consejo Internacional de Aeropuertos (ACI), que se define como la voz de los aeropuertos del mundo, ha pedido importaciones desde ubicaciones alternativas, compras conjuntas por parte de los Estados miembros de la UE y mayor coordinación.
“En solo 60 días de conflicto, nuestra factura por importaciones de combustibles fósiles ha aumentado en más de 27.000 millones de euros”, ha dicho la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ante el Parlamento Europeo. “Proponemos una coordinación más fuerte, no solo para llenar los almacenamientos nacionales de gas, sino también en lo que respecta a las reservas de combustible, especialmente de combustible para aviones y diésel, donde los mercados se están tensando”.
La semana pasada, la Comisión Europea lanzó su plan AccelerateEU, que incluye el monitoreo de las reservas de combustible para aviones y la coordinación del suministro a aerolíneas y aeropuertos en todo el bloque.
Charlton apunta que un observatorio de combustible a escala de la UE para mapear las reservas disponibles y optimizar la distribución ya está en funcionamiento y es “digno de elogio”.
Otras voces advierten de que la supervisión y coordinación de la UE pueden mitigar el impacto de una posible escasez, pero, si la crisis se prolonga, eso podría resultar insuficiente. “Puede evitar que una escasez a nivel nacional se convierta en pánico continental, pero no puede crear combustible que no existe”, subraya Marina Efthymiou.
Fuente: Deutsche Welle

