Donald Trump ha experimentado un cambio radical de imagen: hasta hace unos meses, se dejaba celebrar como presidente pacifista, alardeaba de una lista cada vez mayor de conflictos supuestamente resueltos en el extranjero, fundó una Junta de Paz en competencia con las Naciones Unidas y se postuló numerosas veces para el Premio Nobel de la Paz.
Desde el inicio de la guerra con Iránel 28 de febrero de 2026, ya no puede mantener la imagen de pacifista que buscaba. Sobre todo porque en enero empleó al ejército para secuestrar al gobernante venezolano Nicolás Maduro y ya en 2025 ordenó ataques aéreos sobre otros países, entre ellos Irán.
Si tenemos en cuenta que Trump prometió en las tres últimas campañas presidenciales poner fin a las viejas guerras y no iniciar otras nuevas, todo esto resulta más que notable. “No más guerras interminables” es un lema de su base de apoyo, el movimiento MAGA, así que las consecuencias internas de la guerra con Irán pueden llegar a ser muy importantes para Trump.
La mayoría de los estadounidenses rechaza los ataques aéreos contra Irán, según muestran las encuestas. En un sondeo realizado por la cadena estadounidense CNN, el 59 por ciento se muestra insatisfecho con la decisión, mientras que solo el 41 por ciento la apoya. En el análisis llevado a cabo por la agencia de noticias Reuters, la proporción fue del 43 por ciento frente al 27 por ciento. Aquí, el 29 por ciento se decantó por la opción “indeciso”.
Entre los seguidores del Partido Republicano de Trump, el apoyo predomina en ambas encuestas. Pero lo cierto es que se ha producido una fisura en el hasta ahora tan unido bando MAGA. El influyente excomentarista de Fox News Tucker Carlson ya ha calificado el ataque de “absolutamente abominable y malvado”.
Johannes Thimm, director del grupo de investigación sobre América de la Fundación Ciencia y Política (SWP), prevé que este tipo de opiniones se multipliquen pronto: “En cuanto las consecuencias económicas se reflejen en Estados Unidos, las críticas se harán más fuertes”, comenta Thimm a DW. “El precio de la gasolina está subiendo debido al bloqueo de los suministros de petróleo. La guerra está impulsando la inflación, y una de las promesas centrales de Donald Trump era mantenerla baja. Además, el conflicto supondrá una gran carga para el presupuesto estadounidense”.
El asesor político estadounidense Jonathan Katz, de la Brookings Institution, también opina: “La situación actual en Oriente Medio probablemente aumentará las preocupaciones internas y reforzará aún más la atención sobre una economía estadounidense inestable, con precios de la energía e inflación en aumento. El hecho de que el Congreso, controlado por los republicanos, siga centrándose en temas como Epstein, ICE y la ‘Resolución sobre los poderes bélicos’ (War Powers Resolution) demuestra que los temas de política interior no desaparecen fácilmente”, escribe Katz, que trabajó para la senadora demócrata Amy Klobuchar en 2023, en respuesta a una pregunta de DW.
La “War Powers Resolution” es una resolución presentada por los demócratas estadounidenses en ambas cámaras, que tiene un carácter más simbólico que posibilidades reales de éxito. Su objetivo es obligar al presidente Trump a poner fin a los ataques. Como era de esperar, el Senado ya ha rechazado la resolución, y la votación en la Cámara de Representantes está prevista para el jueves, 5 de marzo de 2026.
En realidad, la Constitución estadounidense lo establece claramente: el derecho a declarar la guerra no recae en el presidente, sino en el Congreso. Pero lo cierto es que las guerras modernas suelen comenzar sin una declaración formal de guerra y, en determinadas circunstancias, un presidente puede llevar a cabo operaciones militares limitadas durante 60 días sin el consentimiento del Parlamento.
“Desde la guerra de Vietnam, las grandes guerras -antes de Donald Trump- siempre han sido autorizadas”, recuerda Thimm, director del grupo de investigación del SWP. “Es decir, la guerra de Irak, la guerra de Afganistán… George W. Bush obtuvo el consentimiento del Congreso”.
La opinión pública y, en última instancia, las posibilidades de éxito de los distintos candidatos en las elecciones de mitad de mandato en noviembre también dependen de cómo continúe la guerra.
La Administración Trump informa sobre la guerra a veces de forma contradictoria. Por un lado, Pete Hegseth, secretario de Defensa, ha dicho que EE. UU. puede “librar esta batalla con facilidad durante todo el tiempo que queramos. Y, como ya he dicho, nosotros ponemos las condiciones”.
Otros parecen tener una visión menos clara. En Estados Unidos ya se debate si el ejército dispone de armas defensivas suficientes para repeler misiles balísticos y drones, que, al fin y al cabo, también son relevantes como elemento disuasorio frente a otros adversarios. Y el ya mencionado comentarista de MAGA y opositor a la guerra Tucker Carlson incluso ha insinuado que, en última instancia, la decisión de ir a la guerra no la tomó el Gobierno de Trump: “Fue Benjamin Netanyahu”, aseguró Carlson en su podcast. Otros opositores a la guerra de MAGA también opinan que Estados Unidos ha sido arrastrado por Israel y, en parte, alimentan estereotipos antisemitas con sus declaraciones.
El asesor de Brookings, Katz, también echa en falta aclaraciones sobre la estrategia, los objetivos y la duración de la guerra, y añade: “¿Ha pensado la Administración Trump también en las consecuencias de la guerra, por ejemplo, la protección de miles de estadounidenses en Oriente Medio? Las repercusiones de los combates, incluyendo la naturaleza y la duración de la acción estadounidense en Irán, se dejarán sentir en Estados Unidos y en todo el mundo”.
Fuente: Deutsche Welle

