Una lancha rápida se acerca a la costa de Cuba en las primeras horas de la madrugada del 25 de febrero de 2026. Al parecer, procede de Florida y lleva a bordo a diez cubanos exiliados.
Cuando se encuentra con una patrullera de la guardia costera cubana, se produce un intercambio de disparos. Como resultado de la balacera, cuatro ocupantes de la lancha mueren y otros seis resultan heridos. Según informó posteriormente el Gobierno en La Habana, la incursión de los exiliados tenía “fines terroristas”.
El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, anunció que el incidente iba a ser investigado de manera independiente. Asimismo, aclaró que lo sucedido no tiene que ver con una operación oficial de Estados Unidos y que no hay personal gubernamental implicado.
El incidente ocurre en un momento de especial tensión entre Estados Unidos y Cuba. Marco Rubio mantiene una relación particular con el Estado caribeño, situado a menos de 150 kilómetros de la costa de Florida, ya que el secretario de Estado es hijo de inmigrantes cubanos en Estados Unidos.
Y no oculta cuál es el futuro político que desea para el país de origen de sus padres: “Creo que nos gustaría ver un cambio de régimen allí”, afirmó en enero durante una audiencia en el Senado estadounidense. “Eso no significa que vayamos a provocar activamente ese cambio”, añadió. No obstante, subrayó que sería una gran ventaja para Estados Unidos que Cuba dejara de estar gobernada por un “régimen autocrático”.
Actualmente, Estados Unidos está haciendo todo lo posible para debilitar al máximo al régimen en La Habana. Marco Rubio es considerado como la fuerza impulsora de la actual política estadounidense hacia América Latina y también desempeñó un papel decisivo en la detención de Nicolás Maduro.
La intervención militar en Venezuela tuvo graves consecuencias para Cuba, ya que interrumpió las vitales importaciones de petróleo procedentes de Caracas. Además, Estados Unidos amenazó con imponer aranceles punitivos a cualquier tercer país que intentara suministrar petróleo a la isla caribeña.
Desde entonces, los apagones de varias horas forman parte de la vida cotidiana en Cuba. El Gobierno ha tenido que reducir horarios laborales y escolares, y en muchos lugares autobuses y trenes han dejado de funcionar. Naciones Unidas ya ha advertido de un “colapso humanitario” en la isla, ya que la grave escasez de energía y combustible paraliza la refrigeración de alimentos, el suministro de medicamentos y el funcionamiento de bombas de agua.
Aunque Rubio anunció recientemente una ligera flexibilización para las exportaciones de petróleo al sector privado en Cuba, subrayó que las licencias serían revocadas de inmediato si el combustible se desviara hacia el ejército o el gobierno.
Washington considera a Cuba una “amenaza extraordinaria” para su seguridad nacional y su política exterior. A finales de enero, el presidente Trump incluso declaró el estado de emergencia nacional.
Estados Unidos acusa al liderazgo cubano de ofrecer una base a Estados y actores hostiles. Según Washington, Cuba alberga la mayor instalación de inteligencia de señales en el extranjero de Rusia, destinada a obtener información sensible sobre la seguridad estadounidense. También se afirma que la cooperación entre Cuba y China es cada vez más estrecha. Los servicios de inteligencia estadounidenses aseguran haber identificado al menos cuatro instalaciones de espionaje chinas en la isla capaces de vigilar operaciones militares y comunicaciones de Estados Unidos.
Además, Washington acusa a La Habana de ofrecer refugio a grupos terroristas internacionales como Hamás o Hezbolá. Aunque no se han presentado públicamente informes de inteligencia ni pruebas concluyentes, Estados Unidos ha incluido a Cuba en la lista de Estados patrocinadores del terrorismo internacional.
Asimismo, Washington considera que la difusión de ideologías comunistas por parte del régimen cubano representa una amenaza directa para sus intereses regionales.
El conflicto entre Estados Unidos y Cuba se remonta a la Revolución cubana de 1959. Ese año, Fidel Castro derrocó al dictador Fulgencio Batista, apoyado por Estados Unidos, y poco después comenzó a nacionalizar empresas estadounidenses. En 1961, Estados Unidos intentó derrocar al joven régimen de Castro con la ayuda de exiliados cubanos armados.
Sin embargo, la invasión de Bahía de Cochinos fracasó y empujó a Cuba aún más hacia la órbita de la Unión Soviética. Temiendo una nueva invasión estadounidense, Fidel Castro permitió el despliegue de misiles nucleares soviéticos en la isla, lo que desembocó en la peligrosa crisis de los misiles de 1962, que solo pudo desactivarse con grandes esfuerzos diplomáticos.
Como consecuencia de esa crisis, Estados Unidos impuso un amplio embargo económico contra la isla que sigue vigente hasta hoy. Las relaciones diplomáticas entre ambos países continúan congeladas. Aunque durante la presidencia de Barack Obama se produjo un breve acercamiento, las sanciones fueron endurecidas nuevamente durante el primer mandato de Trump y posteriormente bajo Joe Biden.
Desde el segundo mandato de Donald Trump y el nombramiento de Marco Rubio como secretario de Estado, Estados Unidos ha intensificado aún más la presión. “Si el pueblo cubano sufre, es porque el régimen obstaculiza la ayuda”, declaró Rubio al referirse al reciente tiroteo frente a la costa cubana. Anunció que Estados Unidos solo reducirá verdaderamente su presión cuando el régimen conceda a su pueblo “libertad política y económica”.
Fuente: Deutsche Welle

