“Educar para el siglo XXI”  El país conocerá un anteproyecto de ley que aspira a sentar las bases de un nuevo sistema educativo|Rafael Santos Badía @MESCYTRD

“Educar para el siglo XXI” El país conocerá un anteproyecto de ley que aspira a sentar las bases de un nuevo sistema educativo|Rafael Santos Badía @MESCYTRD

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“Educar para el siglo XXI”

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POR RAFAEL SANTOS BADÍA

El autor es ministro de Educación Superior, Ciencia y Tecnología (MESCyT)

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Los países nórdicos —Finlandia, Suecia, Noruega, Dinamarca e Islandia— han demostrado que la educación de calidad no es un ideal abstracto, sino una decisión política sostenida en el tiempo. Allí, educar no es un gasto: es la inversión más estratégica de una nación.

Su éxito no se explica únicamente por mayores recursos, sino por una coherencia profunda. Han construido sistemas donde el docente es altamente cualificado y respetado, donde la equidad no es un discurso sino una realidad, y donde el estudiante es el centro de un proceso que privilegia el pensamiento crítico, la creatividad y el bienestar emocional.

Esa es la lección que el mundo aún no termina de aprender. La República Dominicana enfrenta hoy un desafío histórico. No se trata de cuestionar el desempeño del Ministerio de Educación, del MESCyT o del INFOTEP, que han cumplido su rol dentro de sus competencias. El problema es más profundo: nuestro modelo pedagógico sigue anclado, en muchos aspectos, en lógicas del siglo XIX.

Seguimos enseñando como si el mundo no hubiese cambiado.

Mientras otras naciones aprovecharon la tercera revolución industrial para transformar su educación y su economía, nosotros avanzamos con retraso.

Durante décadas, la baja inversión y los bajos salarios docentes provocaron crisis estructurales, como la huelga de 1989, en la que cerca del 30% del profesorado abandonó las aulas. Aquella generación perdió una oportunidad histórica.

Las computadoras llegaron, sí. Pero no transformaron el pensamiento educativo. La tiza siguió dominando la pizarra.

Hoy estamos en un escenario completamente distinto: la cuarta revolución industrial. Inteligencia artificial, automatización, sistemas inteligentes. Un mundo donde desaparecerán millones de empleos tradicionales, pero surgirán otros de mayor calidad, mejor remunerados y más compatibles con una vida digna.

La pregunta es inevitable: ¿estamos preparando a nuestros ciudadanos para ese futuro?

La respuesta exige valentía. La República Dominicana no puede seguir operando con un sistema educativo fragmentado. Actualmente, la formación se divide entre el Ministerio de Educación, el INFOTEP y el MESCyT, cada uno con estructuras, normativas y enfoques distintos. Es necesario que esos tres pilares hablen un mismo idioma.

No se trata de fusionar instituciones, sino de integrarlas en un solo sistema coherente, continuo y articulado, que acompañe al ciudadano desde sus primeros meses de vida hasta la más alta especialización académica.

Un sistema que reconozca que no todos aprenden al mismo ritmo ni tienen las mismas vocaciones. Que entienda que la formación técnica no es inferior a la universitaria, sino una vía igualmente digna y necesaria para el desarrollo nacional.

Porque el verdadero objetivo no es producir títulos, sino formar capacidades.

En ese camino, la educación inicial debe recuperar fundamentos esenciales: lectura comprensiva, escritura, gramática y pensamiento lógico. Sin dominio del lenguaje, no hay pensamiento estructurado. Y sin pensamiento, no hay progreso. Por ello, en los próximos meses, el país conocerá un anteproyecto de ley que aspira a sentar las bases de un nuevo sistema educativo para los próximos 40 años. Será un proceso abierto, participativo, enriquecido por la sociedad, afinado por expertos y sometido al Congreso como una política de Estado.

La ley será apenas el comienzo.

El verdadero desafío será la transformación curricular: cambiar qué enseñamos, cómo enseñamos y para qué enseñamos.

Algunos dirán que es demasiado ambicioso. Que no es viable. Que un solo sistema es un error.

Se equivocan.

Lo verdaderamente arriesgado es permanecer inmóviles.

Porque el futuro no espera. Y los países que no transforman su educación, terminan hipotecando su destino.

El autor es ministro de Educación Superior, Ciencia y Tecnología (MESCyT)

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