A medida que Estados Unidos prolonga su cerco petrolero sobre Cuba, aumenta la tensión en la isla, que se ha convertido en un polvorín.
Tras reconocer que está en conversaciones con Washington, el Gobierno de La Habana anunció que la diáspora cubana podrá invertir y tener sus propios negocios en el país. Ese mismo día, el 16 de marzo de 2026, un apagón masivo volvió a azotar a la isla.
Debido al corte del suministro eléctrico, el ministro de Comercio Exterior e Inversión Extranjera, Oscar Pérez-Oliva Fraga, informó de las nuevas medidas vía radio.
Horas antes, había adelantado el anuncio económico a la televisión estadounidense.
“La crisis energética de Cuba la ha colocado al borde del colapso, tras el cese de los suministros de petróleo extranjero en enero pasado”, remarca Jorge Duany, exdirector del Instituto de Investigaciones Cubanas de la Universidad Internacional de la Florida.
En declaraciones a DW, Duany recuerda que el experto cubano en energía de la Universidad de Texas, Jorge Piñón, que hace años sigue la ruta de los hidrocarburos que llegan a Cuba, prevé la llegada de la “hora cero” para finales de marzo si no arriban tanqueros a la isla.
No obstante, pese a las presiones sociales internas, agravadas por los apagones, así como la escasez crónica de alimentos, medicinas y combustible, “es difícil predecir cuánto tiempo puede mantenerse el régimen socialista en el poder, debido a la fragmentación del movimiento de oposición y la capacidad comprobada del aparato estatal de contener las protestas”, observa el académico.
María José Espinosa, directora ejecutiva del Centro para el Compromiso y la Defensa de los Derechos en las Américas (CEDA, por sus siglas en inglés), coincide en que aún “no hay señales claras de un colapso inminente”.
“El aparato del Estado ―el Partido Comunista, las fuerzas de seguridad y el sistema militar-económico― sigue siendo relativamente cohesivo”, dice a DW.
“A pesar de la reciente liberación de presos, grupos independientes reportan que aún hay al menos 1.000 presos políticos en la isla. La censura y la represión continúan siendo métodos de coerción social utilizados por el Estado cubano”, detalla la experta en política exterior.
“En el corto plazo, es más probable ver una combinación de deterioro económico, protestas localizadas y migración creciente”, cree Espinosa.
Desde hace semanas, Washington asegura que mantiene conversaciones con La Habana. Sin embargo, apenas el viernes pasado, el Gobierno cubano confirmó los contactos bilaterales.
“La familia Castro es la que realmente controla y maneja las negociaciones con Estados Unidos y no el presidente cubano, Miguel Díaz-Canel”, sostiene Ted Henken, profesor de Estudios Latinoamericanos en el Baruch College de la Universidad de la Ciudad de Nueva York.
El experto en cultura y sociedad cubana no descarta que Díaz-Canel se vea obligado a dimitir ―como adelantó el diario estadounidense The New York Times que exige Washington―, para contentar a Estados Unidos con un cambio político simbólico en la isla. El cambio real, estima, vendrá en el plano económico.
A juicio de Henken, los últimos cambios que aprobará la familia Castro serán los de tipo estructural a nivel político y civil: “No vamos a ver un cambio de régimen hasta dentro de dos, tres o cuatro años”.
Asimismo, el profesor del Baruch College señala que el rumbo de las negociaciones bilaterales podría cambiar tras las elecciones intermedias en Estados Unidos, en las que prevé una derrota del partido republicano del presidente, Donald Trump.
“Ahora, Trump está empoderado, pero ya después de noviembre puede que pierda mucho poder, mucha proyección y gran parte de su habilidad de actuar como lo ha estado haciendo desde hace un año”, dice Henken a DW.
“La reforma económica en Cuba se prioriza sobre la reforma política”, apunta, por su parte, Paolo Spadoni, economista político especializado en América Latina y profesor asociado de la Universidad de Augusta en Georgia.
El académico estima que las primeras inversiones extranjeras en Cuba se concretarán en el sector del turismo, que juega un papel crucial para las empresas estadounidenses. Para ello, el Gobierno de Trump podría suavizar las restricciones a los viajes a la isla, explica Spadoni, autor del libro “La industria turística cubana: evolución, retos y perspectivas”.
Después, prosigue, seguirían inversiones en los sectores complementarios del turismo como la energía, el transporte y el comercio.
“Los militares van a desempeñar un papel fundamental en cualquier transición en Cuba, sea económica o política”, destaca el economista Spadoni, en entrevista con DW.
Y explica que el conglomerado militar Grupo de Administración Empresarial de las Fuerzas Armadas (GAESA) “ya controla los sectores más importantes y lucrativos” del país.
Independientemente del Gobierno de transición que podría surgir en el corto o mediano plazo y de sus representantes políticos, Spadoni está convencido de que las principales figuras dentro del conglomerado GAESA serán las que decidirán el rumbo del país tras bastidores.
En las conversaciones entre Cuba y EE. UU. ha llamado la atención la sugerida participación de Raúl Guillermo Rodríguez Castro, conocido como “El Cangrejo”, nieto del expresidente cubano Raúl Castro.
En opinión del profesor Ted Henken, del Baruch College, tanto “El Cangrejo” como el actual ministro de Comercio Exterior e Inversión Extranjera y viceprimer ministro, Oscar Pérez-Oliva Fraga, sobrino-nieto de Raúl y Fidel Castro, son figuras influyentes de una posible transición de poder en Cuba.
“Ambos son miembros de la familia Castro”, resalta el experto. Raúl Guillermo Rodríguez Castro destaca por su cercanía con su abuelo y es hijo de Luis Alberto Rodríguez López-Calleja, poderoso personaje de la economía cubana, que murió en 2022.
A pesar de no ostentar ningún puesto oficial en el Gobierno, el viernes pasado, “El Cangrejo” estuvo presente en la comparecencia de Miguel Díaz-Canel. “Parecía estar vigilando o asegurándose de que ese títere, el presidente, estuviera actuando correctamente”, indica Henken.
Óscar Pérez-Oliva Fraga, por su parte, “ha subido bastante rápido dentro del aparato de poder de Cuba”, agrega el académico, que se pregunta si el político podría asumir la presidencia en el futuro.
“Miraría bien a esas dos personas”, subraya, “porque todo indica que van a ser los representantes de los intereses de la familia Castro y los que van a estar a cargo del Gobierno de alguna u otra forma”.
Fuente: Deutsche Welle

