El crecimiento del turismo de cruceros en República Dominicana ha puesto en el centro del debate una pregunta recurrente. ¿cuántos pasajeros bajan realmente del barco en cada puerto? Con 2,815,732 cruceristas reportados en 2025, no es para menos desear saber quiénes circularon por las calles, pueblos y demás.
Las respuestas, sin embargo, no ofrecen a una cifra única ni llevan a una sola institución. Según coinciden autoridades portuarias, ejecutivos del sector y operadores, el modelo operativo de los cruceros permite conocer con exactitud cuántos pasajeros descienden del barco, pero esa información permanece en manos de las navieras, mientras que los puertos y las autoridades locales solo acceden a registros parciales vinculados a la operación en tierra.
Cuando se habla de los cruceros, la operación de un puerto comienza antes de que el pasajero pise tierra. Cuando una embarcación atraca, lo hace con un itinerario previamente definido y validado, que determina horarios, posiciones de atraque y flujos internos.
En el caso del Puerto Taíno Bay, en Puerto Plata, esa dinámica puede implicar la llegada simultánea de más de un barco y miles de pasajeros en una misma jornada.
“Hoy tenemos dos barcos, con un total de 6,871 pasajeros”, explicó el gerente de operaciones del Puerto Taíno Bay, Rigoberto Gómez, al detallar que cada embarcación realiza su maniobra de atraque en momentos distintos y ocupa un espacio específico dentro de la terminal. A partir de ahí, la circulación de los cruceristas se organiza a través de zonas operativas delimitadas.
Una vez dentro del puerto, los pasajeros se distribuyen según el tipo de actividad que hayan elegido. Quienes compraron excursiones a bordo del barco se dirigen a zonas específicas del área de despacho (dispatch), identificadas por números y asociadas a tour operadores concretos. Allí, personal del crucero, los denominados “shore excursions staff”, orienta a los pasajeros hacia el punto correspondiente. La identificación se realiza mediante la tarjeta del crucero, una especie de credencial con chip que funciona como documento interno del pasajero durante todo el viaje.
Ese mismo mecanismo es el que permite a las navieras llevar el control exacto de quién baja y quién vuelve a subir al barco. “Cada vez que un pasajero baja del barco, la tarjeta se escanea, y cuando vuelve a subir, se vuelve a escanear”, explicó el director ejecutivo de la Autoridad Portuaria Dominicana (Apordom), Jean Luis Rodríguez. “Con ese sistema, la naviera sabe exactamente quién bajó y quién no”.
Sin embargo, ese nivel de precisión no se replica fuera del barco. Una vez el crucerista cruza el control de seguridad e ingresa a la terminal, es decir, baja a tierra, el seguimiento se fragmenta. El puerto registra con detalle a quienes salen en excursiones organizadas y a quienes utilizan taxis, ya que esos flujos implican coordinaciones operativas y de seguridad.
“Los mismos managers de los taxistas nos hacen llegar la información tanto a seguridad como a finanzas”, señaló Gómez, quien explicó que existe comunicación constante para verificar cuántas unidades salen, con cuántos pasajeros y hacia qué destinos.
Ese control permite asegurar que todos los pasajeros regresen antes de la salida del barco. Si una unidad no retorna a tiempo, el sistema se activa. Seguridad, operadores y naviera coordinan la localización de las personas faltantes. “Si falta un pasajero, el barco no se va”, enfatizó Rodríguez. “Ellos saben exactamente cuántos abordaron y cuántos regresaron”.
Pero no todos los pasajeros salen en excursiones ni utilizan transporte organizado. Algunos permanecen dentro del puerto, consumiendo las amenidades disponibles, mientras otros salen caminando hacia zonas cercanas de la ciudad. Ese flujo, reconocen las autoridades portuarias, no puede ser contabilizado con exactitud. “Del barco sí se puede saber cuántos bajan, del puerto, no del todo”, resumió Gómez. “Hay esquemas que nos dan aproximados, pero no una cifra puntual”, dijo.
A esta complejidad se suma la presencia de tripulantes (crew members), que también bajan a tierra, pero no forman parte del conteo de pasajeros, así como el hecho de que siempre existe un porcentaje de personas que decide no descender del barco en un puerto determinado.
Uno de los principales puntos de confusión en torno a las cifras de desembarco es el papel de la Dirección General de Migración (DGM). A diferencia de lo que ocurre en los aeropuertos, los cruceristas no realizan un proceso migratorio individual cada vez que bajan.
“La validación se hace una sola vez, sobre un manifiesto general de pasajeros”, explicó Jean Luis Rodríguez. Agregó que ese documento, preparado por la naviera y gestionado por el agente consignatario, una especie de intermediario privado entre el barco y la terminal, es revisado por las autoridades antes de que el barco sea liberado para el desembarco. A partir de ese momento, todos los pasajeros quedan habilitados para bajar, aunque no todos lo hagan, explican.
El gerente del Puerto de Cruceros de La Romana, Luis Emilio Rodríguez, aportó la explicación operativa detrás de este modelo. Enfatizó que procesar individualmente a miles de pasajeros en escalas de pocas horas resultaría inviable para cualquier país del Caribe. “Si tú tienes 12,000 personas y te toma dos minutos por persona, necesitarías cientos de agentes migratorios. Es imposible”, señaló el ejecutivo.
Por esa razón, la Organización Marítima Internacional (OMI), en coordinación con Naciones Unidas, estableció un esquema que permite a las navieras validar previamente la información de los pasajeros mediante el manifiesto y sistemas como el Advance Passenger Information System (API). El control del desembarco, por lo tanto, no es migratorio, sino operativo y de seguridad, y lo ejecuta la naviera. Migración no realiza un control migratorio individual por pasajero en cada escala del crucero.
Entonces, ante la ausencia de un registro centralizado, los porcentajes de desembarco que circulan públicamente se basan en estimaciones. Según explicó Rodríguez, esas cifras responden a data estándar del turismo de cruceros y a patrones de comportamiento histórico. “En destinos no premium, el promedio suele estar entre 65% y 70% de desembarco. En puertos como este, entendemos que puede estar entre 80% y 85%”.
Otros actores del sector manejan rangos aún más altos, basados en los registros internos de las navieras. “Ellos sí llevan un control de todas las personas que bajan y suben”, indicó el CEO de Puerto Taíno Bay, Mauricio Hamui, quien situó esos porcentajes entre 90% y 98%, dependiendo del tipo de barco, la naviera y el atractivo del destino.
No obstante, coinciden en que “no existe hoy una institución” que cruce la información de las navieras, los puertos, los operadores turísticos y el transporte local para producir una cifra pública y verificable de cuántos pasajeros bajan, salen del puerto, toman excursiones o permanecen a bordo. “Hay distintos tipos de estadísticas que se pueden juntar, pero ese cruce completo no lo hace nadie”, concluye Rodriguez.
Durante el 2025 se registraron 788 operaciones de cruceros en los puertos dominicanos, consolidando al país como uno de los principales destinos de cruceros del Caribe.
La mayor concentración de escalas se produjo en Taíno Bay, con 316 llegadas, y Amber Cove, con 247, puertos que en conjunto canalizaron la mayoría del tráfico de cruceros a lo largo del año. Otros puntos de entrada con actividad relevante fueron La Romana, que recibió 107 cruceros, seguida de Cabo Rojo (42) y Samaná (35), mientras que Santo Domingo e Isla Catalina registraron 21 y 20 operaciones, respectivamente.
Esta distribución refleja una alta concentración del flujo de cruceros en la costa norte del país, con una participación complementaria de puertos en el este y sur. Como resultado de esta actividad, el total de cruceristas que arribaron al país en 2025 ascendió a 2,815,732 personas, una cifra que da cuenta del peso del turismo de cruceros dentro del sector turístico nacional y de su impacto en los puertos de entrada, las economías locales y la recaudación asociada a la actividad portuaria.
Fuente: El Dinero
