Cómo la guerra en Ucrania está cambiando la sociedad rusa

Cómo la guerra en Ucrania está cambiando la sociedad rusa

"Yo también recibí una orden, pero no la seguí", declara Igor Shchetko a DW. Este exsoldado de las Fuerzas de Misiles Estratégicos de Rusia se pregunta por qué otros no hacen lo mismo. Tras el inicio de la guerra contra Ucrania, desertó convencido de que no había otra salida del Ejército. En 2021, un año antes de la invasión rusa a gran escala, había firmado un contrato de servicio por dos años.

Su decisión estuvo marcada también por el suicidio de un recluta de su unidad, cuyo cuerpo encontró él mismo. Después, fue ingresado en la unidad psiquiátrica de un hospital, donde intentó obtener la baja por motivos médicos. Sin embargo, recibió la orden de ser trasladado a una brigada de asalto.

"Cuando supe que me enviarían a la zona de combate, tuve claro que no iría a la guerra bajo ninguna circunstancia", afirma. Pocos días después, huyó de Rusia a Armenia, y desde allí a la Unión Europea.

El activista de derechos humanos Sergei Krivenko, que desde hace años defiende los derechos de los militares, estima que unos 60.000 soldados rusos han abandonado sus unidades o se han negado a combatir. No se trata solo de deserciones "clásicas": algunos se esconden dentro de Rusia o intentan ser declarados no aptos para el servicio.

Según Krivenko, ya se han abierto más de 20.000 causas penales por ausencia del servicio, deserción o negativa a combatir. Quien rechaza participar en la guerra se expone a sanciones penales. Shchetko asegura que si fuera extraditado a Rusia, podría enfrentarse a 15 años de prisión o al envío directo al frente.

Desde 2023, el Ejército ruso recluta a sus nuevos miembros principalmente mediante contratos bien remunerados. Entre ellos hay presos, migrantes, deudores, reclutas y habitantes de regiones económicamente desfavorecidas, que a menudo se alistan por necesidad económica o falta de alternativas. Paralelamente, el Estado impulsa programas "patrióticos" que refuerzan la formación paramilitar en escuelas y universidades.

No obstante, algunos observadores advierten que el Ejército ruso no está compuesto únicamente por personas atraídas por el dinero. Un integrante del Cuerpo de Voluntarios Rusos que combatió del lado ucraniano, conocido como "Kasper", señala que también existen unidades bien entrenadas y motivadas.

La antropóloga Alexandra Arkhipova describe un clima cotidiano de violencia dentro de las tropas. Junto a otros investigadores, recopiló testimonios de soldados, desertores y familiares, que dieron origen a un "diccionario de guerra" con las jergas utilizadas en el frente.

Según Arkhipova, muchos términos reflejan mecanismos de control, castigo y supervivencia. Por ejemplo, la expresión "casa de pájaros" designa a operadores de drones que vigilan incluso a sus propios compañeros y pueden disparar contra quienes intentan retirarse. "Foso" alude a lugares improvisados de detención ilegal y castigo, mientras que "cuarentena" se refiere a las bases donde los soldados liberados del cautiverio ucraniano son interrogados por el FSB, el servicio de seguridad interior de Rusia, antes de ser enviados nuevamente al frente.

"No hay regreso a casa", resume la investigadora. A su juicio, cada vez resulta más difícil volver de la vida militar a la civil. Muchos soldados consideran que una herida grave, la captura, la deserción o incluso la muerte son las únicas vías de salida. También habría surgido un "mercado negro de la supervivencia": algunos pagan miles de dólares para obtener permisos, evitar misiones especialmente peligrosas o conseguir traslados.

La sociedad rusa también está cambiando. Según el periodista Alexei Tupitsyn, la guerra se ha integrado poco a poco en la vida cotidiana y se ha convertido en una fuente de ingresos para numerosas familias.

Cuando comenzó la movilización, Tupitsyn y otros colegas crearon grupos de chat para soldados y sus esposas. Al principio, predominaban el miedo y el deseo de traer de vuelta a los familiares movilizados. Con el tiempo, sin embargo, los pagos asociados al servicio militar se transformaron en una fuente de ingresos estable.

"Las esposas de los soldados movilizados pertenecen hoy, en cierto modo, a la clase media", afirma Tupitsyn. Muchas familias han podido saldar deudas y adquirir bienes que antes estaban fuera de su alcance.

El periodista señala además que, en algunas escuelas, los hijos de combatientes reciben un trato preferente, con alimentos y beneficios adicionales.

Aunque el Estado intenta glorificar a los veteranos, muchos ciudadanos mantienen sus distancias. Según Tupitsyn, esto ocurre especialmente con antiguos presos que combatieron en compañías militares privadas o brigadas de asalto. También los familiares de militares dicen sentirse marginados.

Arkhipova cita el caso de una mujer que le escribió que quería sentirse "la esposa de un héroe", pero que en lugar de reconocimiento encontró rechazo. Según ella, el propio Estado contribuye a esta situación al enfatizar constantemente los altos salarios y compensaciones que reciben los combatientes, lo que lleva a parte de la sociedad a verlos más como personas que luchan por dinero que como héroes al servicio del país.

Fuente: Deutsche Welle

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