2.756 votos a favor, tres abstenciones y tres votos en contra: el Congreso Nacional del Pueblo de China aprobó la semana pasada por amplia mayoría una ley que ya había sido presentada hace tres años en el órgano legislativo: la Ley para la Promoción de la Unidad Étnica y el Progreso. En la votación también participaron 442 delegados de minorías étnicas, lo que equivale aproximadamente al 14 % de todos los miembros del Parlamento.
Oficialmente, Pekín busca demostrar su capacidad de liderazgo, promover la unidad nacional y eliminar la discriminación de los grupos étnicos en la vida social.
China, un Estado multiétnico con 1.400 millones de habitantes, reconoce oficialmente 56 grupos étnicos. De ellos, 55 son considerados “minorías”, ya que el grupo mayoritario, el de la etnia han, representa ―con casi 1.200 millones de personas― el 91,9 % de la población total.
Entre otros grupos étnicos se encuentran, por ejemplo, los mongoles (6,3 millones), los tibetanos (7,1 millones), los musulmanes hui (11,4 millones) y los también musulmanes uigures (11,7 millones). Algunas comunidades más pequeñas no están reconocidas oficialmente. Entre ellas se encuentran los judíos, que se estima suman apenas algunos miles de miembros.
La ley, que entrará en vigor el 1 de julio de 2026, consta de 65 artículos y tiene más bien el carácter de una exhortación moral. Según el artículo primero, su objetivo es “afianzar la conciencia de comunidad del pueblo chino, fortalecer esa comunidad y promover el resurgimiento de la nación china”.
El texto no menciona sanciones concretas para posibles infracciones. En cambio, remite al Código Penal. Allí se establece que deben combatirse “las actividades violentas terroristas, separatistas de carácter étnico o extremistas religiosas”.
Los críticos consideran que la ley constituye un nuevo paso para equiparar las demandas de autonomía cultural de los grupos étnicos con el “separatismo”.
“En combinación con la ley antiterrorista de 2016, que sirvió como base legal para los campos de internamiento masivo, esta nueva ley intensificará aún más la represión contra los uigures en Turkestán Oriental, especialmente en lo que respecta a las libertades lingüísticas, culturales y religiosas”, afirma Turgunjan Alawdun, presidente del Congreso Mundial Uigur, con sede en Múnich, en entrevista con DW.
“En los últimos diez años, las medidas de asimilación forzada y de ‘sinización’, es decir, de adaptación a la cultura china dominante, de la identidad cultural y religiosa uigur ya han causado graves daños”, añade Alawdun.
La ley permite acelerar los esfuerzos de Pekín para reprimir a las minorías étnicas, especialmente en Tíbet y Xinjiang, afirma Jack Burnham, analista principal de la Foundation for Defense of Democracies, un centro de estudios con sede en Washington. Según Burnham, la norma ofrece una justificación legal de facto para la represión.
“Entre las medidas concretas del Estado se incluyen la prohibición para los uigures de participar en oraciones y la destrucción de mezquitas históricas”, señala. Además, se estarían creando incentivos para alentar a los chinos han a trasladarse masivamente a las zonas habitadas por uigures. Actualmente, los uigures representan apenas cerca del 45 % de la población en su propia región autónoma de Xinjiang.
Algunas grandes etnias de China aún conservan sus propios idiomas y sistemas de escritura, que incluso aparecen representados en los billetes chinos. Sin embargo, la nueva ley coloca el idioma oficial de los han por encima de otras lenguas.
“El sistema educativo utilizará en las clases la lengua y la escritura de uso común en todo el país”, señala la ley. Los niños en edad preescolar deberán hablar y comprender el mandarín y, tras completar la educación obligatoria de nueve años, los jóvenes deberán dominarlo perfectamente tanto oralmente como por escrito.
En el plano ideológico y político, todas las etnias deberán integrarse más estrechamente en la sociedad mayoritaria dominada por los han y en el Partido Comunista de China. La ley exige que los grupos étnicos se identifiquen “con la gran patria, el pueblo chino, la cultura china, el Partido Comunista de China y el socialismo con características chinas”.
Según Burnham, esto fomenta el “nacionalismo han”. Incluso los padres podrían enfrentar consecuencias penales si hablan negativamente con sus hijos sobre la política de identidad nacional de Pekín. Según el artículo 20, los padres deben educar a sus hijos para “amar al Partido Comunista de China, a la patria, al pueblo y a la nación china”.
En las regiones de minorías étnicas, la resistencia a estas medidas ha sido fuerte, especialmente en lo que respecta a la lengua y la escritura propias, consideradas uno de los últimos elementos de su identidad cultural.
Fuente: Deutsche Welle

