Andrés Merejo, Filósofo, escritor y especialista en Ciencia, Tecnología y Sociedad(CTS), con un doctorado en Filosofía en un mundo global por la Universidad del País Vasco

Artículo tomado de ACENTO.COM.DO

Al situar el huracán llamado progreso en el ámbito tecnocientífico e innovador, no podemos quedarnos en el enfoque filosófico de Rousseau, quien en el siglo XVIII, llegó a decir que el avance del arte y la ciencia corrompen nuestra alma.

A mediados de la primera década del siglo XXI articulé el enfoque sobre la historia y el huracán llamado progreso en el marco de la era del cibermundo, de la trasformación digital y el control virtual, luego de comprender la ciberguerra que entra la posibilidad planetaria, ya que la historia es abierta. En ese tiempo reflexiones, tenía de fondo las tesis de Benjamin sobre el concepto de historia y de la que Bauman, llegó a reflexionar pocos días antes de su fallecimiento en el 2017.

Para el pensador de la Modernidad líquida, la IX tesis que escribiera Benjamin, sobre la interpretación del cuadro de Paul Klee, titulado “Angelus Novus” que data de 1920,  cobra vida casi un siglo después, ya que en su rostro, en el cambio de sentido y de su movimiento es un pasado edénico (Retrotopía) hacia el temido infierno del futuro.

Esta IX tesis de Benjamin (2018, p.312), desde su inicio nos deja perplejos, por el epígrafe que lleva de Gerhard Scholem, lo que nos da una señal de cuál será en parte el discurso sobre la historia y el progreso que tiene Benjamin: “Tengo prontas las alas para alzarme, con gusto volvería hacia atrás, porque, si sigo siendo tiempo vivo, la desgracia me atrapará”.

Luego de este enunciado al principio, se despliega la interpretación de Benjamin:

“Hay un cuadro de Klee que se titula Angelus Novus. En él se representa a un ángel que parece como si estuviese a punto de alejarse de algo en que fija su mirada. Los ojos como platos, la boca muy abierta, las alas muy extendidas. Este debe ser el aspecto del ángel de la historia. Ha vuelto el rostro hacia el pasado” (ibid).

Es un ángel nuevo que encarna la tragedia, la ironía, con una máscara de inocencia, pero de un auténtico rostro de desprecio a la vida y un no mirar al pasado en toda su dimensión, lo que le importa a ese ángel es alejarse y en la medida que lo hace, deja entrever un simulacro en su mirada, que no puede ocultar al rostro todas ruinas y debacles humanas, que forman parte del llamado progreso: “ Allí donde  nosotros vemos un encadenamiento de hechos, él ve una única catástrofe que acumula incesantemente una ruina tras otra, arrojándolas a sus pies” (ibid).

En ese segundo párrafo de su discurso, se nos va anunciando una sensación de impotencia, de parálisis, de crisis: “ruinas sobre ruinas, arrojándolas a sus pies”, de saberse desgarrado ante millones de seres humanos muertos por las guerras y a nombre de proyectos cargados de ideales paradisiacos.

La caída de ese ángel, de esos sueños es inevitable e irreversible y nada se puede hacer: “Bien quisiera él detenerse, despertar de los muertos y recomponer tanto la destrucción. Pero desde el paraíso, sopla una tempestad que se ha enredado en sus alas y que es tan fuerte que el ángel ya no puede cerrarlas” (ibid).

Tal valoración nos hace comprender y situar cómo el determinismo histórico que una vez fue la salvación marxista de Benjamin se revierte en un determinismo sin esperanza y en un valle de lágrimas e incertidumbres (Merejo, 2008).

Es en ese contexto que se puede interpretar la siguiente idea: “Pero desde el paraíso sopla una tormenta que se ha enredado en sus alas y que es tan fuerte que el ángel ya no puede cerrarlas.”

Esta tempestad lo empuja al ángel  “hacia el futuro, al que él le da  la espalda, mientras que lo montones de ruinas van creciendo ante él hasta llegar al cielo” (ibid).

Guerra, ciberguerra, que producen escombros de todo tipo, montones de cadáveres, familias mutiladas o descuartizadas física y psicológicamente, hambrunas, enfermedades, todo justificado a nombre de: “Esta tempestad es lo que nosotros llamamos progreso” (ibid).

Esta panorámica de ese huracán llamado progreso, no es tan solo vueltas sino revueltas, un girar  hacia atrás o hacia delante, en la que nos cesa lo transido, lo transido transitorio y lo hipertransido, por lo que el Ángel, se encuentra enredado en sus propias alas, dejando entrever en su girar múltiples rostros, la apertura de la historia. Por lo que en sus alas se observan vueltas que entran en la complejidad filosófica de la  tecnociencia, en tanto que nos ha dado una comprensión sobre los límites de nuestra existencia, de nuestros recursos naturales, los cuales nos son abundantes sino precarios; por lo que no se puede partir de una política de progreso desbocado y arrollador del precario equilibrio del ecosistema.

Muchas de estas vueltas y revueltas del huracán progreso han contribuido a resquebrajar mitos y visiones de atraso – progreso, de resituarse en el escenario más importante para la humanidad, como es el caso de la transformación digital y cibernética, de la entrada al cibermundo de la robótica, la nanotecnología, la alternativa  de la revolución verde para enfrentar el cambio climático y todo lo relacionado a la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero; además de la aceleración de lo virtual con la pandemia de la COVID-19 y el corto tiempo de la producción  masiva de vacunas, y  la puerta en órbita del telescopio James Webb, el cual nos da una mirada hacia lo más recóndito del pasado del universo nunca imaginado por astrónomo Hubble, cuando demostró  su expansión en el 1929.

Al situar el huracán llamado progreso en el ámbito tecnocientífico e innovador, no podemos quedarnos en el enfoque filosófico de Rousseau, quien en el siglo XVIII, llegó a decir que el avance del arte y la ciencia corrompen nuestra alma (2001), sin comprender que esta también nos ha cambiado la mirada  y nos ha dado planos de mejoras de vida  en el mundo  y el cibermundo como híbrido planetario.

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