Un cortafuegos es un muro diseñado para impedir que las llamas se propaguen de un edificio a otro. En la política alemana, el término "Brandmauer" (cortafuegos) sirve como metáfora de una frontera estricta trazada frente a partidos considerados extremistas, con el objetivo de preservar la democracia. En castellano, suele utilizarse la expresión "cordón sanitario" para describir esa política de aislamiento aplicada sobre una determinada formación.
Los tribunales aún no han determinado si Alternativa para Alemania (AfD) es, de hecho, un partido hostil a la democracia. Aunque la agencia de inteligencia del país, la Oficina Federal para la Protección de la Constitución, ha calificado a algunas asociaciones regionales de AfD como "de extrema derecha confirmada”, la cuestión de si el partido en su conjunto actúa en contra de la Constitución alemana tendría que ser resuelta por el Tribunal Constitucional Federal en un procedimiento destinado a prohibir el partido.
Hasta ahora, se han hecho repetidos llamados para que se prohíba a AfD, pero no ha habido ninguna solicitud formal.
El término "cortafuegos político" no puede atribuirse claramente a un único autor. Sin embargo, su uso generalizado se debe en gran parte al canciller alemán, Friedrich Merz.
Al asumir la presidencia del partido conservador democristiano Unión Demócrata Cristiana (CDU), en diciembre de 2021, por ejemplo, declaró a la revista alemana Der Spiegel: "Bajo mi liderazgo, habrá un cortafuegos contra AfD".
En 2018, el partido CDU aprobó en su congreso del partido la denominada "resolución de incompatibilidad", por la que rechazaba "coaliciones y formas similares de cooperación" tanto con AfD como con el partido de izquierdas Die Linke. La medida no se aplicaba únicamente a acuerdos formales y coaliciones con AfD, sino que, en ocasiones, incluso miembros de CDU se negaron a ser elegidos para puestos políticos con votos de AfD.
Enero de 2025 marcó un giro en esa trayectoria: una moción de CDU en el Bundestag que pedía el rechazo de los solicitantes de asilo se aprobó con el apoyo de AfD. En aquel momento, Merz ya era líder de CDU. Hasta el día de hoy, voces críticas siguen acusándole de haber incumplido la política del cordón sanitario. Ahora que es canciller, Merz tiende a evitar ese término y se muestra cada vez más irritado cuando se le pregunta al respecto.
El Partido Socialdemócrata (SPD), de centroizquierda, y Los Verdes, ecologistas, por su parte, rechazan cualquier tipo de cooperación con AfD, aunque sin resoluciones formales al respecto. Sahra Wagenknecht, fundadora de la Alianza Sahra Wagenknecht (BSW), de carácter populista de izquierda, adopta una postura diferente. Se opone explícitamente a excluir a AfD e incluso estaría dispuesta a allanar el camino para un gobierno liderado por AfD en el estado de Sajonia-Anhalt, en el este de Alemania, donde se celebran elecciones el 6 de septiembre.
El hecho de que CDU de Merz se sirviera de los votos de AfD en enero de 2025 provocó conmoción e indignación, pero no era la primera vez que un político que apoya oficialmente el cordón sanitario no lo respeta en la práctica. En 2020, Thomas Kemmerich, del partido neoliberal FDP, fue elegido presidente del Estado federado de Turingia con votos de AfD. Angela Merkel, que era canciller en aquel momento, se alarmó y exigió que la elección "se anulara". Kemmerich dimitió tan solo unos días después.
A nivel local, sin embargo, la línea de separación suele ser muy permeable. En los ayuntamientos y consejos municipales, políticos de otros partidos han votado en repetidas ocasiones junto a AfD. Los defensores de esta actitud más flexible suelen argumentar que, por ejemplo, construir una guardería no se convierte en una mala idea simplemente porque AfD también la apoye.
Los críticos, sin embargo, advierten a menudo que podría darse un proceso gradual de normalización. En su opinión, dicha cooperación hace que AfD resulte socialmente aceptable, y lo que comienza en la política local podría acabar extendiéndose a la política regional o incluso federal.
La política del cordón sanitario no parece perjudicar a AfD. Al contrario, sus resultados en las encuestas siguen aumentando. En los casos en los que AfD tiene una presencia especialmente fuerte, como ocurre en gran parte del este de Alemania, los demás partidos representados en los parlamentos regionales suelen tener que unir fuerzas para evitar que AfD forme gobierno. Esto puede ir en detrimento de la credibilidad de partidos cuyas posiciones ideológicas están muy alejadas entre sí.
Por otro lado, hay politólogos que señalan que se produciría un déficit democrático si se ignoraran a largo plazo las preferencias políticas de los votantes de AfD. Sahra Wagenknecht (BSW) declaró recientemente sobre Sajonia-Anhalt: "Es sencillamente antidemocrático excluir de forma permanente a un partido que cuenta con el apoyo de alrededor del 40 % de los votantes. El cordón sanitario ha fallado".
A nivel federal, CDU preferiría poner fin de una vez por todas a este tipo de debates. Thorsten Frei, el nuevo presidente del grupo parlamentario conservador del Bundestag, ha dejado claro que no tolerará desviaciones por parte de las secciones regionales. "La prohibición de cooperar con AfD es una resolución fundamental del partido de la CDU. No puede interpretarse de forma diferente de un estado federado a otro", declaró a los periódicos pertenecientes al Grupo Funke Media.
El canciller Merz también se mantiene firme en estos momentos. A pesar de la inmensa presión y del complicado panorama político en el este de Alemania, sigue defendiendo la resolución de incompatibilidad tanto con AfD como con el de izquierda Die Linke. Por lo tanto, sigue siendo una incógnita cómo se podrán formar en el futuro mayorías de gobierno opuestas a AfD.
Fuente: Deutsche Welle

