Alemania: amplio debate sobre el impuesto al azúcar

Alemania: amplio debate sobre el impuesto al azúcar

La decisión del gobierno de Alemania de introducir un impuesto a las bebidas azucaradas como parte de su paquete de reformas sanitarias ha desencadenado un nuevo debate sobre la injerencia del Estado en la alimentación, a pesar de que muchos países del mundo ya introdujeron medidas similares.

La tasa, que no se introduciría hasta comienzos de 2028 para dar tiempo a los productores de prepararse, podría generar hasta 450 millones de euros al año, según el Ministerio de Salud alemán. Este monto no se sumaría al presupuesto federal, sino que se destinaría para inversiones en el sistema de salud.

Si bien los detalles exactos del impuesto no figuran en el borrador de la iniciativa legal, un panel de expertos publicó una serie de propuestas en marzo que hablaban de un impuesto escalonado:

-Bebidas con menos de 5 gramos de azúcar por cada 100 ml – sin impuesto
-Bebidas con entre 5 y 8 g de azúcar por 100 ml – 26 céntimos de euro por litro
-Bebidas con más de 8 g de azúcar por cada 100 ml – 32 céntimos de euro por litro

La ministra de Salud, la cristianodemócrata Nina Warken, se ha mostrado a favor de la medida, pero miembros de su partido ya han manifestado su temor de que este impuesto haga ver al gobierno como demasiado paternalista.

Pero para los médicos y nutricionistas de Alemania esta medida es más o menos obvia. Peter Philipsborn, catedrático de nutrición en la Universidad de Bayreuth, dijo que más de 100 países en el mundo ya habían introducido impuestos al azúcar y que los estudios demuestran que tales tasas son beneficiosas.

“La evidencia es bastante clara: los impuestos reducen el consumo de bebidas azucaradas”, dice a DW. “Y sabemos por muchos otros estudios que el consumo regular de bebidas azucaradas conduce al aumento de peso y mayor riesgo de obesidad y enfermedades asociadas”.

Las investigaciones también han demostrado que los alemanes consumen más azúcar a través de las bebidas que los habitantes de los otros 10 países más poblados de Europa occidental. Un estudio publicado en febrero por la organización de protección del consumidor Foodwatch indicó que los alemanes beben casi 26 gramos de azúcar al día, más de lo que ingieren en forma de chocolates o caramelos (20 gramos).

En Reino Unido, en cambio, donde se introdujo un impuesto al azúcar en 2018, la gente solo consume 16 gramos al día. El ejemplo británico también mostró que las empresas respondieron a la nueva tasa no subiendo los precios, sino reduciendo la cantidad de azúcar en sus bebidas.

Estas cifras no parecen convencer a la industria. Algunos señalan que, a pesar del impuesto, la prevalencia de la obesidad infantil sigue siendo mayor en Reino Unido que en Alemania.

Manon Struck-Pacyna, portavoz de la Federación Alemana de Alimentos, afirmó que los impuestos al azúcar en otros países podrían haber provocado un cambio de consumo hacia otros alimentos azucarados.

Pero no está claro si realmente existe tal efecto de sustitución. Una declaración de abril de este año en apoyo al impuesto al azúcar firmada por decenas de científicos alemanes decía que los estudios sobre el tema no han encontrado evidencia de que hubiese un aumento del consumo de otros alimentos azucarados tras la imposición de la tasa.

Pese a ello, Struck-Pacyna argumenta que un impuesto al azúcar implicará mayores costos para los consumidores, al menos a corto plazo.

“Además del impuesto, existen mayores gastos burocráticos para las empresas”, asegura. “Esto significa que tienen que revisar todas las bebidas de su catálogo y calcular cuánta azúcar contienen y en qué categoría se encuentran, lo que implica muchas horas de trabajo y estos también son costos que se pasan al consumidor”.

Otra crítica formulada en Alemania es que un impuesto al azúcar afectaría de forma desproporcionada a los hogares de bajos ingresos, que gastan una mayor parte de sus presupuestos en bebidas azucaradas.

Pero Philipsborn está convencido de que los beneficios compensan con creces esas preocupaciones. “La carga fiscal total de un impuesto al azúcar sigue siendo bastante baja, en promedio unos pocos euros por hogar al año, no supone gran diferencia”, afirma. “Lo que es más importante a la hora de considerar los efectos sociales no es solo quién paga, sino quién se beneficia de esos ingresos adicionales”, argumenta.

En este caso, prosigue, serían las familias más pobres. Incluso si terminan pagando un poco más en impuestos, serán ellas las que obtendrán mayores beneficios en salud, pues son precisamente los que sufren en mayor medida de enfermedades relacionadas con el alto consumo de azúcar. En otras palabras, este impuesto conduce a una mayor igualdad social, sostiene.

Aun así, ambas partes coinciden en que los impuestos por sí solos no bastan. Philipsborn remarca que una política pública eficaz requiere de un conjunto de medidas para disminuir realmente la obesidad a largo plazo, lo que incluye comidas más saludables en escuelas y jardines infantiles, mayor protección de los niños ante la comida chatarra, mejores servicios de catering en los comedores de las empresas y menos impuestos a las comidas saludables.

El impuesto al azúcar en Alemania aún debe pasar por el Parlamento, donde con seguridad continuará el debate.

Fuente: Deutsche Welle

Deutsche Welle – DW – Actualidad Internacional – #DWNoticias