Las ventanas están destrozadas y las paredes aparecen cubiertas por negras marcas de hollín. En el Ministerio de Educación de Tirana, la capital de Albania, aún son visibles las huellas de las protestas de los últimos días.
Y una vez más, el martes (20.10.2026), estudiantes y profesores de la Universidad de Tirana se reunieron para manifestarse.
Durante casi cinco meses, las protestas contra el Gobierno albanés transcurrieron de forma pacífica. El detonante inicial fue la proyectada construcción de un complejo hotelero de lujo impulsado por Jared Kushner, yerno de Donald Trump, en una zona protegida.
Desde entonces, las protestas no han dejado de crecer. Cada día se producen enfrentamientos violentos entre estudiantes y la Policía. El 13 de octubre la situación se agravó.
Los manifestantes denuncian la corrupción, las deficiencias en las universidades y el aumento de los costos educativos. Además, exigen la dimisión del primer ministro, Edi Rama, en el poder desde 2013.
Una manifestante anónima cuenta a DW que lleva nueve días asistiendo regularmente a las protestas. Se coordina con otros estudiantes a través de su celular. "Nos comunicamos por mensajes de texto, únicamente así", explica.
"Las redes sociales son hoy la plaza pública más importante, mucho antes de que se llenen las plazas físicas", afirma el experto en ciberseguridad Besmir Semanaj.
"Los jóvenes albaneses ya no se organizan mediante estructuras tradicionales, como partidos políticos, asociaciones o convocatorias públicas. Se organizan allí donde transcurre su vida cotidiana: en el celular".
Entre los principales canales de comunicación figuran Instagram, grupos de WhatsApp de cursos universitarios, facultades o residencias estudiantiles, canales de Telegram para anuncios generales y TikTok para compartir videos. Quienes prestan más atención a la seguridad utilizan Signal.
"Se trata de una estructura organizativa horizontal, sin líderes identificables ni una estructura central de mando. Precisamente por eso al Gobierno le resulta tan difícil comprender y controlar esta dinámica", explica Semanaj a DW.
El primer ministro Edi Rama, conocido precisamente por su habilidad para manejar las redes sociales, responsabiliza en parte a los algoritmos de la situación actual. Ha descrito la revuelta juvenil contra su Gobierno como una "guerra híbrida". Durante una reciente aparición pública, dirigió duras críticas verbales contra los manifestantes.
Rama defiende que los jóvenes que creen que pueden convertir Albania en un país mejor "con TikTok y sin ser capaces de decir siete palabras con sentido seguidas" no son necesariamente terroristas, pero "son rehenes de una determinada mentalidad, de una nueva ideología que solo tiene un objetivo: destruir, poner todo patas arriba, arrasarlo todo".
Desde el inicio de las protestas, Rama ha intentado identificar públicamente a los "verdaderos" instigadores de las movilizaciones.
Recientemente señaló a un nuevo culpable: Antifa, un movimiento global de izquierda, descentralizado y sin líderes. "Se trata de jóvenes radicalizados e ideológicamente adoctrinados que actúan bajo la presión o la influencia de una nueva fuerza oscura surgida en Europa y Estados Unidos, una fuerza que el presidente de Estados Unidos ha calificado como organización terrorista: Antifa", sostuvo el primer ministro albanés.
Redion Qirjazi, experto en seguridad y radicalización, rechaza esa interpretación. "Se trata de una acusación grave que requiere pruebas igualmente sólidas. Hasta la fecha no se han presentado pruebas verificables que demuestren la existencia de una estructura organizada de Antifa en Albania, y mucho menos su participación en la coordinación de las protestas", advierte.
"Los jóvenes albaneses están indignados por las actuales condiciones socioeconómicas: por la pobreza, porque muchos de sus padres emigraron al no poder mantener a sus familias, por el deterioro del sistema educativo y por la falta de perspectivas tras graduarse", afirma Arlind Qori, líder del pequeño partido opositor Lëvizja Bashkë (Movimiento Juntos).
A su juicio, esos factores son los que han empujado a los jóvenes a salir a la calle, no una determinada ideología. Además, recuerda que la principal reivindicación de los estudiantes es la dimisión de Rama, "no una revolución socialista".
"La gente no exige nada radical, sino la renuncia de un jefe de Gobierno corrupto; una demanda básica y moderada. Sin embargo, Edi Rama sigue respondiendo con violencia policial y arrogancia", denuncia Qori ante DW.
Qirjazi ve una estrategia detrás de estas acusaciones. "Cuando un Gobierno se enfrenta a protestas y a un creciente descontento social, vincular a los manifestantes con el extremismo y con influencias extranjeras puede servir para desviar la atención de las verdaderas causas de las protestas y trasladar el debate al terreno de la seguridad nacional", argumenta.
El experto en ciberseguridad Semanaj considera que este patrón ya se ha visto en otras crisis y cree que no se trata de una casualidad, sino de una campaña de comunicación orquestada: "Su objetivo es imponer una narrativa concreta: que protesta equivale a violencia, que los jóvenes están siendo manipulados y que alguien más mueve los hilos".
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Fuente: Deutsche Welle

