"Es evidente que Bolivia se encuentra en un momento decisivo. Las recientes protestas demostraron que el Gobierno debe impulsar las reformas económicas tan necesarias, al tiempo que salvaguarda el diálogo social y respeta los derechos fundamentales”, dice a DW Robert Biedron, jefe de la delegación del Parlamento Europeo que visitó el país andino esta semana.
Esta misión de diplomacia parlamentaria tiene una dimensión histórica: hacía más de veinte años que no acudía una delegación como ésta a Bolivia. Esto es poco habitual en el trabajo parlamentario europeo.
¿Qué sucedió entre Bolivia y la Unión Europea (UE) que las relaciones parlamentarias se enfriaron? En 2006, Evo Morales, el primer presidente indígena llegó al poder, con un voto sin precedente unido en torno al sueño de la prosperidad que podría traer la nacionalización de los recursos naturales del país.
Entre los factores que marcaron las relaciones con Europa durante esos años figuraron la nacionalización de activos energéticos y las diferencias políticas entre el Gobierno de Morales y varios actores europeos.
Ahora, en 2026, el ejecutivo de Rodrigo Paz impulsa una nueva Ley de Hidrocarburos para atraer inversión y reactivar el sector energético. "Durante nuestras reuniones, escuchamos perspectivas muy diferentes, tanto de las autoridades como de los parlamentarios y la sociedad civil”, sigue Biedron, que preside la Delegación para las Relaciones con los Países Andinos.
"Bolivia ha pasado una página con las últimas elecciones y con una política de apertura al mundo y también de mayor cooperación con la Unión Europea”, dice a DW Davor Ivo Stier, quien presidió la Misión de Observación Electoral de la UE (MOE) a los comicios generales de 2025.
Pero no es que en dos décadas haya habido silencio entre La Paz y Bruselas: desde el referéndum para la Asamblea Constituyente (2006), la MOE europea ha acompañado seis convocatorias a las urnas. Tampoco la cooperación europea ha faltado en el país andino, que se ha centrado en medio ambiente, acción climática y desarrollo inclusivo.
Aparte de eso, Bolivia es el único país de la región que, por estar clasificado como de ingreso mediano bajo, tiene el sistema preferencial de arancel cero (SGP+) para sus exportaciones al mercado europeo. Es más, en 2017, el presidente Morales fue invitado a los Development Days en Bruselas, a presentar los logros económicos y sociales de su mandato ante líderes y organizaciones internacionales.
No obstante, a su vez, es el único país de la región que no tiene un acuerdo comercial con la UE. Hay que decir que Bolivia comenzó en 2007 a negociar el tratado de libre comercio con los países de la Comunidad Andina, pero en 2008 las abandonó. Colombia y Perú lo concluyeron en 2012; Ecuador se adhirió en 2016.
Efectivamente, "Bolivia es hoy el único país de América Latina que no cuenta con un tratado comercial con la UE y, aunque se incorporó formalmente al Mercosur en 2024, no quedó incluida en el acuerdo UE-Mercosur que entró en vigor el 1 de mayo de este año, pues se requiere una alineación total con la normativa del bloque sudamericano”, informa Robert Biedron.
"Con todo, a ambas partes les conviene acelerar el proceso, especialmente en un entorno geopolítico y económico cambiante, en el que Bolivia está profundizando sus relaciones comerciales con diversos socios internacionales, entre ellos China”, agrega. Cabe recordar que al momento de la firma entre el gigante del sur y el bloque europeo (17.01.2026), Bolivia dejó claras sus intenciones de incorporarse al tratado.
Durante la misión del Parlamento Europeo se abordaron ―con representantes de ambas cámaras bolivianas, sociedad civil y autoridades locales― temas de interés común como el crimen transnacional y el narcotráfico.
A este respecto, "las conversaciones se centraron sobre todo en la renovada disposición de Bolivia a cooperar a nivel internacional en la lucha contra el crimen organizado, incluido el regreso de la DEA", comenta Biedron. Se trata de la Agencia para el Control de Drogas de Estados Unidos que volvió en junio de este año, después de que fuera expulsada en 2008.
"Por su parte, la UE puede complementar estos esfuerzos fortaleciendo las instituciones mediante el apoyo al poder judicial y a los servicios aduaneros, y la asistencia técnica para monitorear las rutas de tráfico, particularmente en la región del Chapare, con un enfoque de respeto a los derechos humanos”, puntualiza Biedron.
Este enfoque estaría también presente en las inversiones europeas previstas para el desarrollo de una cadena del litio. Según información oficial europea, la UE prevé asociaciones entre empresas europeas y Yacimientos de Litio Bolivianos (YLB), con inversiones en los salares de Pastos Grandes, Coipasa, Empexa y en el de Uyuni.
"Este salar es un recurso estratégico para la transición hacia la energía verde en Europa", explica Biedron. "No obstante, las comunidades locales han manifestado claras tensiones, y las organizaciones de la provincia de Nor Lípez afirman que se las está dejando al margen de las consultas sobre los proyectos de litio impulsados por Rusia y China. Europa no puede repetir el error de tratar el litio como un recurso que se extrae sin una participación genuina de las comunidades en la toma de decisiones y sin garantías ambientales sólidas", agrega.
Como fuere, "vemos a la diplomacia parlamentaria activa nuevamente, después de un largo período de parálisis", retoma Stier, eurodiputado de la bancada conservadora. "Esto hay que ponerlo en el marco de una política más general de apertura al mundo; en ese marco, la UE y el Parlamento Europeo van siempre a tender una mano a un país amigo como Bolivia", añade.
Según Diego Ávila, presidente del Senado de Bolivia, el encuentro permitió intercambiar sobre oportunidades de cooperación entre la UE y su país. Y la prensa boliviana, si bien resalta las décadas de ausencia, enfoca los renovados vínculos en una "nueva etapa".
Así las cosas, "nuestro diálogo debe basarse en hechos, no en ideologías. Hablamos de los indicadores macroeconómicos, las finanzas públicas y los desafíos que enfrenta la economía boliviana", comenta Robert Biedron.
"Pero también hemos hablado del impacto social de las reformas en inversiones y en el sector minero que ya están en curso en Bolivia. Éstas requieren responsabilidad fiscal y una protección social sólida. La estabilidad económica es importante, pero no puede lograrse a costa de los más vulnerables", concluye al finalizar la histórica visita.
Fuente: Deutsche Welle

