Abdu, un desarrollador de software egipcio, llegó a la capital alemana casi por casualidad hace siete años. "No diría que elegí Berlín", cuenta a DW. "Simplemente, la empresa que me ofreció trabajo estaba aquí".
Pero ahora le encanta. La cultura es "mejor que la de cualquier otra ciudad que haya conocido", afirma. Habla de su diversidad y de la forma en que los berlineses afrontan la vida. "Están más interesados en vivir que en trabajar", comenta. "Aquí siento que la vida es más relajada y ofrece la oportunidad de ser más creativo".
Pero hay cosas de Berlín que no le agradan tanto, como el rápido aumento de los precios de los alquileres y la burocracia. "Me gustaría montar mi propio negocio, pero es difícil por toda la burocracia", dice.
En general, Abdu está insatisfecho con el actual Gobierno de Berlín, una coalición conservadores democristianos (CDU) y socialdemócratas (SPD) de centroizquierda. Sin embargo, al no ser ciudadano alemán, no tiene voz ni voto. en las venideras elecciones del 20 de septiembre.
"Pagamos impuestos, pero no tenemos ninguna representación, ni siquiera a nivel local", lamenta. "Los recortes en la sanidad y en los cursos de alemán, por ejemplo, me afectan directamente".
La capital alemana está creciendo y volviéndose más internacional. Pero de los 3,9 millones de habitantes de Berlín, una cuarta parte —unos 976.000 adultos— no pueden votar porque no tienen la ciudadanía alemana. Esa cifra se ha duplicado desde 2011.
Esto se debe en parte a la estructura política de Alemania. En Alemania y en toda Europa, los ciudadanos de otros países de la UE pueden votar en las elecciones municipales. En Londres, los ciudadanos de países de la Commonwealth pueden hacer lo mismo siempre que tengan residencia en Reino Unido. España también tiene acuerdos de voto recíproco con varios países no miembros de la UE —en Sudamérica y otras regiones— que permiten a sus ciudadanos votar en las elecciones municipales, incluidas las de alcaldes de Madrid y Barcelona.
Pero las próximas elecciones en Berlín no son municipales. Dado que Berlín es uno de los 16 estados federados de Alemania, se trata de elecciones estatales, donde el derecho al voto es más restringido. Las elecciones municipales de Berlín, en las que pueden votar los ciudadanos de la UE, solo deciden quién gobierna cada distrito de la ciudad, y su influencia política es limitada.
Stefanie Remlinger, alcaldesa de Los Verdes en el distrito de Mitte, ha organizado unas elecciones simbólicas para los no alemanes de su zona: unos 135.000 adultos de un total de 365.000. Quiere concienciar sobre la importancia del derecho al voto para todos.
En Mitte, viven personas de 170 países diferentes, explicó Remlinger a DW por videollamada. "Para nosotros es importante hacerles saber que valoramos sus opiniones".
Convencer a la gente para votar en unas elecciones sin trascendencia es una tarea ardua. Remlinger espera que solo participen pocos cientos de personas, pues el clima político en Alemania no es precisamente favorable a los inmigrantes en estos momentos. Hasta en la cosmopolita Berlín, el partido antiinmigrante Alternativa para Alemania (AfD) se sitúa actualmente en segundo lugar en las encuestas, con casi el 20 por ciento.
"Nosotros, como Los Verdes, liberalizaríamos aún más el derecho al voto, pero no veo que el debate general en Alemania vaya en esa dirección", dice. "Estamos luchando contra un giro a la derecha y mucha hostilidad hacia la inmigración, y creo que las posibilidades de cambiar algo en ese tema ahora mismo son muy escasas".
Abdu es consciente de este giro antiinmigrante en la política alemana. De hecho, es una de las razones por las que está considerando abandonar Alemania: "El ambiente se está volviendo más hostil", comenta.
Desde una perspectiva económica, sería una lástima que personas cualificadas como Abdu decidieran abandonar Alemania. El país tiene escasez de mano de obra. El Gobierno estima que para 2029 habrá un déficit de unos 440.000 trabajadores, y hasta la dirección del partido AfD afirma no tener nada en contra de los inmigrantes que contribuyen a la economía.
Aunque algunas ciudades y autoridades locales alemanas cuentan con un consejo asesor electo para residentes no alemanes, ofrecer a los inmigrantes un voto real suele considerarse demasiado pedir.
La propia Remlinger opina que la mejor vía para lograr el sufragio universal no es ofrecer el derecho al voto a los extranjeros, sino facilitar a los inmigrantes la obtención de la ciudadanía alemana. Esa es otra de las quejas de Abdu sobre Berlín: "Solicité la ciudadanía hace dos años y no obtuve respuesta", cuenta.
Alemania ha vuelto a endurecer recientemente sus normas de ciudadanía. No obstante, en 2025, cerca de 39.000 personas se naturalizaron en Berlín, 17.000 más que en 2024. Pero esa opción, como la participación política, sigue cerrada para Abdu: "Si pudiera votar, me replantearía mi salida, para ser sincero, porque entonces podría influir en las cosas, pero ahora soy como un cajero automático: vienen a mí y me quitan la mitad del sueldo".
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Fuente: Deutsche Welle
