Ucrania: así es la guerra moderna en la “zona de la muerte”

Ucrania: así es la guerra moderna en la “zona de la muerte”

El maíz alcanza ya casi un metro de altura en los campos, aunque hace mucho que nadie lo cosecha. Los pueblos están destruidos y vacíos. A los lados de las carreteras se ven restos de autos calcinados. No hay combates a la vista, pero el paisaje en la región de Járkiv, cerca de la frontera con Rusia, tiene algo inquietante, casi fantasmal.

Las imágenes que captan drones de reconocimiento y cámaras fijas llegan sin pausa a los monitores de un puesto de mando ucraniano. Desde allí, la brigada “Chartija” de la Guardia Nacional vigila la zona. El puesto está instalado en el sótano de un edificio abandonado, a varios kilómetros de la línea del frente, al norte de Járkiv.

El comandante del batallón utiliza el nombre en clave “Donner”. No aparta la vista de las pantallas ni un instante. El cielo está despejado y la vigilancia debe ser extrema.

“Si el enemigo consigue acercarse a nuestras posiciones, es porque en algún punto hemos fallado”, dice a DW.

En esta guerra, explica, las trincheras y los refugios tradicionales ya no ofrecen protección suficiente. Por eso, tanto la infantería ucraniana como la rusa se ocultan en túneles subterráneos, fuera del alcance de los drones de ataque.

Detectar la presencia del enemigo significa, en la práctica, aprender a “leer desde el cielo las señales que quedan en el suelo”, explica “Donner”. Puede ser basura reciente en las calles de un pueblo abandonado, tierra removida en un jardín o un pequeño montón de leña en medio de un patio. Detalles mínimos que delatan movimiento.

El piloto Oleksij dirige un dron hacia una de las casas y detecta algo sospechoso cerca de un pozo.

“Parecen huellas de animales, pero también podría ser que alguien haya ido a buscar agua. Tendremos que comprobarlo más tarde”, comenta.

Luego revisa la carretera cercana. Poco antes, los drones habían observado un vehículo civil que se detuvo unos minutos junto a un pequeño grupo de árboles.

“El enemigo abastece continuamente a su infantería con distintos suministros”, explica Oleksij. En cuanto la brigada detecta un refugio ruso, envían drones de combate.

“Rusia hace exactamente lo mismo”, añade “Donner”. “Quien tenga los mejores escondites y el control del cielo con drones, tiene la ventaja”.

Los refugios subterráneos deben permanecer ocultos el mayor tiempo posible. Por eso, el Ejército ucraniano utiliza cada vez menos vehículos convencionales para llevar provisiones, equipo militar, realizar tareas de desminado o evacuar heridos. En su lugar, recurre cada vez más a vehículos terrestres no tripulados.

El enemigo, explica otro comandante de brigada con el nombre en clave “Scrooge”, intenta destruir activamente estos robots. Cada noche, su unidad envía varias plataformas autónomas cargadas de suministros hacia las posiciones ucranianas.

La reportera de DW lo encuentra exactamente a medianoche en medio de la estepa, en las afueras de un pueblo del frente de Kupiansk, también en la región de Járkiv.

Allí, soldados cargan con rapidez cuadricópteros, combustible, provisiones y equipo de combate en distintas plataformas robóticas. Todo debe hacerse rápido: a solo cinco kilómetros se han detectado drones enemigos patrullando el cielo.

El primer robot que parte se llama “Sueño”. Según el plan, debería entregar su carga en unas dos horas.

Un piloto lo controla desde 40 kilómetros de distancia. A mitad de camino, el robot debe detenerse: aparece un dron de combate enemigo. Cerca de una hora después llega el ataque. En el puesto de control se ve cómo la carga empieza a arder.

Los otros envíos de la noche han llegado a destino, por lo que la pérdida no es grave.

“Al fin y al cabo, es solo una máquina”, dice. “Lo importante es que no muera nadie”.

El comandante está convencido de que Ucrania está desarrollando estos robots terrestres más rápido que su adversario. En el taller de su unidad muestra a la reportera una plataforma de combate lista para ser desplegada. Está equipada con una ametralladora Browning estadounidense de gran calibre, capaz, según explica, de destruir tanto tropas enemigas como equipamiento militar.

La plataforma puede permanecer durante largos períodos en modo de espera gracias a sus baterías.

“Si un robot armado con una ametralladora puede disparar contra el enemigo desde un kilómetro y medio de distancia, eso ya supone una enorme presión psicológica para quien está del otro lado”, explica Jurij, mecánico de la unidad.

“Scrooge”, que proviene de una familia de militares y es soldado profesional, está convencido de que el futuro del combate se está redefiniendo.

“Es solo cuestión de tiempo hasta que en el campo de batalla no haya infantería, sino solo tecnología: robots y drones”, afirma. “Los soldados estarán sentados a cien kilómetros de distancia manejándolos”.

Fuente: Deutsche Welle

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