Mark Rutte acudió preparado a su última visita a Washington a finales de junio. Es así como mientras Donald Trump se quejaba de los aliados europeos y de su reticencia a apoyar a Estados Unidos durante la guerra contra Irán, el secretario general de la OTAN respondió con elogios. Muchos elogios.
Ante las cámaras, Rutte se mostró en plena forma. "Quiero mostrarles lo que este presidente ha sido capaz de lograr”, declaró Rutte a la prensa, destacando un aumento de 1,2 billones de dólares (1 billón de euros) en el gasto en defensa por parte de los aliados europeos y Canadá desde 2017, cuando Trump asumió el cargo.
Apenas unos días antes que dé comienzo una cumbre crucial de la OTAN en Ankara el 7 de julio, Rutte estaba llevando a cabo lo que se ha convertido en una de sus tareas más importantes, si no la más importante: mantener a Donald Trump a bordo. La cumbre reunirá a los líderes de los 32 países aliados de la OTAN en un momento de creciente incertidumbre, en medio de las intensas tensiones en Oriente Medio y la guerra en curso entre Rusia y Ucrania.
Mientras Estados Unidos revisa su postura militar en Europa, muchos gobiernos europeos están preocupados por el grado de compromiso que mantiene Trump con la alianza de seguridad.
La estrategia de Rutte para mantener unida a la alianza consiste en halagar a Trump, hacer hincapié en los beneficios que la OTAN aporta a EE.UU. y destacar los esfuerzos que han realizado los aliados europeos para aumentar el gasto en defensa. El secretario general de la OTAN quiere evitar disputas públicas en Ankara y mostrar la unidad de los aliados.
Claudia Major, experta en seguridad transatlántica del think tank German Marshall Fund, explicó a DW que los líderes, preocupados, intentarán transmitir el mensaje de que la alianza sigue siendo fuerte, y buscarán "complacer a Trump y defender la OTAN”.
Esto podría explicar por qué Rutte ha situado la producción de defensa en el centro de la cumbre de este año. Se espera que dé a conocer lo que él denomina una "revolución industrial de la defensa”, que incluye decenas de miles de millones de dólares en nuevos contratos y acuerdos de adquisición para los europeos que buscan impulsar la producción de armamento.
El objetivo de Rutte, según Major, es "demostrar que existe un mercado para la industria estadounidense y también presentar argumentos económicos a favor de la OTAN que, con suerte, resulten atractivos para Trump”.
Aún no está claro si ese enfoque funcionará. "Si algo hemos aprendido sobre el presidente de EE.UU. en el último año y medio”, afirmó Major, "es que puede ser muy disruptivo y que resulta difícil predecir lo que hará”.
Esa imprevisibilidad quedó patente en una reunión de ministros de Defensa de la OTAN celebrada en Bruselas el 18 de junio, cuando el secretario de Defensa de Trump, Pete Hegseth, anunció una revisión del despliegue de tropas estadounidensesy de la postura militar en Europa.
Hegseth también lanzó una advertencia contundente: "Nuestra estrategia de defensa nacional establece claramente que vamos a incentivar y capacitar a nuestros aliados para que den un paso al frente y cumplan con su parte”, afirmó. "Por eso vamos a vigilar de cerca a los aliados que no lo hagan y que digan que no, o quizá, o que esperen a ver qué pasa cuando más importa. Es una revisión en la que algunos países reprobarán y otros aprobarán”.
El tono severo provocó cierta irritación entre los ministros reunidos. La revisión en sí era esperada: los gobiernos europeos llevan tiempo anticipando una reducción gradual del papel de EE.UU. en Europa. Su preocupación radica en la rapidez con la que eso va a suceder.
El ministro de Defensa alemán, Boris Pistorius, advirtió sobre el riesgo de que se produzcan carencias militares durante la transición. "Se trata de una hoja de ruta. Se trata de una forma coordinada de llevarlo a cabo”, afirmó tras la reunión de ministros de Defensa. "El reto más importante es evitar peligrosas carencias en las capacidades”.
Europa necesita su propio plan para gestionar esta transición, señaló Major. "Si Estados Unidos decide que ya no quiere desempeñar un papel crucial en Europa, los europeos tienen que dar un paso al frente. Y más vale que lo hagan rápidamente, dada la amenaza de Rusia y la fragilidad geopolítica general que rodea a Europa”, afirmó.
Una parte importante de la cumbre de Ankara consistirá también en garantizar un mayor apoyo a Ucrania, incluyendo posibles nuevos compromisos de financiación. Según la agencia de noticias AFP, los miembros europeos de la OTAN y Canadá se comprometerán en la próxima cumbre de Ankara a proporcionar a Ucrania 70.000 millones de euros en ayuda militar tanto este año como el próximo.
Sin embargo, persisten las tensiones entre los aliados europeos en torno al reparto de la carga, y Rutte ha pedido en repetidas ocasiones que la ayuda a Ucrania se distribuya de forma más equitativa entre los socios de la OTAN.
Para Major, la cuestión central de la cumbre de la OTAN no es el gasto en defensa ni los contratos de adquisición, sino la unidad política. "Si la cumbre pone de manifiesto divisiones políticas, si hay disputas abiertas, si el presidente de EE.UU. critica a un aliado por no gastar lo suficiente o por no hacer lo suficiente en la guerra contra Irán, esto debilita la cohesión política y, con ello, también la disuasión militar y el mensaje de defensa”, afirmó.
Se espera que la declaración de la cumbre reafirme el artículo 5, la cláusula de defensa mutua de la alianza, que establece que un ataque contra un aliado es un ataque contra todos. Además, confían en mantener la formulación que describe a Rusia como una amenaza a largo plazo para la seguridad euroatlántica.
Fuente: Deutsche Welle

