Diversas fuentes han confirmado ya la presencia de fuerzas eritreas en Etiopía. Un informe de la agencia de noticias AFP citó a una fuente de seguridad extranjera que estimaba entre 5.000 y 8.000 el número de soldados eritreos presentes en Tigray, una convulsa región del norte de Etiopía.
Reuters informó que Adís Abeba había escrito al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas para pedir la retirada inmediata de las tropas eritreas de su territorio.
En la carta, fechada el 8 de octubre, el ministro de Exteriores etíope, Gedion Timothewos, dijo que la presencia de tropas eritreas "no dejaba otra alternativa que defenderse". Y en una publicación realizada el 7 de octubre en X, el ministro de Información eritreo, Yemane Gebremeskel, acusó a sus vecinos de "tocar incesantemente los tambores de la guerra".
Dos días después escribió en tigriña, lengua predominante en Tigray y uno de los idiomas de trabajo en Eritrea, que "el Estado soberano de Eritrea está unido por la sangre y por la ley". Todo esto, justo cuando el conflicto en Tigray, donde grupos locales se enfrentan a las fuerzas federales etíopes, se ha intensificado.
Algunos expertos han sugerido que Etiopía pudo haber desencadenado intencionalmente esta escalada. A comienzos de octubre, Adís Abeba anunció la expulsión de diplomáticos de Egipto y Eritrea, lo que llevó a este último país a romper totalmente las relaciones diplomáticas.
El lunes 5 de octubre, cuando Abiy Ahmed juró como primer ministro de Etiopía por otros cinco años, declaró que el acceso al mar era una prioridad para su país. Esta afirmación avivó nuevas especulaciones sobre su intención de tomar por la fuerza el estratégico puerto eritreo de Assab, y provocó airadas reacciones por parte de su vecino.
Si bien las Fuerzas de Defensa Nacional de Etiopía, apoyadas por la milicia Fuerza de Paz de Tigray, han logrado avances significativos, como la recuperación de la capital tigreña, Mekele, la oposición al gobierno de Etiopía ha encontrado nuevas formas de colaboración.
Una es el movimiento Tsimdo, nombrado así por un término tigriña que se traduce como "compromiso".
"Tsimdo surgió en 2025 a través de iniciativas de paz transfronterizas que involucraban a activistas, figuras religiosas y comunidades locales en las aldeas fronterizas de Tigray y Eritrea", dice a DW Jalale Getachew Birru, analista senior de África Oriental del monitor de conflictos ACLED.
Desde entonces, Tsimdo ha pasado por varias reconfiguraciones, y ahora abarca a diversos grupos dentro de Etiopía, en su mayoría definidos según afinidades étnicas y con problemas de larga data con el gobierno federal.
De este movimiento surge la Alianza para la Supervivencia de las Fuerzas Populares de Etiopía, o simplemente Alianza para la Supervivencia, que fue proclamada en septiembre de 2026. Según Jalale, este grupo tiene como objetivo derrocar al actual gobierno e iniciar un diálogo constitucional.
Todo esto dice mucho sobre la larga historia de conflictos no resueltos en el país, dice a DW Abdurahman Sayed, analista del Centro para la Integración Regional del Cuerno de África. "Los combates en Etiopía nunca han cesado", explica.
"En el caso del Ejército de Liberación Oromo, la situación se arrastra hace décadas; con los amhara, ocurre lo mismo desde hace al menos tres años. En cuanto al Tigray, el acuerdo de Pretoria de 2022 supuso solo un cese de las hostilidades, que debería haber conducido a una paz duradera mediante el abordaje de las causas profundas del conflicto. Sin embargo, eso no se logró y por eso ahora pasa lo que pasa", agrega.
De los siete grupos que componen la alianza, los datos de ACLED muestran que solo tres estuvieron involucrados en combates con las fuerzas federales: las Fuerzas de Defensa de Tigray, el Movimiento Nacional Amhara Fano y un grupo armado Afar de reciente formación, Ugugumo.
El éxito de la Alianza para la Supervivencia dependerá en gran medida del apoyo que reciba de actores externos como Sudán, Egipto, Somalia y la ya nombrada Eritrea. "Todos estos países tienen problemas con el gobierno del primer ministro Abiy Ahmed", dice Sayed.
"Los egipcios tienen diferencias respecto a la gestión del río Nilo, incluidas las presas ya existentes y las que se planea construir. Los sudaneses tienen también sus propias preocupaciones, pues consideran que los etíopes apoyan a la milicia Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR), que combate contra el ejército sudanés", agrega.
En el caso de Somalia, la cuestión del acceso al mar ha provocado tensiones. Etiopía, país sin salida al mar, ha negociado el acceso al puerto de Berbera, en Somalilandia. En 2024 incluso firmó un memorando de entendimiento con la región separatista, lo que provocó revuelo en Somalia, que considera el acuerdo una violación de su soberanía nacional. Se requirió la mediación turca para calmar los ánimos.
"Así que todos esos países vecinos tienen sus propias preocupaciones y sienten que esta amenaza que proviene de Etiopía debe ser abordada de forma colectiva".
El 4 de octubre de 2026, los líderes de los cuatro países emitieron una declaración conjunta que no mencionaba a Etiopía, pero parecía enviar una señal fuerte. Allí resaltaron la importancia de observar la vigencia del derecho internacional, "en particular el respeto a la soberanía, la independencia y la integridad territorial de los Estados de la región".
Agregaron que la "gobernanza del mar Rojo es responsabilidad exclusiva de los Estados ribereños". Y si bien los cuatro países prometieron promover "soluciones pacíficas a los conflictos", la realidad sobre el terreno podría ir en camino opuesto.
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Fuente: Deutsche Welle
