Los combates han vuelto a estallar en Tigré, en el norte de Etiopía. Las fuerzas tigrianas lanzaron una importante ofensiva el 23 de septiembre y también se registraron enfrentamientos en las vecinas regiones de Afar y Amhara.
La escalada amenaza la frágil paz establecida por el acuerdo de Pretoria de 2022, que puso fin a la guerra entre el Gobierno federal etíope y el Frente de Liberación Popular de Tigré (TPLF). Pero el interrogante va más allá de Tigré: ¿podría este conflicto conectarse con las guerras y rivalidades que ya desestabilizan el Cuerno de África y el mar Rojo?
"Si un conflicto se propagara más allá de las fronteras, es muy posible que un enfrentamiento entre Eritrea y Etiopía terminara involucrando también a fuerzas sudanesas, lo que podría arrastrar a toda la región a una guerra", declaró a DW Martin Plaut, periodista británico y experto en el Cuerno de África.
Jalale Getachew Birru, analista sénior para África Oriental de la organización independiente Armed Conflict Location & Event Data Project (ACLED), también advirtió contra una visión aislada de la crisis.
"El caso etíope no es un caso aislado en el Cuerno de África. También involucra a los países vecinos y se está manifestando en los países del Cuerno de África", dijo a DW.
El conflicto coincide con alianzas cambiantes e intereses contrapuestos en países como Sudán y Somalia, añade. Según Birru, el peligro no deriva de una única alianza regional, sino de que varias crisis ya están conectadas geográfica y políticamente.
El 23 de septiembre, el presidente de la Comisión de la Unión Africana (UA), Mahmoud Ali Youssouf, advirtió que las nuevas alianzas políticas y militares podrían revertir los avances logrados desde 2020.
La organización reclamó que cesen las acciones susceptibles de agravar las tensiones, pidió retomar el diálogo directo en el marco del acuerdo de Pretoria e instó a los vecinos de Etiopía a actuar con moderación. También encargó al expresidente nigeriano, Olusegun Obasanjo, apoyar los esfuerzos diplomáticos.
Mientras tanto, el TPLF se ha aliado con otros seis grupos armados etíopes que buscan apartar del poder al primer ministro Abiy Ahmed. Entre ellos, el movimiento amhara Fano, que luchó contra el TPLF durante la guerra anterior. Aunque no forman una fuerza militar unificada y persiguen objetivos políticos y territoriales distintos, la alianza podría obligar al Gobierno a combatir en varios frentes.
Especialmente significativa es la violencia en Afar, región fronteriza con Eritrea y Yibuti. Por allí pasa el principal corredor de transporte que conecta a Etiopía, sin litoral, con Yibuti y canaliza gran parte de su comercio internacional. Una lucha prolongada podría amenazar esta arteria económica.
Durante la guerra de Tigré, de 2020 a 2022, las fuerzas eritreas combatieron junto al Ejército federal contra el TPLF. Desde entonces, las relaciones entre Adís Abeba y Asmara se han deteriorado, mientras las ambiciones etíopes de obtener acceso al mar Rojo se suman a la preocupación por la seguridad de Eritrea.
"La guerra sin duda podría escalar y Eritrea podría involucrarse", afirmó Plaut.
Etiopía acusa a Eritrea de apoyar a grupos armados contrarios al Gobierno, algo que Asmara niega. El alcance de una eventual implicación eritrea directa resulta difícil de verificar de manera independiente.
El otro gran foco de riesgo es Sudán, sumido desde 2023 en una guerra entre las Fuerzas Armadas Sudanesas (SAF) y las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF). Plaut sostiene que "tanto Eritrea como Etiopía ya están desempeñando, indirectamente, un papel en la guerra", en bandos opuestos.
"Los etíopes están del lado de las RSF y de Hemedti", aseguró, en referencia a su comandante, Mohamed Hamdan Dagalo. "Hay pruebas sólidas de que existe una base en el oeste de Etiopía que abastece y entrena a combatientes de las RSF", agregó. DW no ha podido verificar de forma independiente esta afirmación.
Emiratos Árabes Unidos ha sido acusado de apoyar a las RSF, algo que niega, mientras que Plaut señala a Eritrea, Egipto y Arabia Saudita como apoyos de las Fuerzas Armadas Sudanesas.
Un enfrentamiento directo entre Etiopía y Eritrea podría dar a las fuerzas rivales sudanesas incentivos para aprovechar la nueva situación y modificar rutas de suministro y cálculos militares.
"Como Emiratos Árabes Unidos respalda a las RSF y los saudíes respaldan a los eritreos y a las Fuerzas Armadas Sudanesas, todo esto podría multiplicarse y un conflicto podría conducir a otro", advirtió Plaut. "Así, todo podría acabar convirtiéndose en un conflicto generalizado en la región".
El estrecho de Bab el-Mandeb, uno de los pasos marítimos estratégicos del mundo, conecta el mar Rojo con el golfo de Adén y el océano Índico. Eritrea y Yibuti se encuentran en su lado occidental y Yemen en el oriental. La guerra yemení ya ha mostrado cómo la inseguridad en torno al mar Rojo puede alterar la navegación internacional y atraer a potencias externas.
La ubicación de Eritrea y su control del puerto de Asab le otorgan así una relevancia estratégica que trasciende a Tigré. Además, Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos mantienen amplios intereses políticos, económicos y de seguridad en el Cuerno de África, coincidentes en algunos ámbitos pero divergentes en otros, especialmente en Sudán.
Nada de esto significa que una guerra regional sea inevitable. No hay pruebas de una alianza militar única que se extienda desde Tigré hasta el golfo Pérsico. Los grupos armados etíopes tienen intereses distintos, Eritrea podría evitar una intervención directa, y las facciones sudanesas mantienen sus propias prioridades. Sin embargo, los conflictos no necesitan una estructura de mando común para terminar interconectados.
La anterior guerra de Tigré causó cientos de miles de muertos y desplazó a millones de personas. El acuerdo de Pretoria frenó los grandes combates, pero dejó sin resolver numerosas disputas políticas y territoriales.
"Sin duda, existe el peligro de que esto se convierta en un conflicto extremadamente sangriento", advirtió Plaut. "Después de todo, 600.000 personas murieron en el último conflicto en Tigré".
No obstante, evita pronosticar que esa cifra vaya a superarse: "Esperemos que no vaya en esa dirección".
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Fuente: Deutsche Welle

