El 28 de febrero, Estados Unidos lanzó la Operación “Furia Épica” en Irán. En la semana que siguió, Washington llevó a cabo miles de ataques en todo el país, utilizando más de 20 sistemas de armas distintos desplegados por aire, tierra y mar.
En la primera oleada de bombardeos conjuntos de Estados Unidos e Israel murió el líder supremo iraní, Alí Jamenei. El presidente estadounidense, Donald Trump, ha afirmado que la guerra podría durar entre cuatro y cinco semanas, aunque subrayó que Estados Unidos tiene la “capacidad de prolongarla mucho más tiempo”.
El gobierno de Trump se ha mostrado optimista respecto a la capacidad militar de Estados Unidos.
“No tenemos escasez de municiones”, declaró el secretario de Defensa, Pete Hegseth, durante una visita al Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM), en Florida, el 5 de marzo. “Nuestras reservas de armas defensivas y ofensivas nos permiten sostener esta campaña todo el tiempo que sea necesario”.
El general Dan Caine, jefe del Estado Mayor Conjunto, expresó un mensaje similar. “Contamos con suficientes municiones de precisión para la tarea actual, tanto en ataque como en defensa”, afirmó junto a Hegseth.
Sin embargo, Trump también ha reconocido discretamente dónde podrían surgir problemas. En un mensaje publicado el 2 de marzo en su red social Truth Social, escribió que las reservas de municiones estadounidenses de nivel medio y medio-alto “nunca han sido tan grandes ni tan buenas”. Pero añadió: “En el nivel más alto tenemos un buen suministro, aunque todavía no estamos donde queremos estar”.
Kelly Grieco, investigadora principal del centro de estudios estadounidense Stimson Center, coincide en que la distinción de Trump sobre los distintos niveles de armamento es importante. Las mayores preocupaciones se concentran precisamente en las armas más sofisticadas, como los misiles de largo alcance y los interceptores avanzados. “Ahí sí existen limitaciones reales en las reservas”, señaló.
Desde el inicio del conflicto, Estados Unidos, Israel e Irán han lanzado una lluvia de ataques en toda la región. Según el Comando Central estadounidense, Washington atacó más de 3.000 objetivos en Irán en los primeros siete días.
En respuesta, Irán ha lanzado miles de drones Shahed-136 y cientos de misiles contra posiciones estadounidenses en la región.
Y es aquí donde los números empiezan a resultar incómodos.
Producir un dron iraní Shahed iraníes cuesta entre 20.000 y 50.000 dólares. Existen varias formas de defenderse de ellos, pero ninguna resulta barata. Por ejemplo, los cazas equipados con misiles AIM-9 cuestan unos 450.000 dólares por disparo, a lo que se suman unos 40.000 dólares por hora solo para operar la aeronave.
“El costo de operar el caza durante una hora equivale al costo de un Shahed”, explicó Grieco. “No es eficiente. No es un intercambio favorable de costos”.
Según la analista, Estados Unidos debería haber aprendido de la experiencia de Ucrania, donde se han desarrollado métodos más económicos, como drones interceptores que cuestan menos que los propios Shahed. “Estados Unidos ya ha probado esa tecnología, pero no la ha adquirido en cantidades suficientes”, afirmó.
Los mucho más costosos misiles de defensa Patriot -que salen alrededor de 3 millones de dólares cada uno- se reservan para interceptar misiles balísticos iraníes. Y es precisamente en este punto donde surgen las preocupaciones sobre las reservas.
Mark Cancian, asesor principal del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS), estima que estas existencias se están consumiendo rápidamente.
“Al comienzo creo que había unos 1.000 misiles Patriot, y creo que ya hemos utilizado una parte considerable de ese inventario”, dijo. Según sus cálculos, entre 200 y 300 misiles Patriot ya han sido utilizados.
Armas de alta gama como estas requieren tiempo para fabricarse. Lockheed Martin entregó apenas 620 interceptores PAC-3 en todo 2025.
“Si hoy usted fuera a la empresa y dijera que quiere comprar un Patriot más, tardaría al menos dos años en recibirlo”, explicó Cancian.
Para armas de menor alcance, como bombas, kits JDAM o misiles Hellfire, la situación es distinta. “Militarmente, creo que podríamos sostener esto durante mucho tiempo. Tenemos municiones terrestres suficientes para hacerlo”, afirmó.
Los analistas coinciden en que Estados Unidos probablemente no se quedará sin armas durante la guerra en Irán, pero sí existen preocupaciones sobre lo que ocurrirá después.
“¿Que se quedará sin armas? No lo plantearía exactamente así”, dijo Grieco. “No creo que nada vaya a agotarse realmente durante esta guerra. El problema es que vamos a quedar con reservas muy reducidas, y eso limitará nuestras opciones en los próximos años, ya sea en el Indo-Pacífico, en Europa, o incluso en Medio Oriente”, sostuvo.
Fuente: Deutsche Welle

