Cuando Ucrania recibió por primera vez misiles de crucero Storm Shadow en la primavera de 2023 fue una de las decisiones más importantes de los aliados occidentales en el ámbito de las armas de largo alcance. Desde entonces, se han utilizado en repetidas ocasiones para atacar almacenes, centros de mando, bases y otros objetivos militares e industriales rusos. Por ello, no es de extrañar que la noticia de que Kiev vaya a obtener una licencia para fabricar estas armas haya provocado una fuerte reacción por parte del Kremlin. Representantes del gobierno ruso han acusado al gobierno británico de fomentar una escalada de la guerra e incluso amenazan con atacar futuras instalaciones de producción.
Con motivo del Día de la Independencia de Ucrania el 24 de agosto, el primer ministro británico Andy Burnham, durante una visita a Kiev, llevó consigo los planos secretos y una licencia para la fabricación de los misiles de crucero Storm Shadow, también conocidos por su nombre francés Scalp. Burnham explicó que Londres había autorizado a la empresa de armamento MBDA a facilitar la información necesaria para la producción de estos misiles en Ucrania.
Los Storm Shadow/Scalp son misiles de crucero lanzados desde el aire que se usan desde principios de la década de 2000. Aviones de la fuerza aérea táctica sirven como portadores, entre ellos los modelos Tornado, Mirage 2000, Rafale y Eurofighter Typhoon. Entre las principales ventajas del misil, el fabricante destaca que es difícil de detectar e interceptar por los sistemas de defensa aérea, es especialmente resistente a la guerra electrónica y presenta una gran precisión de impacto, incluso contra objetivos protegidos.
Los misiles Storm Shadow se emplearon por primera vez en combate en la guerra de Irak. Posteriormente se usó en Libia, así como en operaciones contra el grupo terrorista Estado Islámico y en los ataques de la coalición occidental contra instalaciones del gobierno sirio.
Sin embargo, ninguno de los adversarios contra los que se han utilizado hasta ahora los misiles disponía de medios modernos de guerra electrónica ni de defensa aérea. Por lo tanto, una prueba de fuego para el misil fue su incorporación al arsenal de las fuerzas armadas de Ucrania en mayo de 2023, cuando se equiparon con varios bombarderos Su-24M.
Los primeros objetivos fueron instalaciones rusas en los territorios ocupados de Ucrania y en la península de Crimea, anexionada por Rusia. Al parecer, las tropas rusas no siempre lograron interceptar estos misiles. Una ofensiva contra la flota rusa del mar Negro en otoño de 2023 suscitó especial atención. Según datos de la parte ucraniana, no solo se alcanzó el cuartel general de la flota en Sebastopol, sino también el buque de desembarco Mins y el submarino Rostov del Don. No se puede descartar que también se utilizara un misil Storm Shadow en un ataque contra otro gran buque de desembarco, el Novotcherkassk, en Feodósia.
El siguiente paso fue el ataque limitado con misiles contra objetivos en territorio ruso. Al parecer, los misiles se usaron por primera vez contra Rusia en noviembre de 2024. Según los observadores, el objetivo en aquella ocasión podría haber sido un centro de mando subterráneo situado en la localidad rusa de Marjino, en la región de Kursk.
Además, se cree que con el uso de misiles Storm Shadow se atacó la fábrica Kremnij El, en Briansk, que en su día fue el segundo mayor fabricante de componentes microelectrónicos de Rusia. Entre los demás ataques destaca el perpetrado contra la planta de semiconductores VZPP en Vorónezh en junio de 2026. Esta planta suministra componentes electrónicos para misiles rusos, en particular para los modelos X-101 e Iskander-K.
No obstante, Markus Schiller, experto en tecnología de misiles del Instituto Internacional de Investigación para la Paz (Sipri), en Estocolmo, advierte contra las expectativas excesivas. Según él, resulta difícil evaluar de forma fiable la eficacia de estos misiles.
"Ninguna de las partes beligerantes tiene interés en que se haga pública información precisa sobre los objetivos atacados, las tasas de interceptación y la precisión. Sin embargo, del malestar de la parte rusa ante una posible producción bajo licencia en Ucrania se puede deducir que preferirían que este misil no estuviera en Ucrania, por lo que parece que tiene cierto efecto. Pero esta arma por sí sola seguramente no es decisiva para el resultado de la guerra", afirmó Schiller en entrevista con DW.
El hecho de que Francia y Reino Unido hayan dado su visto bueno para conceder a Ucrania una licencia para la producción de misiles Storm Shadow no significa que su fabricación pueda ponerse en marcha rápidamente. Un misil Storm Shadow es como un sistema modular: su motor, el sistema de guía, la ojiva y otros componentes son fabricados por diferentes empresas.
Por lo tanto, la puesta en marcha de todo el ciclo de producción requerirá tiempo y la colaboración de numerosos proveedores. Solo la organización de la producción de cada uno de los componentes es "una tarea que no se puede llevar a cabo en pocos meses", subrayan los analistas de la publicación especializada ucranianaDefense Express. Por ello, en su opinión, sería mucho más eficaz para Ucrania "fabricar componentes individuales bajo licencia e integrarlos en misiles de crucero ucranianos ya existentes".
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Fuente: Deutsche Welle
