Incluso más de 30 años después del fin de la guerra en Bosnia y Herzegovina (1992-1995), Srebrenica sigue siendo un símbolo de su crueldad, y ningún nombre está tan vinculado al genocidio de esta pequeña ciudad del este de Bosnia como el del que fuera comandante en jefe del Ejército de los serbios de Bosnia: Ratko Mladic.
Aunque Srebrenicahabía sido declarada "zona de protección" por las Naciones Unidas, los soldados serbios de Bosnia atacaron la localidad. En tan solo unos días, en julio de 1995, expulsaron a mujeres y niños, y asesinaron a más de 8.300 niños y hombres musulmanes desarmados en el barrio de Potocari, siguiendo órdenes directas de Mladic, tal y como se recogería 22 años después en la sentencia del Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia (TPIY) de La Haya.
La de Srebrenica fue, en aquel momento, la mayor masacre ocurrida en Europa desde la Segunda Guerra Mundial. El TPIY la calificó de genocidio. Pero a Mladic no solo se le imputó el genocidio de Srebrenica: bajo su mando comenzó también, justo al inicio de la guerra, el asedio de Sarajevo, que se prolongó durante años. La ciudad fue bombardeada durante más de 40 meses: unas 11.000 personas perdieron la vida, entre ellas más de 1.600 niños.
Mladic siempre afirmó que solo atacaba objetivos militares, pero numerosos informes y comunicaciones de radio interceptadas sugieren que también se atacaron de forma selectiva instalaciones civiles y zonas residenciales. Unas 100.000 personas perdieron la vida en Bosnia durante los cuatro años de guerra, y unos 2,2 millones fueron desplazadas de sus ciudades y pueblos en aquel Estado que, por entonces, contaba con 4,4 millones de habitantes.
En 2017, Mladic, a quien los medios internacionales también llamaban "el carnicero de los Balcanes", fue condenado a cadena perpetua por el Tribunal de La Haya como uno de los principales responsables de crímenes de guerra y genocidio durante la guerra de Bosnia.
Mladic siempre rechazó cualquier responsabilidad. Se consideraba a sí mismo un vengador de los serbios por el dominio turco en los Balcanes, que se prolongó durante siglos, y veía a los musulmanes bosnios -que hoy se denominan "bosniacos"- como descendientes directos de aquellos. Ante sus soldados, siempre se refería a ellos simplemente como "los turcos", y no sentía ninguna empatía por ellos. "Las fronteras siempre se trazan con sangre y los Estados se marcan con tumbas", reza una frase que se le atribuye.
Aunque oficialmente estaba subordinado al líder político de los serbios de Bosnia, Radovan Karadzic, Mladic tenía una influencia considerable dentro de la dirección de los serbios de Bosnia. Nunca fue un simple soldado. No preguntaba cuál era la ruta a seguir: él la marcaba.
En el apogeo de su carrera, el coronel general Ratko Mladic era un ferviente nacionalista serbio. Sin embargo, comenzó su carrera como comunista convencido. Mladic, nacido en 1943 en el este de Bosnia, tenía dos años cuando su padre, uno de los partisanos de Tito, fue asesinado por las milicias fascistas croatas de los Ustacha, una pérdida que a menudo se describe como determinante para su posterior visión del mundo.
De joven, Mladic emprendió la carrera militar, asistió a la Academia Militar de Belgrado y se le consideraba ambicioso y disciplinado; completó su formación como el mejor de su promoción. Desde muy pronto hizo carrera en el ejército de Yugoslavia, que durante mucho tiempo se consideró una de las instituciones más estables de ese Estado multinacional.
Al comienzo de la guerra de Croacia, en junio de 1991, cuando los serbios residentes en Croacia se rebelaron contra la independencia de la hasta entonces república constitutiva de Yugoslaviacon el apoyo activo de Serbia, su postura cambió radicalmente. Mladic, con el rango de coronel del ejército yugoslavo, fue nombrado comandante del 9.º Cuerpo de Ejército en Knin (Croacia). Su misión: organizar a las milicias serbias y apoyarlas en la lucha contra la independencia croata.
Bajo el mando de Mladic se bombardearon las ciudades croatas de Sibenik y Zadar y se expulsó a la población croata de las localidades cercanas. En mayo de 1992 asumió las mismas funciones en Bosnia: tras haber ascendido entretanto a general, Mladic se convirtió en comandante en jefe de las tropas serbobosnias y luchó por establecer una conexión entre los territorios controlados por los serbios en el este y el oeste de la antigua República Yugoslava.
Antes de que terminara la guerra de Bosnia, a finales de 1995, Mladic fue acusado por el Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia. Sin embargo, durante años se mantuvo a salvo de la detención. Con el apoyo de redes del ejército y la política serbias, vivió en la clandestinidad prácticamente sin ser molestado, e incluso se le vio en público. No fue detenido hasta 2011, tras 16 años fugitivo y bajo una creciente presión internacional.
El juicio posterior en La Haya duró un total de 523 días. Declararon casi 600 testigos y se analizaron numerosos documentos y pruebas. Finalmente, Mladic fue condenado en primera instancia a cadena perpetua, entre otros cargos, por genocidio, crímenes contra la humanidad y crímenes de guerra. En 2021, un tribunal de apelación confirmó definitivamente esta sentencia. De este modo, se considera jurídicamente demostrado que fue uno de los principales responsables de los crímenes cometidos durante la guerra de Bosnia.
A nivel internacional, la sentencia se consideró histórica. Los representantes de las Naciones Unidas la interpretaron como una señal de que, incluso décadas después de los hechos, se puede exigir que se asuman responsabilidades. Para muchos supervivientes y familiares de las víctimas, la sentencia supuso un reconocimiento tardío, pero importante, de su sufrimiento.
Al mismo tiempo, el propio Mladic se mantuvo impenitente hasta el final. Durante el juicio, siempre se declaró inocente, calificó las acusaciones en su contra de "repugnantes" y tildó al tribunal de "satánico".
Así lo ven aún hoy muchos de sus partidarios en Serbia y entre los serbios de Bosnia. Aunque internacionalmente se le considera un criminal de guerra, sus admiradores siguen describiéndolo como un defensor de los intereses serbios y como un héroe, y pintan sus retratos en las paredes de las casas.
Ratko Mladic falleció el 27 de agosto de 2026 en el hospital penitenciario de La Haya a la edad de 84 años.
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Fuente: Deutsche Welle

