El viaje anual de Vladimir Putin a China es una de sus escasas visitas al extranjero en los cinco años transcurridos desde el inicio de la guerra de Rusia contra Ucrania.
En esta ocasión, el presidente ruso acudió acompañado de una delegación especialmente numerosa, pero la prensa internacional centró su atención en su reunión con el líder chino, Xi Jinping, sobre todo porque Donald Trump había visitado Pekín apenas unos días antes.
¿Cuáles son los resultados más importantes de la reunión? Los expertos consultados por DW no ven cambios sustanciales en las relaciones bilaterales. Y China no ha cumplido las expectativas de Rusia en un punto fundamental.
“Por un lado, Xi Jinping y Vladimir Putin destacaron en la cumbre su alianza estratégica y su amistad sin límites, y firmaron más de 20 acuerdos de cooperación, entre otros, sobre inteligencia artificial y cuestiones energéticas. Pero la principal esperanza de Rusia, la firma del proyecto del gasoducto ‘Fuerza Siberia 2’, no se ha materializado”, comenta a DW Sören Urbansky, profesor de Historia de Europa del Este en la Universidad del Ruhr de Bochum.
El experto señala que Rusia lleva mucho tiempo negociando este proyecto y que China tiene claramente la sartén por el mango. Tras la visita, los representantes rusos declararon que las partes estaban a punto de llegar a un acuerdo, pero que los detalles aún no se habían acordado definitivamente.
El proyecto “Fuerza Siberia 2” prevé el suministro de hasta 50 millones de metros cúbicos de gas al año a través de un gasoducto de 4.000 kilómetros de longitud que discurre desde Siberia Occidental, pasando por Mongolia, hasta China. La capacidad prevista es comparable a la del gasoducto Nord Stream, que atraviesa el mar Báltico desde Rusia hasta Alemania y cuyo funcionamiento fue interrumpido por la propia Rusia antes de la invasión de Ucrania. En otoño de 2022, el gasoducto fue volado en lo que se sospecha que fue un acto de sabotaje. El proyecto “Fuerza Siberia” se puso en marcha en 2019. A través del primer gasoducto ya existente fluye gas desde Siberia Oriental, entre otros destinos, también hacia China.
“La fijación de precios y las condiciones contractuales siguen siendo un tema controvertido. China tiene claramente la posición negociadora más fuerte en este aspecto”, destaca Urbansky sobre “Fuerza Siberia 2”. Y apunta también que la interrupción de los suministros energéticos a través del estrecho de Ormuz, como consecuencia de la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, no ha alterado significativamente el equilibrio de poder.
James Brown, profesor de la Universidad Temple de Estados Unidos en Tokio, está de acuerdo. Cree que los problemas en el estrecho de Ormuz son solo temporales y que el nuevo gasoducto probablemente no entrará en funcionamiento hasta finales de la década.
“Creo que los chinos serían insensatos si, dada la situación actual, llegaran precipitadamente a un acuerdo que los vinculara durante años a los suministros energéticos rusos”, subraya el experto. Este ejemplo demuestra que, a pesar de la evidente cercanía entre Moscú y Pekín, “en temas tan importantes como un acuerdo energético, los intereses nacionales son los que prevalecen y los chinos no están dispuestos a hacer regalos a los rusos”, opina Brown.
En Europa se debate ahora qué consecuencias podría tener la reunión entre Putin y Xi para la guerra de Rusia contra Ucrania. Los expertos occidentales califican la postura de China de “neutralidad prorrusa”.
Formalmente, China se mantiene al margen del conflicto, pero de hecho apoya a Moscú comprando recursos energéticos rusos y suministrando bienes de doble uso, que pueden utilizarse tanto con fines civiles como militares. Los expertos dan por hecho que esto no va a cambiar.
“China seguirá apoyando indirectamente la posición de Rusia, aunque hacia el exterior se presente como un mediador neutral”, explica Sören Urbansky, y añade: “De hecho, con las importaciones de materias primas y las exportaciones de semiconductores y otros bienes de doble uso, China está llenando las arcas de guerra de Rusia y permitiendo también que el conflicto continúe”.
Por otro lado, el experto comparte el argumento de China de que, si Pekín hubiera apoyado adecuadamente a Moscú, Rusia ya habría ganado la guerra hace tiempo. “El apoyo no es máximo, pero China también podría suspenderlo. En ese caso, la posición de Rusia sería mucho más precaria en la guerra contra Ucrania”, afirma el experto, que no espera una paz rápida.
Por su parte, James Brown señala que China “parece estar bastante satisfecha con el statu quo, en el que Rusia ni gana ni pierde”. Pero, si Rusia estuviera a punto de sufrir una derrota, esto podría llevar a China, en su opinión, a “ampliar su apoyo y pasar de ese tipo de neutralidad prorrusa a una postura que respalde de forma algo más directa los esfuerzos bélicos de Rusia”, afirma el experto.
Fuente: Deutsche Welle
