El presidente de EE.UU. quiere “sacar todo el petróleo posible de Venezuela y puede contar con el apoyo de Caracas”, escribe el diario alemán Die Welt. Aquí unos extractos de la nota:
“El Gobierno de Trump sigue imponiendo sin titubeos sus intereses en Venezuela, lo que aviva aún más las especulaciones sobre una posible anexión. Esta semana causó revuelo una publicación de Trump en Truth Social, en la que se veía un mapa del país sudamericano con el diseño de la bandera estadounidense. Sobre el mapa, la inscripción: ’51.º estado’. Ya el lunes, según este, Trump había dicho en una conversación telefónica con un periodista de la cadena estadounidense Fox News que estaba pensando seriamente en convertir a Venezuela en el 51.º estado de EE.UU. Trump ya había hecho insinuaciones similares a principios de año.
La presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez, rechazó las palabras de Trump. ‘Eso no está previsto’, dijo. Venezuela ‘no es una colonia, sino un país libre’ y el Gobierno de Caracas seguirá protegiendo la integridad, la soberanía y la independencia del país. ‘El presidente Trump sabe que hemos estado trabajando en una agenda diplomática de cooperación. Ese es el rumbo y ese es el camino’, dijo.
Los viajes del asesor energético Agen y otros representantes del Gobierno de Trump, que están cerrando acuerdos en Caracas con empresas energéticas estadounidenses, han mostrado recientemente cómo es esta ‘cooperación’ en la práctica.
Han establecido estrechos vínculos con la presidenta interina Rodríguez y su Gobierno, una administración compuesta en su mayor parte por personal de la época de Maduro. En las últimas semanas, este compromiso ha aumentado notablemente, sobre todo porque Trump está impulsando el crudo venezolano como alternativa a los suministros de la región del Golfo”.
El presidente argentino, Javier Milei, predica el desprecio al Estado, pero, sin ayudas estatales, su proyecto radical seguramente ya habría fracasado hace tiempo, opina la revista semanal alemana Focus:
“Aunque tenga mucho de qué ocuparse, al presidente argentino, Javier Milei, le gusta dedicar tiempo a las cuestiones fundamentales. Por eso convocó hace poco a su Gobierno y a cientos de seguidores en un centro de congresos para explicar durante 70 minutos quién es el verdadero culpable de todos los males de Argentina-y, en última instancia, del mundo entero-: John Maynard Keynes.
Ese economista británico expuso en 1936 que el Estado debía intervenir en la economía para distribuir la riqueza de forma justa. ‘Keynes es la encarnación del mal’, exclamó Milei desde el escenario. Su público aplaudió.
Detrás de la crítica de Milei se esconde una paradoja sorprendente. Y es que la supervivencia política del presidente argentino no la garantiza en absoluto la ‘mano invisible del mercado’ que él invoca una y otra vez. Le echan una mano los EE.UU. y el Fondo Monetario Internacional (cuyo cuarto mayor contribuyente es Alemania). Sin ayuda estatal, el modelo de Milei probablemente estaría acabado.
También en el ámbito nacional, Milei muestra un pragmatismo sorprendente, en contra de su apariencia libertaria. De la anunciada ola de privatizaciones se nota muy poco; hasta ahora solo se ha vendido una de las 40 empresas estatales. El cambio de rumbo se hace especialmente evidente en el ejemplo de la petrolera YPF. Milei no solo ha eliminado a este gigante energético altamente rentable de la lista de ventas, sino que además lo promociona con gusto ante todo el mundo. A menudo aparece en público con el overol que también llevan los trabajadores de YPF; incluso acudió a la ceremonia del Premio Nobel en Oslo vestido con ese atuendo”.
En Colombia, facciones de la antigua guerrilla se disputan el negocio de las drogas y el oro ilegal. Para ello, obligan a los niños a tomar las armas, según escribe el diario alemán FAZ:
“Según datos del Foro de ONG Humanitarias, hoy en día hay más de 25.000 combatientes activos en Colombia. Son el doble que en 2021. José Luis Barreiro, del Foro de ONG, atribuye esto en parte a la política de seguridad del presidente, Gustavo Petro, que no apuesta por la confrontación militar, sino por el diálogo con todos los actores armados. ‘Los grupos han aprovechado la moderación del Estado para fortalecerse, sentar bases económicas y reclutar’, dice Barreiro.
Cada año, los grupos armados reclutan o captan a la fuerza a cientos de niños y niñas. Sirven como escudos humanos para disuadir al ejército de atacar y, al mismo tiempo, engrosan las filas de los combatientes. Ya desde los diez años se los utiliza para hacer recados, colocar artefactos explosivos o pilotar drones. Más tarde se les envía al combate. ‘Utilizan a los niños como carne de cañón. Matan y son asesinados’, dice Barreiro. Calcula que, al menos, el 45 por ciento de todos los reclutamientos afectan hoy en día a menores. Probablemente sean más”.
Fuente: Deutsche Welle
