Tras 47 años en el extranjero, el músico iraní Bijan Mortazavi regresó a su tierra natal. Es uno de los violinistas, cantantes y compositores iraníes más célebres del país. En los videos publicados recientemente en las redes sociales, se puede ver a Mortazavi y su mujer paseando por Teherán.
También el cantante Mohsen Namjoo volvió a Irán después de unos 20 años en el exilio. Este cantante, conocido internacionalmente por su música persa experimental, fusiona el canto tradicional persa y letras poéticas con elementos de blues, rock, jazz y folk.
En 2009, un tribunal de Teherán lo condenó a cinco años de prisión por, entre otras cosas, haber insultado lugares sagrados y haberse burlado de versos del Corán.
El jueves 27 de agosto, el ministro de Cultura y Orientación Islámica, Abbas Salehi, declaró en una entrevista con el periódico Farhikhtegan que su ministerio había elaborado listas con los nombres de más de 100 iraníes destacados que residen en el extranjero. El objetivo es eliminar los obstáculos para que puedan regresar al país.
En declaraciones a DW, el abogado defensor de derechos humanos Sina Yousefi alude al artículo 12 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, tratado al que Irán se ha adherido, y por el que a nadie se le puede impedir arbitrariamente entrar a su propio país.
"La idea de buscar a determinadas personalidades conocidas —aquellas que, en opinión sobre todo de los reformistas, no habían traspasado tanto las 'líneas rojas'— para lograr su colaboración o propiciar su regreso, no es nueva", afirma la etnomusicóloga Sepideh Raissadat, en conversación con DW. La cantante lleva años estudiando la historia y la evolución de la música persa, también de las cantantes iraníes desde 1979.
"La revolución de 1979 en Irán fue una revolución contra la música. La música figuraba entre las líneas rojas", afirma Raissadat. Alude a las declaraciones del líder revolucionario, el ayatolá Ruhollah Jamenei, quien ya en julio de 1979 había calificado públicamente la música de perjudicial para la sociedad y exigió su total erradicación.
En un discurso dirigido al personal de Radio Darya el 21 de julio de 1979, el líder iraní habría calificado la música de "traición al país" y "traición a la juventud". Pocos días después, el periódico iraní Keyhan citó a Jamenei afirmando que la música era "como una droga” y debía eliminarse por completo.
Sin embargo, durante la guerra entre Irán e Irak (1980-1988), la música regresó en forma de canciones revolucionarias y religiosas. Se utilizó también para movilizar sentimientos de orgullo nacional. Tampoco "pudieron eliminar totalmente la voz de la mujer. La voz femenina regresó a través del canto coral", señala Raissadat.
No obstante, el conflicto entre el Estado y la música persistió. Durante años, estuvo prohibido mostrar instrumentos musicales en la televisión iraní y en los lugares públicos.
"Escuchar música prohibida en casa constituye un acto político. Y cuando las mujeres empezaron a cantar, eso también se convirtió en un acto político", dice Raissadat. La evolución de la música pop iraní también formó parte de este escenario de tensiones políticas y culturales. "Se empezó a producir nueva música pop local para competir con la música de Los Ángeles", afirma Raissadat.
Al mismo tiempo, las redes sociales han cobrado cada vez más importancia en la última década. Al no estar bajo el control total del Gobierno, ejercen una gran influencia. En la actualidad, muchas mujeres jóvenes tocan la guitarra y actúan en público sin cubrirse la cabeza.
Raissadat observa una evolución particular entre los familiares de los jóvenes que perdieron la vida durante las protestas a escala nacional de diciembre de 2025 y enero de 2026. Las protestas comenzaron el 28 de diciembre y fueron reprimidas violentamente por las fuerzas de seguridad. Las organizaciones de derechos humanos informan de miles de manifestantes fallecidos, y se desconocen las cifras exactas debido al férreo bloqueo informativo.
"Lo más significativo que hemos visto en estos años ha sido el uso de la música por parte de los allegados de quienes murieron en las protestas. Esto contrasta totalmente con la tradición chií y con nuestra historia", afirma Raissadat.
En algunos funerales, las familias transformaron la ceremonia de duelo por la vida arrebatada de sus seres queridos en una nueva forma de protesta. En lugar de cánticos religiosos, sonaba música, y los familiares cantaban y bailaban al ritmo de ella. De este modo, marcaban un contraste deliberado frente a los rituales funerarios religiosos tradicionales.
"La música se convirtió en un arma: las personas en duelo podían conectar con ella personalmente y, al mismo tiempo, representaba una antítesis de lo que defiende el sistema político", señala Raissadat, quien añade que "también bailar vestidos de blanco se ha convertido en una expresión de resistencia".
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Fuente: Deutsche Welle
