Nuevo plan de paz para Gaza: ¿presionará EE. UU. a Israel?

Nuevo plan de paz para Gaza: ¿presionará EE. UU. a Israel?


El presidente estadounidense Donald Trump lo calificó como un "avance histórico". Pero hasta ahora, el nuevo acuerdo de paz de Gaza, anunciado la semana pasada y destinado a ayudar a poner fin a los combates y aliviar la actual crisis humanitaria en el enclave palestino, solo parece haber enfrentado de nuevo a las partes.

Sin embargo, los expertos señalan que existen algunas diferencias entre este nuevo acuerdo de paz y los anteriores que podrían ser positivas.

Por un lado, es mucho más detallado y sustantivo. Por otro, las declaraciones de Trump indican que podría estar más dispuesto a presionar a Israel para que acepte el acuerdo. Y finalmente, tras años de resistirse a la idea, esta vez Hamás, considerado una organización terrorista por Estados Unidos y otros países, habría aceptado desarmarse.

Fue el grupo islamista quien envió combatientes a Israel el 7 de octubre de 2023, un ataque terrorista que causó más de 1.000 muertes y desencadenó casi tres años de la campaña militar israelí en curso sobre Gaza. Desde entonces, más de 73.000 personas han perdido la vida allí, lo que llevó a una comisión independiente de investigación de la ONU a clasificar su comportamiento como genocidio.

Uno de los principales puntos conflictivos de cualquier plan de paz para Gaza ha sido la secuencia de los pasos a seguir. Israel ha exigido que Hamás se desarme antes de retirar sus tropas del enclave. Pero hasta julio de 2026, el movimiento terrorista se había negado a desarmarse hasta que Israel retirara sus tropas. Esto llevó a un estancamiento continuo.

A principios de julio, Hamás acordó ceder el poder al Comité Nacional para la Administración de Gaza (NCAG), un grupo de tecnócratas independientes creado para gobernar el territorio. Más tarde el mismo mes, el grupo también acordó entregar sus armas al NCAG.

El hecho de que Hamás acepte desarmarse tras años de promover la resistencia armada contra Israel debe tomarse en serio, dice Muhammad Shehada, investigador visitante del programa de Medio Oriente y Norte de África en elConsejo Europeo de Asuntos Exteriores y originario de Gaza.

Hamás ha estado bajo la presión de los negociadores de países mediadores como Egipto y Qatar, y esto también podría ser una especie de táctica política "para exponer que Israel es la parte que está obstaculizando cualquier progreso en Gaza bajo el gobierno de (el primer ministro Benjamin) Netanyahu", reconoce Shehada.

"No habrían hecho una concesión tan importante e histórica a menos que estuvieran totalmente contra la pared y entendieran plenamente que este es el único camino a seguir", agregó.

Si Israel acepta el nuevo plan de paz, tampoco habría forma de que el grupo islamista se pudiera retractar.

"Quedarían atrapados", explica Shehada a DW. "Porque si se retractan o incumplen los acuerdos de desarme, darían a Israel el pretexto definitivo para reanudar las operaciones militares en Gaza y dar al traste con el acuerdo de Trump. Hamás sería entonces señalado como el culpable por toda la opinión pública palestina".

Por otro lado, es probable que Hamás también entienda que lo más seguro es que Israel no esté de acuerdo enteramente con el plan, así que no hay temor a que el desarme ocurra de inmediato, aseguró.

Israel expresó casi de inmediato su desacuerdo con el nuevo acuerdo de 15 puntos. "La versión que se hizo pública no refleja las posiciones de Israel", dijo un portavoz de la oficina del primer ministro israelí a la agencia de noticias AFP. El propio Netanyahu dijo posteriormente que Israel discrepa del plan.

El ministro Itamar Ben-Gvir, de la rama más a la derecha del actual gobierno israelí, calificó el acuerdo como "inaceptable" en las redes sociales, y afirmó que "los asesinatos selectivos en Gaza deben continuar".

Israel celebrará elecciones en octubre y Netanyahu se enfrenta a una dura competencia. Si hace alguna concesión sobre Gaza, probablemente se enfrentaría a una protesta pública y a perder a posibles socios de coalición a la derecha de su partido.

"Netanyahu se enfrenta a unas elecciones cruciales en menos de 90 días, y aunque puede haber cierta flexibilidad en otros temas como Líbano o Irán, no puede mostrarse flexible respecto a Hamás", explica Aaron David Miller, investigador principal de Carnegie Endowment for International Peace. "La sombra del 7 de octubre se cierne pesada y oscura sobre Israel y lo hará durante mucho tiempo", concluye.

Hasta que se celebren comicios, Netanyahu intentará sabotear cualquier tipo de acuerdo de paz en Gaza porque sería un "suicidio político" para él, dice Shehada por su parte.

Tras una reunión el lunes entre Netanyahu y la Junta de Paz liderada por Estados Unidos, se anunció que el desarme de Hamás y la retirada israelí ya no se producirían en fases, como había detallado el nuevo plan de 15 puntos. Un progreso gradual habría dado tiempo a cada bando para generar confianza, argumentaron los observadores.

Pero tras las quejas israelíes, el plan pareció volver a planteamientos absolutos: a Israel solo se le exigiría retirarse una vez que Hamás estuviera completamente desarmado.

Realmente solo hay una forma de cambiar esto y sería mediante la presión de Estados Unidos, opinan Shehada y otros expertos.

"Israel estará bajo una enorme presión de Trump para que siga el juego o arriesga su ira saboteando lo que él presenta como un éxito histórico", escribió Alan Pino, investigador principal de los programas de Medio Oriente del Atlantic Council, en un artículo de opinión para el think tank estadounidense la semana pasada.

Ha habido algunas pruebas de presión por parte de Trump. Por ejemplo, cuando el presidente estadounidense presentó el plan de 15 puntos, los informes sugerían que lo hizo sin habérselo mostrado primero a Israel.

Tras la publicación del plan, un alto funcionario estadounidense ofreció a los periodistas una rueda de prensa y sugirió que Trump estaría "muy, muy decepcionado" si Israel no aceptaba el nuevo plan.

Y como señala Miller, "Trump ha dicho y hecho cosas a Israel y a un primer ministro israelí que ninguno de sus predecesores había hecho jamás. Nadie habló con un primer ministro israelí como Trump lo ha hecho con Netanyahu. Nadie abrió un diálogo con Hamás sin consultarlo previamente con los israelíes".

Todo eso es algo sin precedentes, dice Miller a DW. "Pero una cuestión muy distinta es si Trump estaría dispuesto a imponer costos significativos y graves a la relación entre Estados Unidos e Israel", añade. Eso podría incluir cosas como recortar o restringir la ayuda estadounidense o la cooperación en inteligencia y no defender a Israel en la ONU y otros foros. Pero nada de eso ha ocurrido, coinciden Miller y Shehada.

"Cuando te interpones entre Trump y algo que realmente le importa, es una situación muy mala y peligrosa donde pararse", dice Miller. "Así que hay que preguntarse, ¿qué es lo que le importa tanto como para estar dispuesto a presionar realmente a Israel? Quizá una futura relación entre Israel y Arabia Saudita, si estuviéramos a las puertas de lograr un verdadero avance en Gaza", especula.

Pero la realidad actual está tan alejada de eso que es poco probable que Trump pase de las palabras a los hechos, concluye Miller. También es más probable que esté más centrado en usar cualquier baza a su favor para salir de la guerra con Irán, señala el también exasesor del Departamento de Estado de Estados Unidos.

Fuente: Deutsche Welle

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