Aproximadamente el 51 % de la población de Estados Unidos es femenina, pero esto no se refleja en la composición del Congreso estadounidense, donde solo el 28,4 % de los miembros son mujeres. Sin embargo, con un total de 152 mujeres en la Cámara de Representantes y el Senado, la cifra es la más alta en la historia de Estados Unidos. El número de gobernadoras también es mayor que nunca: entre los gobernadores de los 50 estados de EE. UU., 14 son mujeres (o sea, el 28 %).
Existen varias razones por las que todavía hay relativamente pocas mujeres representantes en el Congreso estadounidense. "Algunas son estructurales: nuestro sistema político cuenta con normas y procesos que dificultan la entrada de quienes se incorporan", explica a DW Kelly Dittmar, directora de investigación del Center for American Women and Politics de la Rutgers University. "Históricamente, las mujeres han sido recién llegadas".
Los escaños del Senado solo se renuevan en elecciones cada seis años. Los miembros de la Cámara de Representantes cumplen mandatos de dos años, pero no hay límite en la cantidad de veces que pueden presentarse a la reelección, por lo que, en teoría, pueden permanecer en el cargo durante décadas.
Además, las campañas electorales en Estados Unidos son muy costosas. Históricamente, las mujeres han tenido menos acceso a redes de donantes adinerados. Estos, al igual que muchos líderes de partidos, suelen ser hombres, indica Dittmar. Los políticos más influyentes también tienden a reclutar a otros hombres para que se presenten como nuevos candidatos. Finalmente, los prejuicios culturales también influyen: los estereotipos y las expectativas sobre lo que las mujeres pueden y deben hacer.
Las elecciones del próximo 3 de noviembre decidirán si habrá más o menos mujeres en el Congreso de Estados Unidos en los próximos dos años. Los 435 escaños de la Cámara de Representantes y 35 de los 100 del Senado se renuevan en estas elecciones de mitad de mandato. Además, los ciudadanos también decidirán quién ocupará el puesto de gobernador en 36 estados.
En la Cámara de Representantes, 125 de los 435 asientos están ocupados por mujeres. Al igual que en el Senado y en las gobernaciones, la distribución entre ambos partidos no es equitativa: 95 mujeres ocupan escaños como representantes demócratas y 30 como republicanas.
"La infraestructura de apoyo para las mujeres dentro del Partido Republicano es mucho menos sólida", afirma Dittmar. Las organizaciones que se dedican específicamente a reclutar, capacitar y financiar candidatas son casi todas demócratas o independientes.
"Muchos líderes del partido [republicano] no ven ningún incentivo ni presión electoral" para reclutar a más mujeres, añade. La diversidad es más importante para los votantes demócratas.
Actualmente, los republicanos tienen la mayoría en la Cámara de Representantes, lo que significa que también tienen la potestad de nombrar al speaker, o líder de la mayoría. El cargo lo ocupa Mike Johnson. Hasta la fecha, solo una mujer demócrata ha ostentado este importante puesto: Nancy Pelosi, quien fue presidenta de la Cámara de 2007 a 2011 y de 2019 a 2023.
Actualmente, las mujeres representan el 27 % del Senado de los Estados Unidos: 16 demócratas y 11 republicanas. En esta cámara del Congreso, cada uno de los 50 estados está representado por dos senadores. El mandato es más largo y la mayoría de los senadores representan a muchos más votantes que los representantes de la Cámara Baja.
Según Dittmar, es aún más difícil para las mujeres obtener un escaño en el Senado. Hay 100 en total y, aunque cada uno se somete a elección cada seis años, solo un tercio de ellos están disponibles cada dos años. Por lo tanto, hay pocas oportunidades para que las mujeres que no han ocupado un escaño antes puedan avanzar. Una campaña para una elección senatorial estatal también es más costosa que una equivalente para un escaño en la Cámara de Representantes.
Para una candidata al Senado, estas elecciones podrían ser históricas. Si la demócrata Peggy Flanagan ganara en Minnesota, se convertiría en la primera senadora nativa americana. Flanagan pertenece a la etnia ojibwe, también conocida como chippewa, un pueblo indígena de la región de los Grandes Lagos, que abarca Estados Unidos y Canadá.
Flanagan ocupa hoy el cargo de vicegobernadora de Minnesota. Las encuestas indican que tiene buenas posibilidades. Aventaja ligeramente a su rival, la republicana Michele Tafoya, quien fue reportera deportiva y asesora de políticos conservadores.
Diez de las catorce gobernadoras actuales son demócratas, mientras que cuatro son republicanas. Seis de las catorce se presentan a la reelección, entre ellas Sarah Huckabee Sanders, gobernadora de Arkansas, quien fue secretaria de prensa del presidente Donald Trump durante su primer mandato.
Por primera vez en la historia de Estados Unidos, una mujer negra podría ser elegida gobernadora estatal. En Minnesota, el demócrata Tim Walz —compañero de fórmula de la candidata presidencial Kamala Harris en las elecciones de 2024— no se presenta a la reelección. La demócrata Amy Klobuchar y la republicana Lisa DeMuth (afroamericana) se disputan el puesto. La demócrata Keisha Lance Bottoms (también afroamericana) se postula para gobernadora de Georgia.
Dittmar no cree que DeMuth vaya a ganar en Minnesota, un estado sólidamente demócrata. Klobuchar es muy conocida en el estado, al que ha representado en el Senado desde 2007. Pero, la contienda en Georgia "se considera muy reñida, con un 50 % de posibilidades para cada candidato". Dittmar cree que Bottoms "tiene muchas posibilidades de convertirse en la primera gobernadora negra". El expresidente Barack Obama es su partidario más destacado, mientras que el presidente Trump ha declarado su apoyo al candidato republicano, Rick Jackson.
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Fuente: Deutsche Welle

