Un despliegue poco habitual para un antiguo líder de una milicia islamista: el barrio gubernamental alrededor de la Cancillería en el centro de Berlín estuvo este lunes (30.03.2026) en gran medida acordonado. El presidente interino de Siria, Ahmed al-Sharaa, fue recibido tanto por el canciller alemán, Friedrich Merz (CDU), como por el presidente federal, Frank-Walter Steinmeier.
El recibimiento no cayó bien en todos los sectores políticos. El diario sensacionalista de mayor tirada del país, Bild, destacó que el líder del país devastado por la guerra civil se hospedaba en un hotel de cinco estrellas en la capital alemana. El titular del artículo fue: “La visita de Estado más controvertida del año”. El periódico también afirmó que al-Sharaa ya había sido recibido el domingo por simpatizantes que lo aclamaban con gritos de “Allahu Akbar” (“Dios es grande”).
Para el Gobierno alemán, esta visita es, de hecho, un acto de equilibrio. A al-Sharaa se le atribuyen graves violaciones a los derechos humanos tanto antes de la caída del histórico mandatario Bashar al-Assad a fines de 2024 como, en parte, después. El líder de 43 años comandó en el pasado el Frente al-Nusra, que estuvo vinculado a la red terrorista Al Qaeda.
Aun así, portavoces del Gobierno habían subrayado en los últimos días que el actual presidente interino es el principal interlocutor para Alemania. Así lo dejó claro también el canciller Merz, quien lo recibió por la tarde, mientras helicópteros sobrevolaban ruidosamente la Cancillería.
En una conferencia de prensa conjunta, al-Sharaa agradeció con palabras elogiosas el apoyo de Alemania a los sirios desde el inicio de la guerra civil hace más de una década: “Abrieron sus puertas a más de un millón de sirios que huyeron. Les permitieron encontrar seguridad aquí y reconstruir sus vidas”.
El canciller pasó rápidamente a uno de los temas centrales para Berlín: el eventual retorno de los refugiados.”La mayoría de los sirios que han encontrado refugio en Alemania quiere regresar a su país y contribuir a su reconstrucción”, afirmó.
Según Merz, al-Sharaa le aseguró que esas personas serán bienvenidas en Siria. Ambos gobiernos crearán un grupo de trabajo conjunto para avanzar en temas como la reconstrucción de hospitales, el abastecimiento de agua y el retorno de los refugiados. Más tarde, el canciller añadió que alrededor del 80 % de los sirios en Alemania debería volver a su país en los próximos tres años.
Los Verdes criticaron duramente estas declaraciones. La copresidenta del partido, Franziska Brantner, señaló que el canciller “simplemente lanzó una cifra sin abordar los problemas que siguen existiendo”. Recordó además que muchos refugiados “ya están profundamente integrados” en la sociedad alemana y que “una proporción superior al promedio trabaja en sectores esenciales”.
La cuestión del retorno de cerca de un millón de sirios que viven en Alemania ya había generado tensiones en el Ejecutivo. Alrededor de 700.000 tienen estatus de protección; la mayoría llegó tras el inicio de la guerra civil en 2011.
El canciller Merz y, sobre todo, su ministro del Interior, Alexander Dobrindt (CSU), sostienen que, tras la llegada al poder del presidente interino, la guerra civil prácticamente ha terminado, por lo que las personas deberían regresar a su país.
Sin embargo, el entonces ministro de Exteriores, Johann Wadephul (CDU), opinaba distinto en 2025. Durante una visita a un suburbio devastado de Damasco, afirmó: “Aquí prácticamente nadie puede vivir con dignidad”.
Desde la sociedad civil, el mensaje fue matizado. Representantes de organizaciones no gubernamentales activas en Siria consideraron acertado que Alemania reciba a al-Sharaa, pese a las críticas.
Sophie Bischoff, de la organización “Adopt a Revolution”, señaló que la situación sigue siendo difícil: “Incluso después de la caída del régimen de Assad hubo terribles represiones”.
Por su parte, Farhad Ahma, de “PEL-civil Waves”, instó al Gobierno alemán a implicarse en la reconstrucción y a presionar a las nuevas autoridades para que respeten a las minorías, como los kurdos. “Siria es clave para Alemania, tanto para la paz regional como para combatir el terrorismo. Pero esos problemas solo se resolverán si el país es inclusivo para todos”, afirmó.
La diputada de Los Verdes Luise Amtsberg acusó a Merz de reducir su política hacia Siria “a la cuestión de las deportaciones” e ignorar la situación real sobre el terreno.
En declaraciones a la agencia AFP, advirtió que “la escalada militar en el noreste del país y las recientes masacres contra minorías muestran claramente que Siria no es un lugar seguro”.
La Izquierda calificó la visita como un “escándalo”. Y la organización Pro Asyl expresó su temor de que el Gobierno alemán priorice devolver al mayor número posible de personas a Siria.
Fuente: Deutsche Welle

