Tras las elecciones regionales en Berlín y el estado federado de Mecklemburgo-Pomerania Occidental, los democristianos del partido conservador CDU, que gobiernan a nivel federal, y su canciller, Friedrich Merz, se enfrentan a un desastre político.
En Mecklemburgo-Pomerania Occidental, el partido conservador no superó por primera vez el umbral electoral del 5 por ciento vigente en Alemania y ya no tiene representación en el Parlamento regional. También en Berlín, donde aún gobierna, es probable que acabe en la oposición tras sufrir fuertes pérdidas.
El canciller es consciente de la magnitud de lo ocurrido: "Estas elecciones suponen un punto de inflexión profundo. El hecho de que no hayamos podido superar la barrera del 5 por ciento es un resultado dramático y sin precedentes para la CDU en Alemania. Que todo un grupo parlamentario quede fuera del Parlamento regional supone un duro golpe, y eso nos afectará durante mucho tiempo".
Al mismo tiempo, Merz reconoce que la política federal, que no ha logrado convencer a la población, influyó en el resultado. La mayoría de los votantes tampoco está satisfecha con el propio jefe de Gobierno. Sin embargo, en su opinión, hay, además, otra razón para estas derrotas: "Estamos viviendo un cambio profundo en el sistema de partidos políticos tanto en Alemania como en muchos otros países del mundo".
El canciller se refiere a la competencia en los extremos del espectro político: "En las elecciones de ayer, con más del 40 por ciento de los votos, resultaron elegidas fuerzas que son destructivas y que ponen en tela de juicio nuestro sistema político y parlamentario. Y que intentan entusiasmar a la gente con soluciones radicales y simplistas", reza su análisis.
Sin embargo, Merz evita mencionar por su nombre a los partidos a los que se refiere: Alternativa para Alemania (AfD) y La Izquierda.
AfD está clasificada por la Oficina Federal para la Protección de la Constitución como un partido de extrema derecha en cinco de los 16 estados federados, aunque no en Berlín ni en Mecklemburgo-Pomerania Occidental, donde AfD logró un notable avance.
En la capital alemana, mejoró del 9 por ciento a más del 16 por ciento de los votos desde la última elección, mientras que en el extremo norte del país logró más que duplicar su resultado, situándose en algo más del 38 por ciento. El presidente federal del partido, Tino Chrupalla, comentó, en alusión al color del partido AfD: "La ola azul es imparable" y "la CDU ya no es un partido popular".
Alice Weidel, que comparte la presidencia de la AfD con Chrupalla, concluyó que se ha hecho añicos a la CDU y el canciller debería haber renunciado hace tiempo.
Para Weidel, las derrotas electorales de los conservadores son también "el resultado de una política de aislamiento muy poco inteligente". Se refiere con ello a la decisión de la CDU de declarar su incompatibilidad con su partido y con La Izquierda. Los conservadores rechazan formar coaliciones con ambas fuerzas políticas.
Sin embargo, el politólogo Wolfgang Muno, de la Universidad de Rostock, en Mecklemburgo-Pomerania Occidental, niega que AfD esté siguiendo los pasos de la CDU.
AfD no es un partido conservador que agrupe a diversas corrientes, afirma en entrevista con DW. "Es un partido de extrema derecha que ha logrado reunir a diferentes grupos", comenta.
Por su parte, en cuanto a La Izquierda, Muno difiere considerablemente de la opinión del canciller: "Hemos visto que La Izquierda realmente ha evolucionado hacia un partido pragmático y de orientación democrática. Y por eso no hay motivo para que los democristianos se limiten a acusarlos de extremistas, porque La Izquierda no es un partido extremista".
El politólogo, en cambio, considera legítima la crítica de La Izquierda a la política de Israel. Sin embargo, en este contexto también se ha producido un incidente antisemita en la campaña electoral. Por eso, Muno espera una señal clara de La Izquierda de que algo así es inaceptable.
En Berlín, La Izquierda, con su candidata principal, Elif Eralp, logró duplicar su resultado hasta casi el 26 por ciento y situarse por primera vez en primera posición. Al parecer, una escandalosa actuación en campaña del rapero Dahabflex, que en una canción deseó la muerte a los soldados israelíes, no ha perjudicado a La Izquierda.
Josef Schuster, presidente del Consejo Central de los Judíos en Alemania, duda que el incidente pueda tener consecuencias para los organizadores: "Hasta la fecha no ha habido consecuencias ni personales ni políticas". Al mismo tiempo, hace un llamamiento a los socialdemócratas y a Los Verdes para que no formen una coalición con la ganadora de las elecciones berlinesas.
La presidenta federal de La Izquierda, Ines Schwerdtner, subraya, por su parte, en entrevista con DW, que no tolerará el antisemitismo en sus propias filas: "Estamos en Berlín para tender puentes; eso es lo que hace Elif Eralp. Y en el partido nos aseguraremos muy, muy claramente de que algo así no vuelva a ocurrir".
Eralp, cuyos padres huyeron a Alemania en 1980 tras el golpe militar en Turquía, podría convertirse en la primera alcaldesa de La Izquierda en Berlín. Alrededor de 200.000 de los casi cuatro millones de personas que viven en la capital alemana tienen raíces turcas.
En este contexto, la candidata principal considera que su éxito personal y el del partido en su conjunto son una señal importante: "Considero que este resultado electoral es también una victoria de la solidaridad, de la diversidad y de la democracia frente al giro hacia la derecha que estamos viviendo en muchos lugares del país".
La candidata principal del SPD, Manuela Schwesig, también puede presumir de un éxito parcial. Aunque, con casi un 36 por ciento, quedó ligeramente por detrás de la AfD, tiene buenas perspectivas de poder seguir siendo ministra presidenta.
"Propondré a mi partido que mantengamos conversaciones tanto con Los Verdes como con La Izquierda —que son los dos partidos democráticos representados en el Parlamento regional— y que cumplamos con el mandato de nuestros votantes".
La jefa de Gobierno de Mecklemburgo-Pomerania Occidental, en el cargo desde 2017, ve con ojos críticos el anuncio del canciller de que quiere mantener el controvertido rumbo de profundos recortes en los sistemas sociales.
La reforma de las pensiones prevista es, sobre todo, objeto de controversia. "Está evaluando mal la situación y lo que piensan los ciudadanos a nivel local, al menos en mi estado federado", afirma Schwesig.
La socialdemócrata recuerda a Merz el acuerdo que su partido alcanzó con el SPD a nivel federal: que siga siendo posible cobrar la pensión íntegra tras 45 años de cotización. Este acuerdo pende ahora de un hilo.
No obstante, el SPD se encuentra en un dilema, ya que gobierna a nivel federal junto con la CDU. Tras las elecciones regionales, la presidenta federal del partido, Bärbel Bas, dice: "Hemos asumido responsabilidades en el Gobierno federal. Formamos parte de esta coalición y queremos mantenerla. No obstante, de las campañas electorales también hay que extraer la conclusión de que la gente no está satisfecha con las reformas previstas. Y eso significa para nosotros que debemos buscar soluciones junto con nuestro socio de coalición".
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Fuente: Deutsche Welle

