Con un llamado a constituir un eje sólido en favor de la libertad, a partir de los valores humanistas cristianos, los partidos de centroderecha de América Latina cerraron el miércoles 30 de septiembre de 2026, en Ciudad de México, la cuarta edición del Foro América Libre.
Creado en 2023 con apoyo de la Fundación alemana Konrad Adenauer (KAS, cercana a los democristianos alemanes), es una plataforma que reúne a políticos y pensadores conservadores tradicionales del continente. Su objetivo es reivindicar un espacio político para el conservadurismo tradicional en una región cada vez más polarizada alrededor de extremos autoritarios. No es una tarea fácil.
Hubo un tiempo en que la democracia cristiana y las fuerzas afines marcaban el rumbo de buena parte de América Latina. En los años 70 y 80 gobernaron o disputaron el poder partidos como COPEI de Venezuela que llevó al poder a Rafael Caldera y Luis Herrera Campins o la Democracia Cristiana chilena de Patricio Aylwin y Eduardo Frei, y fueron protagonistas de las transiciones a la democracia.
Hoy su peso se ha reducido mucho, desplazado por la disputa entre una izquierda y una derecha radicalizadas.
Henning Suhr, responsable del programa regional de diálogo de partidos de la KAS, lo explica en parte por el diseño institucional: en los sistemas presidenciales de la región, dice, suelen imponerse los candidatos "que hablan más fuerte y de forma más radical".
Aun así, rechaza el diagnóstico de defunción: "La democracia cristiana no está muerta". Cita como ejemplos la elección de un partido democristiano en Bolivia, el PRO de Mauricio Macri en Argentina y el Centro Democrático de Álvaro Uribe en Colombia. En Brasil, agrega, los partidos del centro reunidos en el bloque del Centrao serán el "hacedor de reyes" en el Congreso.
Fundado como contrapeso al Foro de São Paulo y al Grupo de Puebla, ambos de las izquierdas, el encuentro reunió este año a más de 300 personalidades de más de 30 organizaciones de 25 países de Europa, América del Norte y del Sur.
Participaron, entre otros, representantes del Partido Acción Nacional (PAN, centroderecha) mexicano, del Partido Nacional de Uruguay, del Partido Conservador y del Centro Democrático de Colombia, así como opositores venezolanos, la expresidenta boliviana Jeanine Áñez y exiliados cubanos y nicaragüenses.
Según Suhr, los objetivos son tres: la vinculación entre los partidos, el avance del debate de contenidos y la proyección pública para que esta familia política "no se pierda" en un ambiente polarizado.
La idea es ocupar el tema de la libertad, pero también exigir la protección de las instituciones democráticas, que ve amenazadas "tanto desde la izquierda como desde la derecha". El Foro, subraya, quiere afilar un perfil propio: libertad, sí, pero con economía social de mercado. "La economía debe servir al ser humano", afirma, en un llamado contra la política económica libertaria.
La declaración final, sin embargo, ilustra la dificultad. Defiende la separación de poderes y el Estado de derecho, pero también califica al régimen mexicano de "profundamente autoritario" y "sustentado por el pacto del partido gobernante con el crimen organizado", y celebra los triunfos de proyectos "favorables a la libertad" en Bolivia, Honduras, Chile, Perú y Colombia, a pesar del carácter populista y las propuestas autoritarias de algunos de ellos.
Suhr reconoce el dilema: cómo delimitarse sin perder perfil. Una línea roja clara, dice, es la presidenta costarricense Laura Fernández y su pulso con la Corte Suprema. También ve con recelo el anuncio del nuevo presidente colombiano de abandonar la Corte Penal Internacional. Pero admite que la situación interna de cada país a veces hace más importante respaldar a un presidente que dejar ganar al bando contrario.
Para el politólogo Mauro Jarquín, de la UNAM, ahí está el problema de fondo. El llamado a defender la libertad "se ve agrietado por quienes integran el foro": hay opositores venezolanos que simpatizan con Donald Trump, representantes de centros de pensamiento y de investigación vinculados a la red libertaria Atlas Network y un Partido Conservador colombiano que apoyará al presidente De la Espriella.
Jarquín interpreta eso como una "victoria cultural de las extremas derechas", no tanto en principios como en la definición del enemigo: populismo, comunismo, estatismo. "La manera como se ha construido la narrativa del enemigo es una lógica de extrema derecha", sostiene.
El académico habla de una "alianza cobeligerante" entre centroderecha y extrema derecha, aunque sus objetivos políticos y económicos difieran, y advierte del riesgo de que la democracia cristiana "se diluya como un ala de la extrema derecha".
A su juicio, además, el debate de fondo falta: estos foros, dice, se parecen cada vez más a los de la derecha radical como el CPAC, donde "se hacen discursos, se aplaude y ya quedó".
Jarquín ve también una dimensión geopolítica: "Es irrefutable que el Foro acompaña la agenda de Estados Unidos". Como ejemplo menciona que en la primera edición se creó un frente contra el terrorismo yihadista y se apoyó a Ucrania.
Junto a iniciativas de Trump, como el Escudo de las Américas, o la relocalización de cadenas productivas (nearshoring), concluye, el Foro contribuye a consolidar un reordenamiento de la región guiado por Washington.
Esa lectura resuena en la delegación alemana. Desde Berlín viajó Peter Bayer, diputado de la CDU, reconocido transatlantista cercano a los círculos políticos de Washington.
Para Jarquín, con este tipo de organizaciones, la democracia cristiana puede perder sus raíces. Recuerda que el pensamiento nació de la doctrina social de la Iglesia y de la movilización obrera. Una "teología política fundada en el enemigo", afirma, es lo contrario de ese origen.
Si las nuevas generaciones coquetean con un mundo donde la narrativa dominante la marca la extrema derecha, el legado cristiano de la democracia cristiana podría perderse. Es un proceso ya avanzado en América Latina, pero que también empieza a llegar a Europa.
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Fuente: Deutsche Welle

