Las elecciones intermedias en Estados Unidos se llevan a cabo el martes 3 de noviembre de 2026. Aunque no se está eligiendo a un presidente, el resultado de estas midterms influirá considerablemente en la política exterior del país. Lo que se decide en Washington tiene repercusiones en adversarios militares como Irán, así como en países como Ucrania, que esperan un mayor apoyo por parte de Estados Unidos.
El presidente estadounidense, Donald Trump, no decide por sí mismo contra quién se lleva a cabo una guerra y quién recibe ayuda militar o financiera. Si bien en EE. UU. el jefe de Gobierno tiene más atribuciones que en democracias parlamentarias como Alemania, tampoco allí gobierna en solitario.
La Cámara de Representantes y el Senado, las dos cámaras del Congreso, sobre cuya conformación se vota este martes, pueden ejercer una gran influencia. Deciden sobre leyes, sobre el presupuesto estatal, y son una instancia de control para el presidente y los servicios de inteligencia.
El presidente puede vetar los proyectos de ley provenientes del Congreso. Dicho veto puede ser revocado mediante una mayoría de dos tercios en ambas cámaras del Congreso. Los procedimientos de destitución (impeachment) son también competencia del Congreso. Además, el presidente solo puede cubrir los cargos de miembros del Gabinete, embajadores de Estados Unidos y jueces federales con candidatos que cuenten con la aprobación del Senado.
Actualmente, los republicanos de Trump cuentan con la mayoría en ambas cámaras del Congreso, lo cual facilita al presidente ejercer el gobierno. Pero, de acuerdo con las encuestas más recientes, los demócratas obtendrán la mayoría al menos en la Cámara de Representantes, y tal vez incluso en el Senado. En cuestiones importantes de política exterior, el rumbo podría llegar a cambiar.
Cuando comenzó la guerra de Rusia contra Ucrania, el demócrata Joe Biden ocupaba el sillón presidencial en la Casa Blanca. Junto con Europa, EE. UU. era un socio confiable y apoyaba a Ucrania a nivel financiero, con experiencia militar y, sobre todo, con el envío de armas a gran escala.
La situación cambió durante el segundo mandato de Trump. En 2025, el presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, recibió una acogida más que desagradable durante una visita a la Casa Blanca. Hoy, Trump admite abiertamente que se entiende mejor con el presidente ruso, Vladimir Putin, que con Zelenski.
EE. UU. suspendió las sanciones contra Rusia y redujo la ayuda financiera y militar para Ucrania. Si los demócratas obtuvieran la mayoría en ambas cámaras, podrían incluir en su agenda el refuerzo de la ayuda a Ucrania.
"Los demócratas critican a Trump por no hacer lo suficiente por Ucrania", dice a DW Brandon Conradis, periodista que trabajó en este medio y hoy es redactor en Bloomberg Government. "Podrían abogar por la ampliación del apoyo".
Si Trump ejerce su veto, todo dependerá de la correlación de fuerzas en el Congreso. No obstante, no se puede descartar que se logre una mayoría de dos tercios para anularlo, con la ayuda de algunos republicanos.
Trump comenzó, junto con Israel, la guerra contra Irán el 28 de febrero sin coordinar la decisión con el Congreso. Según la Constitución de EE. UU., el Congreso debe aprobar que EE. UU. le declare la guerra a otro país. Los demócratas han votado repetidamente en contra de ella, e incluso, junto con otros republicanos, han emitido una resolución para poner fin a las acciones bélicas, algo que el Gobierno de Trump ha ignorado.
"No creo que el Congreso tenga mucho poder en este asunto", dice a DW Michael O'Hanlon, director de investigación en el área de política exterior del think tank Brookings Institution. "[El Congreso], sin embargo, tal vez podría evitar una escalada grave denegando la financiación para la misma".
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El respaldo de EE. UU. a la ayuda internacional, por ejemplo, a la lucha contra el ébola, el sida o el hambre, fue fuertemente reducido por el presidente Trump luego al inicio de su segundo mandato. Entre otros, ordenó cerrar USAID, el organismo responsable de la cooperación al desarrollo en todo el mundo. Está por verse si un Congreso mayoritariamente demócrata podría "reactivar" ese organismo contra la voluntad del presidente. Pero el Congreso podría impulsar ayudas financieras más elevadas e investigar el controvertido cierre de USAID.
"Los demócratas podrían usar también su facultad de supervisión […] para examinar con lupa el cierre de USAID", comenta Conradis. "Se celebrarían audiencias y los demócratas citarían ante el Congreso a los funcionarios responsables de dicho cierre".
En última instancia, EE. UU. sigue siendo un país con un presidente republicano. No se producirá un giro radical. "No es que todo vaya a cambiar si los demócratas asumen el control del Congreso", afirma Conradis. "Pero sí cambiarían algunas cosas, ya que la correlación de fuerzas sería muy distinta a la anterior".
Fuente: Deutsche Welle
