Fue otra elección de infarto en una América Latina polarizada y bañada por una ola de derecha. El presidente de izquierda de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, del Partido de los Trabajadores (PT), consiguió imponerse en segunda vuelta, por más de 3,5 puntos porcentuales, al senador de ultraderecha Flávio Bolsonaro, del Partido Liberal (PL), que le había sacado casi dos puntos en la votación inicial.
"Es histórico", insiste a DW la politóloga argentina Mariana Llanos, del Instituto GIGA de Estudios Latinoamericanos de Hamburgo. Por primera vez en la era democrática de Brasil, el perdedor de la primera vuelta remonta, recuerda la también profesora de Instituciones democráticas en el Sur global en la Universidad de Erfurt.
En su opinión, la campaña de Lula para el balotaje, su replanteo y conexión con los más jóvenes en las calles y las redes sociales, puede servir de "inspiración" regional e internacional sobre lo que la sociedad aún necesita que la política le ofrezca en términos de comunicación, políticas públicas o agenda ambiental, además de resolver sus problemas de inseguridad.
"Cinco millones de personas más acudieron a las urnas, y Lula obtuvo diez millones de votos más que en la ronda anterior", resaltó en un comunicado Regina Reinart, experta en Brasil de Misereor, organización de la Iglesia católica alemana para la cooperación al desarrollo.
En una región donde se han impuesto las llamadas "nuevas derechas", con "enfoques antisistema" opuestos al orden democrático constitucional y alineadas con la doctrina Donroe del Estados Unidos de Donald Trump, tanto Trump como Flávio Bolsonaro ya han puesto en duda el desenlace electoral brasileño. Bolsonaro anunció incluso su intención de impugnarlo, aunque Lula remontó con unos "contundentes" más de cuatro millones de votos de ventaja, alertan los expertos consultados por DW.
Más allá de la protesta de Trump o Bolsonaro, la victoria de Lula ha sido reconocida por la mayoría de los líderes políticos regionales, independientemente de su color político. Con la silenciosa excepción de Javier Milei, en Argentina, y Nayib Bukele, en El Salvador. Y "genera un contrapeso a los gobiernos de derecha ya instalados, con implicaciones no sólo regionales sino también extraregionales", resume a DW la abogada y politóloga boliviana Ana Soliz de Stange, investigadora de la Universidad de las Fuerzas Armadas alemanas.
"Para Estados Unidos es una derrota", comenta Soliz de Stange. Según la experta, América Latina ha estado girando hacia la "securitización", con promesas de mano dura frente a la inseguridad. Pero Brasil ―su principal economía, y el país con más población y territorio― dificulta la institucionalización regional de esta tendencia. Así que no se abre espacio, en este sentido, sino para iniciativas "incompletas" de integración subregional de las que Brasil no forma parte, como el proyecto Escudo de las Américas de Donald Trump.
La reelección de Lula dificulta también potenciales inversiones en Brasil en sectores estratégicos de interés de Estados Unidos, como el de tierras raras, observa Soliz de Stange. Esto no significa que no vaya a haber inversiones, pues el actual Gobierno brasilero mantiene una relación conflictiva pero pragmática con Estados Unidos. "Pero no se darán con la libertad que podría haberles dado un Gobierno de derecha", acota.
Además, la reelección de Lula ofrece mayor margen a las relaciones de comercio e inversión con China, así como a iniciativas multilaterales con Europa, como el ya en vigor pero aún problemático acuerdo UE-Mercosur, coinciden expertos.
Para China, un socio comercial clave de Brasil y buena parte de Latinoamérica, "es una victoria", opina Soliz de Stange, especialista en relaciones internacionales. Según ella, pese a la presión estadounidense por limitar la presencia regional del gigante asiático, la más importante economía latinoamericana se mantendrá también "pragmática" en este sentido.
En el plano extrarregional, agrega la experta, "Brasil tendrá la oportunidad de mantenerse activo en foros internacionales como los BRICS", el concilio de economías emergentes del que es fundador y líder.
"Moderación, previsibilidad, continuidad", son palabras clave en lo que el mundo puede esperar de un cuarto mandato de Lula, valora Mariana Llanos, del GIGA. "Aprecio por el orden multilateral, la soberanía y la defensa de la democracia", dijo en una reciente entrevista a DW el experto en economía política y del desarrollo Samuel Siewers, investigador brasileño del GIGA.
En su posición frente a Europa, sin embargo, Brasil se mantiene, con Lula, como "una voz crítica a la política europea frente a la guerra en Ucrania", evalúa Soliz de Stange, de la Universidad de las Fuerzas Armadas alemanas. Por lo tanto, advierte, "el resultado de las elecciones en Brasil es también un triunfo para Putin, que busca aliados frente a su guerra en Ucrania".
Para Claudia Fix, directora de la oficina de diálogo y enlace de Misereor en Brasil, todo lo anterior debe leerse con un matiz importante: pese a la victoria de Lula, y tras las elecciones legislativas y locales simultáneas, el país vive un claro giro a la derecha. "El presidente reelecto se enfrentará a un Congreso más conservador y de extrema derecha que nunca en la historia de Brasil desde el retorno a la democracia". Además, tendrá que negociar para sostener sus logros y contará con un margen de maniobra muy limitado para impulsar nuevas iniciativas.
A mediano y largo plazo, para el PT y la izquierda brasilera se dibuja un reto mayor, reconoce también Llanos, la politóloga del GIGA: el relevo de su longevo líder fundador, que asumirá este cuarto mandato a los 81 años.
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Fuente: Deutsche Welle

